O cambias o te cambian

Estás a un puñado de hábitos de ser lo que lo que deseas, de hacer lo que quieras y de tener lo que te dé la gana. Si le pones la determinación de un sicario, terminarás al fin las cosas. Si crees en ti como un conquistador magno, conseguirás los aplausos en lugar de las críticas de esa claque funesta que te roba las ganas. Con la atención plena del monje dejarás de despistarte con la penúltima novedad. Verás que puedes rendirte para volver y ganar, que es magnífico aceptar la vida como viene, y que con hambre de sietemesino no hay desafío imposible.

Te darás cuenta de que entre tú y un dios solo hay un hábito: jugarse el cuello, que con la piel no basta. Que la heroicidad no se alimenta de titulares y homenajes. Que automatizar la sensatez te puede propulsar al infinito. Que la jauría no sabe adónde va y que a lo peor es hora de dar esquinazo al rebaño.

Cambiar no es para todos. De ti depende formar parte de la minoría de resistentes. Resistentes porque, solo si eres capaz de cambiar, tendrás las agallas para resistir y quedarte con lo que hasta hace un suspiro considerabas irrespirable.

Quizás te falta ventilarte por dentro. Pues eso: a ventilar se ha dicho este verano. Unos minutos cada día, que si no entrará mierda. O cambias o te cambian.

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