«Nada más impresionante que saltar de un avión en una batalla»

Cuentan que un paracaidista mortalmente herido de bala dijo antes de morir: “Y pensar que me daba miedo que no se me abriera el paracaídas…”. Este toque sarcástico de la realidad viene a cuento de la atragantona del paracaidista mostoleño Luis Fernando Pozo en el Desfile de las Fuerzas Armadas por el Día de la Fiesta Nacional. Se lanzó desde un avión en presencia de miles de personas, con una enorme bandera española que desplegó en el aire; todo el mundo estaban pendiente, en directo y por televisión; las autoridades esperaban el aterrizaje para izar la bandera y entonces el cabo primero Pozo se quedó enganchado en una farola.

“No hay nada más impresionante que saltar de un avión en una batalla; no puedes devolver el fuego, y parece que te dispare a ti personalmente todo el ejército enemigo”, cuenta el historiador Antony Beevor, autor de Arnhem, la batalla por los puentes, 1944 (Crítica). O que te apunten miles de personas con sus móviles y te hagan popular a tu pesar. Lo importante en una batalla: el mostoleño de la Bripac consiguió desatarse, bajar de la farola y que todo siguiera su curso. 

Dos cuestiones más: la incomprensión del peligro que tenemos los espectadores en las exhibiciones, y el carácter de quien se la juega. Hay una película estupenda de John Frankenheimer, The Gipsy Moths (aquí traducida como Los Temerarios del Aire) donde se vive la soledad y el miedo de los profesionales de unos paracaidistas que malviven entre el cielo y el infierno haciendo acrobacias para unos pocos espectadores que luego seguirán a lo suyo: una cañita, un paseo al sol… La vida. 

El cáracter: los pensamientos rectos cuando uno desciende en un paracaídas a 1.000 metros del suelo, y cuando uno es protagonista por enredarse en una farola justo antes de tocar el suelo. Los 600 saltos que ha hecho en su vida el cabo primero Pozo son suficientes como para tratar con las circunstancias de la vida de otra manera, especialmente cuando son adversas. Carácter, sí, eso que se elige cada vez que se afronta una situación difícil, que te hace mantenerte firme y tomar decisiones. Humildad, y a por la siguiente, que la debilidad es territorio de arrogantes. 

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