Preparando la “desescalada” en una escuela infantil: “Te endeudas y no sabes si realmente vas a tener un futuro”

Isabel, maestra de infantil y terapeuta ocupacional, se animó en 2012 a montar la escuela infantil en la que siempre quiso trabajar. La llamó Sueños, la asentó en Móstoles, y con perseverancia, convicción y horas fue creciendo. En este curso tenía más alumnos que nunca, 5 empleadas y la posibilidad de conciliar el negocio con el cuidado de sus hijas de 1 y 5 años y su hijo de 11.

Hasta que apareció el coronavirus y el progreso se detuvo en seco, el 11 de marzo. Desde entonces Isabel ha pasado por mucho.
—Pfff, ¿que cómo estoy? Pues ni lo sé. No quiero ni mirar las cuentas. Estoy a la expectativa de si hay ayudas, porque han dicho que nos van a ayudar desde el Estado para que no cerremos: pero no sabemos ni en qué cuantía, ni cuándo. Ya han cerrado muchas escuelas infantiles —dice Isabel—. Porque aunque las educadoras infantiles y la encargada de la limpieza estén cubiertas por el Erte, sigo teniendo el alquiler, impuestos y otros gastos.

Durante unas semanas le compararon su actividad educativa con la de un gimnasio o una ludoteca, como si fuera un sitio donde guardar a los niños y ya. Aunque luego las escuelas infantiles recibieron el reconocimiento como actividad educativa, entre medias un 60 por ciento de padres y madres dejaron de pagar, y los que siguen pues lo hacen con una cuota acorde a estos tiempos de incertidumbre y miedo.
—La única alternativa de momento es endeudarte. Pero en realidad te endeudas y no sabes si realmente vas a tener un futuro. Con el virus hay gente que se ha quedado en el paro directamente o que están en un Erte y, como la escuela infantil no es una etapa obligatoria pues quien se lo puede ahorrar se lo ahorra —dice.

Ha negociado una moratoria con su casero para pagar menos ahora y ponerse al día más adelante, y tiene la duda de qué pasará cuando abra, en la fase 2 de la «desescalada», en junio.
—En teoría solo podremos admitir a niños cuya madre y cuyo padre estén trabajando, los dos. En mi caso son 4 niños, y no es metafórico, 4. Espero que nos dejen sacar del Erte progresivamente a las trabajadoras, porque si no…

La Escuela Infantil Sueños, que no ha parado ni siquiera en los agostos, está preparando la reapertura con mil incógnitas:
—¿Se mantendrá el número de alumnos por clase el curso próximo? Ahora son 8 niños de 0 a 1 año, 14 niños por grupo de 1-2 años, y 20 para los niños de 2 a 3 años. Si baja la ratio no nos compensará —dice Isabel—. Eso por no hablar de la distancia social: Si se cae un niño, cómo no lo vas a achuchar. Y tendremos que darles de comer y cambiar los pañales. Bueno, trabajaremos con uniformes especiales y nos acostumbraremos.

Isabel quería un autoempleo y libertad para poder atender a sus tres hijos sin estar 12 horas fuera de casa, pero lo que tienen las vocaciones es que los proyectos crecen y Sueños se convirtió en una superescuela con un gran equipo de profesionales, patio interior para mayor protección, cámaras web para que los padres y las madres pudieran ver en directo las actividades de los hijos, y mucho más.
—La enseñanza te tiene que gustar, porque exige un gran sacrificio. Pero también te da mucho, no dejas de aprender.

Isabel va a aguantar. Mucho tendría que enturbiarse el sector para que ella se quedará fuera. Le gusta mucho lo que hace. Es su vida. Se acuerda del principio, “cuando no te conoce nadie ni para bien ni para mal…”.

Las escuelas infantiles reabrirán en la fase 2. De momento estamos en la 0.
—A ver qué pasa.

En el momento en que escribo estas líneas, Isabel me manda la copia de una resolución administrativa de la Comunidad de Madrid.

—Dice textualmente: Por todo ello, la Comunidad de Madrid creará una nueva línea de subvención para las escuelas infantiles con niños matriculados que tenían derecho a los cheques de educación infantil —se ilusiona Isabel—. Parece que vienen al rescate de la educación infantil.

Comentarios

  • Si, sobretodo esta escuela, cuyo personal dia a dia trabaja para sacarla adelante.
    No como la dirección, mucho quejarse pero poco trabajar.
    Una pena porque esa escuela tiene un gran potencial.

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