Objetos en el salpicadero y otros hábitos letales en el coche

El salpicadero va atestado durante los trayectos cortos en la mayoría de los coches: la tablet, las llaves de todo, una botella de agua, la mochila con las cosas de los críos… Pues se convierten en proyectiles en un choque a solo 56 kilómetros por hora. Es muy peligroso también recostar el asiento, quitarse la banda diagonal del cinturón de seguridad, poner los pies en el salpicadero… Un estudio del RACE avisa de los hábitos letales en el coche.

Es uno de los errores más comunes entre los trayectos en vehículos: dejar objetos sueltos en el interior del automóvil. Circulando a poco menos de 60 kilómetros por hora, el peso de los artilugios sueltos se multiplicará por 56, lo que hará que una simple tablet engorde de súbito en caso de colisión. O que un maletín con el portátil dentro se ponga en los 110 kilos, de golpe.

Lo dice un estudio de RACE y Goodyear, a partir de pruebas de choque basadas en hábitos de los viajeros. Entre los errores más habituales figura el respaldo del asiento recostado, para ir más cómodo o directamente dormir. La consecuencia es el “efecto submarino”: el cuerpo se desliza por debajo de la banda abdominal del cinturón y los daños pueden ser graves en el abdomen, por la retención de las partes blandas. También es arriesgado llevar las rodillas pegadas al salpicadero también: un golpe terminaría en fractura de la cabeza del fémur y la femoral seccionada.

Hay quienes prescinden de la banda diagonal del cinturón, sobre todo gente gruesa o atrás los niños que van quejándose. Pues las lesiones lumbares, abdominales y faciales están aseguradas. También por los pies en el salpicadero: un 5 por ciento admite que alguna vez ha ido con los pies ahí subidos. Los daños en las piernas y las articulaciones pueden ser gravísimos si se activa el airbag, además de la eficacia menor del cinturón de seguridad.

No faltan los que se aflojan precisamente el cinturón y, en caso de golpe, el cuerpo se desplaza hacia delante más de 25 centímetros, lo que puede terminar con los dientes en el asiento delantero, en el salpicadero, o en el volante, si quien lo hace es el conductor, que los hay. Y el peligro total es el de quienes prescinden del cinturón de seguridad por completo, un 7 por ciento todavía pese a las advertencias: saldrán despedidos del vehículo o chocarán con elementos del habitáculo, en caso de accidente. RACE y Goodyear hablan de que se triplica la posibilidad de muerte y aumenta en un 1.300 por ciento el riesgo de lesión medular.

Con todo lo dicho, los autores del estudio hicieron una prueba de choque: el conductor con un cinturón de seguridad holgado, el copiloto con el respaldo recostado y las piernas en el salpicadero, el pasajero trasero izquierdo sin cinturón de seguridad y con un bebé en brazos. Impacto frontal a 56 kilómetros por hora. Resultados: letales. El conductor fallece por las dos toneladas en que se convierte el ocupante trasero.

Para el copiloto, el choque fue mortal también por la compresión del tórax; las piernas rompen la luna delantera. Y para el ocupante trasero la cosa termina con el bebé aplastado contra el asiento, vuelo del adulto contra el techo y caída sobre el bebé. Consecuencias fatales.

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