Mujeres al volante por MOTOR siglo 21

Ayer mismo, Bernie Ecclestone, el gran capo de la Fórmula 1, dijo públicamente que las mujeres no pueden ser tomadas en serio en las competiciones automovilísticas porque no son físicamente capaces de conducir un coche a gran velocidad. En su opinión, el sexo femenino no es apto para la conducción deportiva.
Quizá Ecclestone no ha oído hablar de Danica Patrick, Pippa Mann o Janet Guthrie, que llevan años compitiendo en el circuito de Indianápolis. Todas son pilotos profesionales de éxito.
Como soy mujer y además me encanta conducir, este comentario me ha hecho preguntarme qué clase de estereotipos tienen los otros conductores acerca de las mujeres que conducen, así que he buscado en internet para comprobar lo que hay escrito al respecto.
Curiosamente, lo primero que he encontrado han sido algunos estudios elaborados por compañías de seguros donde se afirma que las mujeres sufren menor número de accidentes que los hombres y es más barato asegurarlas. Aparentemente, tendemos a asumir menos riesgos innecesarios y eso se nota. ¡Espero que lo repercutan en el precio de mi póliza!
Lo malo es que también me he topado con muchos chistes sexistas que defienden ideas sin fundamento, tales como que las chicas no prestamos atención a lo que nos rodea cuando vamos al volante o que carecemos de las habilidades necesarias para aparcar, etc… Pufff!
A continuación encuentro un artículo que analiza los orígenes de la circulación automovilística en Estados Unidos y descubro que a principios del siglo XX los coches eran patrimonio exclusivo de los hombres. En aquella época, los automóviles arrancaban girando una manivela a base de fuerza bruta, los pasajeros viajaban sentados a la intemperie y a menudo los motores fallaban. Conducir un coche era una experiencia sucia que exigía adquirir conocimientos de mecánica. Según continúa el artículo, conducir era algo inapropiado para las mujeres “dada su debilidad natural y amor por la limpieza”.
Sin embargo, durante la Primera Guerra Mundial, miles de hombres se incorporaron a filas y sus esposas tuvieron que asumir la responsabilidad de seguir manteniendo en funcionamiento las fábricas, las oficinas e incluso sus propios hogares, en ausencia de sus compañeros masculinos, obligándolas a aprender a manejar vehículos a motor y a atreverse a viajar con ellos largas distancias, mucho más de lo que se les había permitido hacer antes de la guerra. Esta experiencia reveló que las mujeres no eran tan débiles ni tan frágiles como se les había hecho creer.
Cuando los hombres regresaron, trataron de recuperar su anterior posición de privilegio y en muchos aspectos lo lograron. Pero ya no pudieron alejar a las mujeres de los automóviles. Habíamos descubierto la libertad que nos otorgan y no estábamos dispuestas a renunciar a ella.
Isabel Tallón – MOTOR siglo21
www.motorsiglo21.com

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