Niños con altas capacidades: más tristeza que dieces

A muchos niños con altas capacidades se les va la autoestima por el desagüe, porque el sistema educativo no se entera. Lo advierten desde la flamante Asociación de Altas Capacidades y Talentos en Arroyomolinos y crujen los tópicos: tener un cociente intelectual por encima de la media no te convierte en Einstein de fábrica.

Cuando supe -por una visita de la alcaldesa de Arroyomolinos, Ana Millán- que había una Asociación de Altas Capacidades y Talentos en la ciudad, iba a echar mano de lo más brillante: niños como Gregory Smith que a los 2 ya sabía leer, que en un año pasó de segundo a octavo de primaria, que a los 10 accedió a la universidad y a los 13 ya era matemático. ¿Qué problemas pueden tener chicos así?

Pero entonces hablé con la presidenta de la organización, Lidia Muñoz, y vi el asunto con una luz diferente. Lo vivido en su propia piel, por ejemplo: al pasar de infantil a primaria su hijo tuvo un año “muy malo”. Ya no estaba tan arropado como en el ciclo de los pequeños y el niño se encontró aislado. Como no le gustaba lo que se hacía en el recreo, leía libros y se encontraba cada vez más solo, visto “como un friki”, lloraba para no ir, volvía malhumorado, sufría dolores de cabeza y tuvo un principio de depresión.

La llevaron entonces a una psicóloga privada y nos planteó si habíamos pensado en que tuviera altas capacidades.

—Es verdad que un hermano de mi marido tiene dictaminadas altas capacidades pero no lo habíamos pensado. Consultamos con los profesores, y nos dijeron que aprendía rápido pero que no era eso, que lo que tenía eran problemas emocionales—.

No se resignaron, le llevaron a hacerle una evaluación a un centro privado y voilà: cociente intelectual por encima de la media.
—Nos explicaron cómo les funciona el cerebro, el pensamiento arbóreo y no sabíamos que hacer… En el colegio no saca dieces, se aburre, él prefiere la tecnología, la programación, los videojuegos, los lego… y no encaja. En clase se tiene que estar quieto durante horas, adaptarse a un sistema rígido…

Con la evaluación y la insistencia han conseguido que en el centro escolar público sean más receptivos. Y además el niño ya no está solo en el recreo: se junta ¡con otros niños con altas capacidades! Porque resulta que había más, pero no estaban evaluados.


En el Ayuntamiento una psicóloga les animó a constituirse como asociación. Y lo han hecho: para que padres y madres se junten, hablen, compartan los avances -y los topes-, y consigan que los colegios se pongan al día.

En el proyecto le acompaña desde el principio otra madre afectada, Pilar, que tiene también un hijo con altas capacidades, un niño hoy en tercero de primaria y que en las clases prefiere evadirse, en vez de participar. Sueñan con que se abran aulas de enriquecimiento, como ya existen en comunidades como Andalucía, Murcia o Galicia, donde hay programas especiales. Aquí hay algún aula así en Villaviciosa, por ejemplo.

Yo no lo veo, a mí no me lo parece

Es la respuesta-mazazo que a veces reciben los padres, en lugar de Vamos a evaluarlos, es verdad que no sacan todo dieces, pero también es cierto que no disfrutan en clase como otros. Así que si tienes un hijo y te pasa algo parecido, ya sabes…

Una niña con altas capacidades no suele querer salir con chicas de su edad “porque son muy crías”. Un niño con altas capacidades a los 5 años lee y escribe perfectamente y hace todas las operaciones aritméticas.
—Si le pones a la eme con la a es ma se aburre—.

Las madres y padres no entienden que haya aulas inclusivas solo para niños que se quedan algún paso por detrás. Porque la consecuencia no es anecdótica.
—Hay gente que está medicando a sus niños porque creen que son TDH y no lo son. Y otros que les llevan al médico por el dolor de estómago constante, y en realidad es por los nervios de la situación—.

La asociación servirá para limar incomprensiones. Que esos niños no juegan a pelear no por capricho sino porque perciben las cosas de otra manera. Lidia y Pilar ofrecen la asociación para dudas emocionales, normativas, para lo que sea.
—En los colegios hay reticencias: se prioriza a los que tienen déficit y las altas capacidades están olvidadas: pero si van bien, pero si al final sacan los estudios adelante—.

Pero lo que ocurre a la larga es mucho más sombrío: dos de cada tres niños superdotados fracasan en secundaria y muchos ni llegan a la universidad.
—No terminan de estudiar o se pasan a la formación profesional. Porque no se consideran inteligentes a la manera de Einstein, y suelen ser muy autoexigentes, y hay muchas expectativas y tienen problemas de autoestima.

Con lo buenos que podrían ser para estos tiempos líquidos que vivimos, en los que el cambio es la nueva normalidad. Su pensamiento divergente les impulsa a encontrar soluciones diferentes. Las que necesitamos.

Asociación de Altas Capacidades y Talentos Arroyomolinos
Correo: altascapacidades.arroyomolinos@gmail.com
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