Poder, inteligencia y amor

Cuentan que Benjamin Franklin se sometía a revisión todas las noches. Así descubrió que tenía 13 defectos graves. Ahí van algunos: perdía tiempo, se ocupaba de pequeñeces, y discutía y contradecía a otras personas. Benjamin, listísimo y dispuesto, comprendió que, si no eliminaba esas desventajas, no llegaría lejos. Se puso a ello. Luchó con toda la fuerza. Durante una semana. Y otra, y otra. Se puso los guantes y, con el la campana, salió de su rincón de combate y boxeó contra sus malos hábitos. Así estuvo sin respiro durante dos años largos. Y progresó, claro. Le alcanzó para ser uno de los hombres más influyentes y queridos. Poder.

Dicen que todo individuo es un perfecto estúpido al menos cinco minutos por día. La sabiduría consiste en no pasarse de ese límite (Elbert Hubbard). El humano canijo y reactivo se enfurece por nada. El juicioso y sereno procura aprender de quienes lo censuran y lo acribillan a reproches. El poetísimo Walt Whitman lo dijo para la posteridad: “¿Habéis aprendido únicamente de los que os han admirado, han sido cariñosos con vosotros y han estado a vuestro lado? ¿No habéis aprendido mucho de los que os han rechazado, de los que han luchado con vosotros y de los que os han disputado la acera?”. Inteligencia.

Con afecto, con amor: seamos nuestros críticos más atinados. Charles Darwin pasó 15 años poniendo en tela de juicio sus propios argumentos y revisando sus conclusiones, porque sabía que su libro inmortal, El origen de las especies, chocaría con la galaxia religiosa y la galaxia intelectual, y había que evitar que lo criticaran con razón. Ahí dio la medida, como siempre, el inigualable Lincoln. Un día le contaron que su secretario de guerra le había llamado “estúpido”, porque se había metido en sus asuntos. “Si Stanton (así se llamaba) ha dicho que soy un estúpido, debo serlo, porque casi siempre tiene razón. Voy a estudiar el asunto y verlo por mi cuenta”. Lo miró y anuló la orden que había dado y de la que venía el calificativo. El presidente aceptaba las críticas cuando veía que eran sinceras, apoyadas en el conocimiento y lanzadas con espíritu de colaboración. Poder, inteligencia y amor.

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