“Preparar a mi hijo fue más duro que la amputación”

Lo más duro fue preparar a su hijo de 6 años para que la viera sin el brazo izquierdo.
—Mamá ya no va a poder hacer algunas cosas, pero al menos mamá ya no va a tener tantos dolores —le dijo. Como cuando el marido se marchó de casa unos meses antes, que hay personas que solo quieren cosas fáciles. Estela trabaja y sonríe mucho y ha desarrollado un sentido extra para lo práctico: —No es fácil hacerse una coleta con una mano…

Estela se llama Estela solo para estas líneas. Vive en el sur de Madrid, pero prefiero no decir su ciudad. Tiene una enfermedad en los huesos desde que nació. Ha sufrido miliuna operaciones. Y al final llegó la temida amputación, cuando su único hijo tenía 6 años.
—Mamá ya no va a ser la misma, ya no va a poder hacer algunas cosas, pero al menos mamá ya no va a tener tantos dolores—, le dijo.

No olvida el momento en que el crío la vio sin brazo por primera vez. El miedo que ella tenía. Y la reacción del niño, maravillosa. No le dio importancia.
—¿Te duele? Te quiero, mami—un beso y como si nada.

Cuánto ha aprendido desde entonces y qué cantidad de descubrimientos a la fuerza…
—Me di cuenta de pronto de que ya no podía hacer algunas cosas que hacía con normalidad: lavarme el pelo, hacerme una coleta, abrocharme el sujetador…

Se ha ido rehaciendo, generando destrezas, poniéndole trucos a la vida. Ella incita:
—No es fácil hacerte la coleta con una mano.

Su madre le ha ayudado mucho. Y su fuerza de voluntad, su deseo de independencia. Estela estudió derecho y trabaja en labores administrativas. Cada día va a Madrid en transporte público y de vuelta se pega una buena caminata, para respirar. Ahora cada semana baja a la peluquería de su barrio, le lavan el pelo y le sirve para unos días.

La persona que me habló de ella la define valiente, lectora y muy lista. Ella le ha recomendado escribir un libro con todas las herramientas caseras que se ha montado para hacerlo todo sola con un brazo y con el menor revuelo posible.

Los imprevistos la cuestan, con todo. Esa prenda que se le atasca y lo retrasa todo. Y eso que tiene un orden casi milimétrico, para evitar sorpresas.
—No sabes lo que es tener la vida programada y de pronto… no poderte abrochar y perder unos minutos y llegar tarde a un sitio —cuenta, con calma, sin victimismo. —Soy manca pero no tonta.

Paga su hipoteca, disfruta de los hijos y sueña con los días de playa. En casa agradece la ayuda municipal, una persona que limpia y plancha lo necesario.

Cada año aquel tipo que salió por piernas viene 15 días a España para ver al niño. Así es la vida. Lo tiene asumido, como el hecho de que quizás un día tenga que preparar al hijo para un mazazo más duro de la enfermedad, como antes le preparó para verla sin el brazo izquierdo. Se hace un silencio corto. Estela sonríe. La vida sigue. Y es preciosa.

***La foto es de recurso, para garantizar el anonimato.

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