Necesitamos más “conspiradores” y menos “avestruces”

En estos tiempos cortoplacistas, para muchos el futuro es la punta de su nariz en el espejo: total, es lo más lejos que han mirado nunca. Son “avestruces”: sufren los cambios como una tormenta, ¡que pase cuanto antes! Yo prefiero a los “conspiradores”, que al menos tratan de provocar los cambios que desean. Pensé en ello al escuchar ayer monologar de eutanasia en el Congreso y ver en Móstoles a dos concejales que han cambiado de filas… Hay más actitudes: «bomberos», «aseguradores»… Mira a ver la tuya.

En España anticipamos poco y mal. Y cuestiones insignificantes se convierten en urgentes, como ese mancha sospechosa que, por descuido, solo ves cuando es cáncer y acogota. Pensé en ello al ver dos cuestiones. Una nacional: los monólogos cruzados sobre la eutanasia en el Congreso. Y otra local: los movimientos en la política en Móstoles (dos concejales que dejan Ciudadanos y pasan a ser “no adscritos”) y en Arroyomolinos (PP gobierna ahora con Ciudadanos y una concejal de un partido independiente y expulsada del partido por decidirse a entrar en el gobierno).

Frente al futuro podemos elegir cuatro actitudes:

La actitud del “avestruz” que sufre el cambio. —Uy pues los que yo creí que pensaban como yo ya no piensan como yo. Pero bueno, voy a esperar a ver si en cuatro años mejoran las cosas… —No ocurrirá.

La actitud del “bombero” que se encarga de combatir los fuegos. —Y cuando el bosque que se queme sea el mío -por ejemplo ese hermano en coma que sufre encarnizamiento terapéutico-, pues entonces ya pensaré en la eutanasia y ver qué pasaría si…—. O —Si es de los míos es “no adscrito” y tiene sus razones; si es de los otros, es un tránsfuga tamaño copa-de-pino; si soy yo el que cambio de siglas o aliados, es por renovación; si son los otros, es que son unos vendidos…

La actitud del “asegurador” que se prepara para los cambios previsibles porque sabe que reparar es más caro que prevenir. Yo quiero siempre a gente así a mi lado, aun sabiendo que el previsor suele mirar a cambios muy muy previsibles, y los cambios descabellados se los pierde porque elige no arriesgar.

Y la actitud que prefiero: el “conspirador” proactivo, que trata de propiciar los cambios que desea. ¿Eutanasia? Por fin. Debimos aprobarla antes, por una cuestión de libertad, valor primordial. Y bien regulada, para que los médicos que lo decidan puedan optar por su conciencia y que se ocupe otro miembro del equipo.

Lo decíamos hace unos días: hay cosas que no se hacen mal, pero que tampoco se hacen todo lo bien que se podría. Y en esas el futuro nos pinta la cara. Si los gobernantes de cualquier ciudad o de la comunidad están pendientes de la aritmética para aprobar las cuentas, por ejemplo, la ciudad perderá el mañana. De ahí que algunas reglas de juego tengan que cambiar.

Urge ver lejos, ver largo y con profundidad. Mejor con conspiradores, que con avestruces. Y tener muy muy alejados a los de una quinta actitud, que veo en Móstoles al menos: la de esas personas que prenden fuego a su propia casa, dejan que se quemen los suyos, y contemplan el incendio desde fuera, como si no fuera con ellas y con la esperanza de cobrar el seguro de las cenizas. Actitud de “cobardes”.

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