Ni cracks ni cavernícolas: Agrolab

Ser joven y decir “soy agricultor” en la discoteca de un pueblo, era el camino hacia un ahí-te-quedas-cavernícola. Decir ”Soy agricultor” en la ciudad suponía ingresar en la categoría de crack. Este descubrimiento de los técnicos de la Comunidad de Madrid fue la señal que generó Agrolab, el Laboratorio de Agricultura Abierta, que se propone relacionar innovación, personas y campo. Acaba de abrir sede en Móstoles, en el vivero de El Soto. Con 24 parcelas individuales, gratuitas. Quedan algunas parcelas, por si te animas…

—Haciendo un estudio de por qué la gente joven no se incorporaba a la agricultura, supimos que cuando los jóvenes en los pueblos iban a las discotecas, si decían que eran agricultores, no ligaban. Aquello se nos quedó en el corazón (…) mientras en las ciudades, los jóvenes eran cracks si decían que eran agricultores— dijo hoy Alejandro Benito, responsable del proyecto Agrolab.

De las observaciones sobre el terreno salió una propuesta: espacios de investigación, acción y participación. Quedaba buscar lugares y públicos concretos.
—Buscábamos un término municipal paradigmático, con paro juvenil, con agricultura en retirada y donde crear un espacio para que la gente aterrizara lentamente en la agricultura —contó.

Primero fue Perales de Tajuña, en 2015. Luego El Escorial. Y ahora Móstoles, en el vivero del parque de El Soto. Hay 24 parcelas individuales de unos 50 metros cuadrados y una colectiva de 200 metros cuadrados, que usará Punto Omega. De momento hay 15 espacios asignados, a través de una convocatoria oficial con la que Móstoles buscaba gente menor de 40 años, en riesgo de exclusión social, renta mínima, y algo de experiencia en asuntos agrícolas.

Como la demanda ha sido menor que la oferta, en Móstoles han admitido a gente de otros perfiles y aun así quedan espacios disponibles. El concejal de Transición Ecológica, Álex Martín, dijo que es mucho más que una huerta.
—Es un proyecto colectivo, donde los participantes podrán experimentar, formarse y hacer una pequeña comunidad.

Funciona con cesión gratuita por un año y material básico. Y el compromiso de los adjudicatarios de mantener el terreno, dedicarle al menos 5 horas semanales al trabajo, y participar en talleres formativos, a los que también está invitado el resto de la población.

—Es una apuesta —dijo el gerente del Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA), Sergio López—. Aunque supone menos del 1 por ciento del Producto Interior Bruto de la Comunidad de Madrid, el campo es un sector estratégico. En Fuenlabrada queda mucho campo, en Móstoles, menos pero hay… y la gente del campo es honrada, humilde, trabajadora, responsable, muy buena gente y hay que apoyarla, cuidarla, mimarla.

—Es un proyecto muy bonito. La gente que trabaja está muy contenta. Casi que la agricultura queda en segundo plano. Es un proyecto de juntar personas y tener ideas; todas las propuestas e ideas serán bien recibidas. Toda la documentación que hay en Agrolab es para toda la sociedad. Es un proyecto único en el mundo. Cada Agrolab es distinto —dijo el responsable.

Por cierto, que buscando imágenes de los Agrolab en marcha, he visto que es el nombre de unos laboratorios ambientales con la matriz en Alemania y sede en varios países, incluido España.

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