Pon las cosas del revés

Un joven con intenciones suicidas salta al Danubio con el propósito de ahogarse. Y en Austria, como en cualquier otra parte, la gente grita al ver a un tipo que se lanza al río para matarse. Con el tumulto se acerca un policía con botazas y un cinturón cargado de munición. Lleva demasiado lastre y no tiene tiempo para despojarse de todo. De modo que, tira de carácter, saca el arma y apunta al suicida al grito de “¡Sal o te mato!”. El joven, de golpe, decidió seguir viviendo. Salió del río… Si hubiera querido morir, no tenía más que… ¡quedarse!

Han pasado muchos años desde ese episodio, pero el mundo sigue tan esquizofrénico como siempre. Einstein insinuaba que hacía falta un nuevo modo de pensar para resolver los problemas producidos por el viejo modo de pensar. Yo prefiero ponerla del revés, y me sirve mejor: necesitamos un viejo modo de pensar para resolver los problemas producidos por el actual modo de pensar.

Es curioso que en este tiempo de verdaderas-noticias-falsas (fake news, dicen los reviejos neomaníacos), nos empeñemos aún en buscarle sentido a todo. La verdad es la mentira de un embustero, dijo alguien con agudeza. Leed la frase otra vez, aunque tengáis prisa para nada. Dadle la vuelta: la mentira es la verdad de un embustero. ¿Entiendéis ahora a tantos personajes de la cosa pública? Quizás hoy mentir sea la única manera de sincerarse. Os deseo un mes de abril sin sentido.

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