“Que tu pareja se prenda fuego para atemorizarte, eso no se supera nunca”

Aquí el testimonio de una víctima de violencia de género. Mujer. Joven. Nos lo ha contado a través de su persona de máxima confianza. Han pasado más de 10 años y ella puede verbalizarlo solo en su círculo de máxima protección. Lanza un mensaje: “Me sorprende mucho que la gente que hoy se cree tan evolucionada piense que no le puede pasar. No es una cosa de clases bajas ni de gente inmadura o sin formación”, avisa.  

“Hasta que no te pasa algo muy fuerte, muy evidente, hasta que no te pega, no crees que sea violencia de género…”.

“Piensas que tiene un carácter fuerte, que te quiere pero es celoso y que ya cambiará, y es al intentar rebelarte cuando se convierte en violencia física…”.

“Pero todo empieza mucho antes: no te deja que te pongas la ropa que quieres, te ordena que solo vayas con pantalones, quiere disponer de tu móvil, suena y lo quiere coger, revisa tus cosas, los nombres de tu agenda, no puedes mencionar el nombre de ninguna persona del género masculino, sea porque te deje unos apuntes o porque te lo hayas cruzado por la calle, da igual…”.

Nadie te entiende

“Cuando sabes que es violencia, tienes tanto miedo que no sabes ni qué hacer. Nadie te entiende, ni tus padres, porque nunca han visto nada…”.

“Porque quién le dice a sus padres que tu pareja te ha pegado un tortazo; sientes vergüenza y callas.Y nadie te entiende, los amigos se alejan, y la familia no te cree. Eso pasa a todas las mujeres víctimas de violencia. Te quedas sin nadie”.

“A quién le cuentas que tu pareja te ha zarandeado. Y el caso es que desde ese momento no dejas de equivocarte: intentas ver si eso parará, te quedas, pero te quieres ir: lo cubres, mientes y todo se complica…”.

Pensé que esa noche iba a morir

“A la segunda vez que me pegó me defendía, pero era mi fuerza contra la suya. Cogió un cuchillo enorme y yo otro del cajón de los cubiertos. Pensé que esa noche iba a morir. Entonces se prendió fuego en la ropa, me decía que era para morir delante de mí y dejarme marcada para siempre; yo le tuve que apagar las llamas. Y luego fue a tirarse por la terraza. Yo quería escapar, sabía que si lograba huir salvaría la vida, pero había cerrado por dentro y escondido las llaves. No sé cómo conseguí que me dijera dónde estaban, y escapé como pude…”. 

Soledad en juzgados y comisarías

“La siguiente vez ya le vi en el juzgado. Por cierto, qué frialdad en esos juicios rápidos, qué duro tú sola. Y qué frialdad en la comisaría, a las tantas de la noche, qué soledad, qué frío en las piernas y el resto del cuerpo, y encima para sentirte casi como juzgada…”.

“Cuando te dicen que se puede salir de la violencia de género, uff, es muy muy difícil. Se ha mejorado mucho institucionalmente, las mujeres tienen una protección que antes no había, pero se pasa mucho miedo, se sufre mucha incomprensión y la sociedad no está preparada…”. 

Tenía trabajo y podía pagarme un alquiler

“Si yo, que soy muy fuerte anímicamente, tengo unas heridas emocionales de por vida, no puedo hacerme una idea de cómo se sentirá una madre a la que han pegado delante de sus hijos, es una locura, o que ha aguantado violaciones. De la violencia de género se puede escapar pero ya no vuelves a ser la misma persona: sufres cosas tan graves, sientes cosas tan malas, que no las puedes superar…”.

“Yo por suerte tenía trabajo y pude escapar y pagarme un alquiler. ¿Quién va a creer que esa persona que se comporta con normalidad delante de los demás se ha prendido fuego delante de ti?”

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