«Put… chinos que nos han traído el virus». Efectos colaterales del coronavirus: Resentimiento

Volviendo de comprar el pan me cruzo con dos jóvenes de raza negra. El que va delante, maldice con rabia a trabajadores del restaurante chino con los que acaba de cruzarse y que están preparándose para los envíos a domicilio. “Put… chinos que nos han traído el virus”. El que va detrás le dice que se calle. Empezamos aquí una serie sobre los efectos colaterales del coronavirus.

—El resentimiento es como tomar un veneno y esperar que la otra persona muera —dijo Carrie Fisher, la antiprincesa de Star Wars.

El resentimiento es un cóctel letal peor que los que se trasegaba la princesa Leia. Una mezcla de dolor y cabreo que se te queda en atravesada más abajo que un mal bocado: en el estómago. El resentimiento es un estado emocional que sobrevivirá al Covid-19, de ahí que te convenga combatirlo.

Porque te va a hacer sufrir. Porque a lo mejor a ti no te pasa como a los tipos con los que me crucé , porque te han hecho efecto esas imágenes de chinos regalando mascarillas o cerrando sus comercios, tan disciplinados. Pero cuando el confinamiento por el Covid-19 acabe del todo: ¿a quién le vas a responsabilizar porque no puedes pagar la hipoteca, porque no puedes reabrir el negocio, porque te han despedido, porque el proyecto que te iban a comprar ya no te lo compran…? Por no hablar ya de si has tenido alguna muerte en la familia… Ahí es donde cala el resentimiento.

De hecho re-sentimiento es volver a sentir. Y se carga las emociones positivas anteriores. Sacará lo peor de ti.

¿Que te gustan poco los perros? —Míralos ahí, es privilegiados todo el día paseando con el rollo ese de los perros…
Que nunca te gustaron los niños: —Que se fastidien, que no los hubieran tenido, siempre dando ejemplo, a ver cómo dan ejemplo ahora…

Y así con todo: bancos, emprendedores, el presidente, los ancianos, los policías…

Hoy es lunes. Apenas llevamos dos días de encierro y ya la Unidad Militar de Emergencia ha tenido que salir a la calle a controlarlos. Imaginad cómo será la cosa el jueves ¡y el lunes próximo!, cuando culpes a otros, siempre a otros, de lo que te está pasando. Cuando harto de memes, cuando ya las noticias sea repetitivas, cuando internet falle más incluso que ahora… cuando empieces a sentirte más inocente que nunca y te moleste el vecino, el tiempo, el ruido… Injusticia y por tanto venganza.

Porque cada uno nos montamos una historia en la cabeza donde somos virginales, libres de cualquier responsabilidad, y los malos son los otros.

¿Y entonces? Pues para qué no creamos una historia mejor, donde salgamos de la trampa, de esa espiral de rabia, de odio y de sufrimiento a la que vamos abocados.

Atrapados en casa, lo que deseamos es la libertad. Con resentimiento es imposible, porque esa sensación de liberación que tenemos al desahogarnos contra otros no es libertad: es un paso corto hacia la dependencia. Y ya bastante jodidos estamos.

Los contratiempos son inevitables. El Covid-19 es uno, y es global, gigantesco, aunque eso no nos consuele. El primer paso para no quedarnos atrapados es aceptar la situación, y buscar esa pizca de responsabilidad, ese punto aunque sea microscópico en el que hemos contribuido a lo que pasa.

Y mirar hacia adelante, que es la única posibilidad de pasar página. ¿Qué necesitaba aprender y que solo voy a aprender viéndome en una situación límite como esta? Haz una lista de cosas. 10, 20, 30 cosas que necesitabas saber, aprender. 10, 20, 30 cosas que puedes hacer nuevas en cuanto este tormentón pase, que pasará.

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