Prohibir el smartphone: “No hay móvil, hablad entre vosotros”

La Comunidad de Madrid estudia prohibir el uso del smartphone en las aulas hasta los 15 años. En Francia lo han prohibido ya. El asunto agita debates eternos: ¿Prohibir o educar? ¿Qué hacen en la escuela Waldorf de Silicon Valley? Una clase puede ser exitosa en conexiones neuronales por el uso del móvil y ser un completo desastre ¡por el uso del móvil! Lo mismo pasa en la familia: un meme puede ser un foco de risas analógicas compartidas, o una vía de escape si los comensales no quieren estar juntos.

Imagina un cartel a toda escuela. “No hay móvil, hablad entre vosotros”. Sugerente. La experta en Tecnología Educativa Viviana Araya hace un reflexión estimulante en el blog Toyoutome: “Una clase podrá ser muy exitosa en conexiones neuronales si, mientras el profesor explica, el alumno investiga en Internet, saca fotos del material, graba algún procedimiento, se ubica espacio temporalmente en mapas interactivos, toma apuntes en herramientas como Evernote para luego compartir e intercambiar el material con sus compañeros y entre todos armar un mural con sus conclusiones o debates del tema que se publicarán en el blog del aula o en un documento compartido”.

La misma clase, con las mismas personas, “puede ser un fracaso estrepitoso si, mientras el docente explica, el alumno se dedica a poner al día sus redes sociales”. La experta da en el punto del debate: “Más allá de responder con un sí o un no al uso del móvil en el aula, primero debemos preguntarnos cómo, por qué y para qué lo incorporaríamos a nuestras clases”. Una vez encontradas las respuestas, habrá que planificar la clase para que el smartphone sea parte de “una experiencia educativa, creativa y gratificante para todos los involucrados”.

En las escuelas Waldorf, donde estudian los hijos de los gurúes de la tecnología en los Estados Unidos de América, la vida es analógica: no hay pantallas, ni tablets, ni smartphone. La decoración es austera. Y la creatividad se genera solo con lápiz y papel. “Lo que podrías pintar en la pantalla, lo pintas en un papel”. Por desdramatizar: es verdad que los herederos de Gates y cía. son visionarios de la tecnología pero no son gurúes en cómo educar a los hijos. Quizás en eso hayan sido tan desmayados como el que más.

«Abandonar el control de nuestra vida»

En cierto modo, lo que hacen los managers de la tecnología con sus niños es evitar las distracciones, porque, admitámoslo también los adultos: no es conveniente consultar el móvil cada dos segundos, no es conveniente “abandonar el control de nuestra vida para ver qué ha publicado tal o cual persona en sus redes y alejarnos, en cierta medida de la personas que están a nuestro alrededor; ese es el desafío más importante”, apunta Graciela Bertancud, coordinadora de Tecnologías de la Información y directora de un colegio.

El profesor tiene un papel esencial. En Francia algunos miembros del partido del presidente Macron querían prohibir también el móvil a los docentes en las aulas. Me imagino a padres y madres diciendo lo mismo aquí en España: “¿Sin móvil? ¿Y si mi hijo me necesita?”. Y en venganza: “Pues que tampoco lo use el profe, ni la policía cuando está de servicio, que estoy harta de ver a policías locales en el coche consultando su móvil personal”. Por cierto, en España, hoy cada colegio decide si se autoriza el móvil o no, si se usa o no en clase.

Es milagroso que hayas llegado hasta aquí con todos los elementos emergentes que tenemos en los dispositivos móviles: en estos 2 minutos te habrán llegado 3 WhatsApp deseándote que sueñes (qué empeño navideño, por eso hay tanto insomne), con el penúltimo meme y las fotos de tu compañero de trabajo gozando de un todo-incluido en Finlandia con Papá Noel.

No es el smartphone, son las distracciones.

Los especialistas coinciden en que más tarde o más temprano tendremos que abordar cómo vivir en este mundo con las nuevas distracciones. Yo hace tiempo que eliminé las ventanas emergentes de mi smartphone. Seguro que habría sido mejor educarme para no leerlas en el momento, pero, como no era capaz, las quité. Consecuencias: estoy más enfocado en lo que quiero y simplemente algunos mensajes tienen que esperar.

Termino con un experimento de concentración con móvil; se pidió a los participantes funcionar en cuatro circunstancias: con el móvil en el bolsillo, en la mesa, guardado en un cajón y directamente sin el móvil. El rendimiento fue muy inferior cuando el smartphone estaba en la mesa. A mayor distancia, mayor concentración y productividad en la tarea analógica.

El móvil nos distrae. Y se suma a nuestra capacidad innata para distraernos. Mi hijo mediano se distrae con el insecto real más diminuto que cruza por su habitación. Y le gusta distraerse con insectos animados en la pantalla del móvil en el rato que lo tiene. Se distrae, en fin.

Otro día podríamos hablar de las distracciones al volante, como la de ese tipo talludito que circulaba a 263 kilómetros por hora y se hizo un selfie para la posteridad.

¿Prohibir o educar? ¿Para qué? Las preguntas siempre son más elocuentes que las respuestas.

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