Profesionales: Los chicos ya no quieren ser porteros

Urge un nuevo Íker Casillas, un chaval de barrio que pase de remolonear con los del insti a jugar Champions. Porque los chicos ya no quieren ser porteros. Estar ahí parados esperando que otros niños con un entrenador desalmado te metan 30 goles.

Yo a los niños les cuento la historia de Lev Yashlin, el mejor portero de todos los tiempos. Se dio cuenta un día de que los colores oscuros eran más difíciles de detectar en movimiento y se vistió de negro para jugar. Quedó para la posteridad como “la Araña Negra”. Lev trabajó de niño en una fábrica de hierro, en una ciudad helada entre dos guerras. Una película le descubrió el fútbol y a ese tipo que guardaba la portería.

La peripecia de Lev es la del profesional: que hace continuamente lo que hace bien, y hace menos -o deja de hacer- lo que hace mal. En el libro “Valores de Oro”, para niños -y adultos-, incitan a los críos a “entrenar para soñar” y no para comprarte un Ferrari. A Lev, “la Araña Negra”, que murió hace 30 años y aún sigue recibiendo homenajes, lo usan para explicar dos valores: la diligencia y la perspicacia.

La diligencia es la rapidez con que te pones a hacer algo y el cuidado que pones al realizarlo. Es “sacudirse la pereza como un perro el agua”, cuentan Cristina Núñez y Rafael Valcárcel. Lev Yashlin trabajó el hierro como sus padres, pasó la infancia en un piso compartido, jugó al fútbol 22 años en el máximo nivel y remoloneó poco ya desde sus inicios ¡en el hockey sobre hielo!, que en aquella ciudad había más hielo que hierba y el fútbol llegaría más tarde.

La otra cualidad que viene muy bien a estos tiempos neblinosos es la perspicacia. A los niños les cuento que es como una linterna: “Ilumina la tarea hasta que las ves al detalle y las comprendes”, con palabras de Cecilia. Lev analizó como ser un buen portero, cómo atrapar más veces el balón. Dos claves: ver antes que nadie por dónde le llegaría la pelota… y pasar desapercibido.

Pese a todo lo bueno, los chicos ya no quieren ser porteros. El mío más pequeño quiere ser “¡Bombero!”. Ni el fuego lo disuade. “¡Soy valienteeeeee!”, dice y enfila el pasillo.

“Valores de Oro” está publicado por la editorial Palabras Aladas. Un buen regalo para esta Navidad.

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