Pase lo que pase

Tu actitud la decides tú. No esperes a que otros te motiven, como hace la mayoría. Las circunstancias están ahí pero no son las culpables de cómo afrontas la vida. Da igual lo que pasó ayer y anteayer: tú decides cómo te lo tomas y qué haces con lo que te pasa. No son las cosas las que nos perturban: es nuestra opinión sobre las cosas la que nos hace seguir adelante o no seguir. El gran psiquiatra Victor Frankl, superviviente de los campos de concentración nazi, decía que la última de nuestras libertades es decidir nuestra actitud ante cualquier circunstancia.

Por eso la actitud es la norma para la felicidad y el éxito. No es la aptitud. Y la actitud con ce se nota hasta en tu círculo: si tu actitud es pobre, no esperarás estás rodeado de optimistas. Atraemos a la gente como nosotros, no a la gente que nos interesa. Demos entusiasmo a los nuestros y será el mejor legado.
Por cierto que mantener una buena actitud es
más fácil que recuperarla: la autocompasión es una devoradora insaciable. ¿En qué piensas cada día? ¿Cómo es esa vocecita o vocecillas interiores que te dan la matraca cuando estás solo? ¿Piensas en el fracaso, cuando afrontas una nueva experiencia, o en el éxito? Cuando te reúnes con personas, ¿tienes la impresión de que te decepcionarán?

Pon mensajes positivos en tu vida. Si cambias la actitud mental cambiarás tu vida. Pase lo que pase.

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