“¡Profe, profe, que M. nos quiere cortar con un cristal!”

¿Qué está viviendo un niño de 5 años en su entorno para acudir a clase con un cristal y amenazar a sus compañeros en el baño? Ocurrió en un colegio del sur de Madrid que prefiero no revelar. Pensé en qué habrá sido de él, al saber que cada año 55 millones de niños en Europa sufren maltrato: físico, sexual, psicológico. Lo dice la OMS y lo peor es cómo marca de adulto esa violencia mascada de niño: enfermedad mental, alcohol, obesidad. Por cierto, ¿imagináis la reacción de su padrastro al recibir la llamada del colegio?

—¡Profe, profe, que M nos quiere cortar con un cristal!—.
La docente acudió al baño y se topó con una escena de película carcelaria, inverosímil entre niños de 5 años: M. tenía arrinconado a uno de los compañeros y lo amenazaba a la altura del cuello con un pedazo de cristal cortante.

La profe logró disuadirlo y llamó a la madre. Le contó la situación.
—Ay… no entiendo qué ha podido pasar. Yo hablo con él— dijo.

No fue la última vez que M. llevó un cristal a clase. Y con el pasar del tiempo hubo otro episodio: aquella vez se llevó al colegio una cadena gruesa y tenía amenazado a otro compañero por el cuello, en el baño también. Cuando le quitaron la cadena, el niño destrozó las gomas de borrar de todos los compañeros utilizando el lápiz como si fuera un punzón.

La profesora le dijo a la madre que tenían que reponer el material de todos. Al día siguiente acudió el padrastro y lanzó las gomas nuevas a la cara de la profesora. Las amenazas fueron de tal calibre que la policía tuvo que acompañar a la maestra a la entrada y a la salida del colegio durante días. Hoy lo recuerda como uno de los peores momentos en el ejercicio de su profesión. El niño dejó el centro poco después.

Traigo este caso real para ilustrar un dato que espeluzna: unos 55 millones de niños sufren maltrato en Europa cada año. Violencia física, sexual, psicológica. El abuso emocional es el más numeroso. Luego está el maltrato físico y por último el abuso sexual. Y hay unos 700 menores que mueren cada año.

Lo cuenta la Organización Mundial de la Salud y advierte de que las víctimas de la violencia “corren un mayor riesgo de sufrir enfermedades mentales, consumir drogas y alcohol, y padecer obesidad en el futuro, y afecciones crónicas”.

—El trauma infantil tiene un costo terrible para los niños y para los adultos en los que se convierten y cuyas vidas destroza. Y también para el bienestar general y la economía de todos los países. Con voluntad política podemos hacer frente a esta situación—, dice la doctora Bente Mikkelson, directora de Enfermedades no Transmisibles y Promoción de la Salud de la OMS en Europa.

Es una cuestión continental, nacional, regional y local.
—Cada parte de la comunidad puede marcar la diferencia para hacer que la sociedad sea más segura para los niños. Pero tenemos que acelerar—.

La OMS tiene un programa que se llama Inspire, para prevenir y tratar la violencia en los niños. En siete campos: aplicación de la ley, generación de valores, creación de entornos seguros, apoyo a los padres y cuidadores, aumento de los ingresos, servicios de respuesta y apoyo, y la inversión en educación y formación.

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