Practica la claridad que temen los aprovechados

Urgen maestros de yoga en los puntos candentes de las administraciones públicas. Y yoguis administrando los grupos en las redes sociales y moderando las tertulias televisivas. O enfermaremos con tanta pasión inútil, con tanto apego sin motivo. El Centro que importa no es el ectoplasma del que se acuerdan los políticos cuando hay elecciones. El Centro que importa está en el interior de cada uno de nosotros: y de nada sirve tener a ese testigo interior sufriendo pensamientos automáticos: no va a ser posible, me tocará a mí, no hay derecho, una cosa lleva a la otra…

¿Cómo? Bueno, el desapasionamiento se practica. En meditación se llama desapego. Se relajan las tensiones, incluidas las mentales. Se consigue dejando de pensar en el resultado de cada cosa que hacemos. Y entonces ¿nos tiene que dar igual lo que pase? Ni mucho menos: se trata de cumplir con nuestro deber pero sin identificarnos con el resultado, porque, cuando hacemos las cosas pensando en el resultado, lo que hacemos es vivir en el futuro… ¡que no existe!

Cada cosa que leemos, escuchamos o vemos no puede generarnos una pasión punta, como de que el mundo se va a acabar. Deseamos como apasionados de película clásica: quiero que te vayas, quiero que te quedes, te quiero, te odio. Con menos deseo y más reflexión llegará esa claridad que tanto temen quienes se benefician de este revoltijo global en el que casi nadie entiende nada.

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