Ríe y baila

Es imposible reírte y pensar a la vez. Cuando te ríes de verdad, tu mente deja de ser tan mandona e invasiva, y los pensamientos pasan. No extraña que la risa sea meditación: estar con uno mismo, atención plena. Una risa espontánea, que, como en el teatro y el cine, es el resultado de mucho trabajo. Cada mañana, antes de abrir los ojos, desperézate como lo haría un felino. Estira cada fibra. Tómate 3 o 4 minutos y, con los ojos cerrados aún, empieza a reírte. Ríete 5 minutos. La cosa será forzada al inicio pero, muy pronto, el sonido de las intentonas te hará reír de forma genuina. Lo cuenta Osho, maestro zen, y tranquiliza. “Pueden pasar varios días antes de que la risa genuina ocurra, porque estamos muy desacostumbrados. Pero en breve será espontánea y cambiará la naturaleza de tu día”.

La risa extrae la energía de tu interior. La energía sigue a la risa como una sombra. También pasa con bailar. La mente deja de mandonear. Sigues y sigues bailando, giras, te conviertes en un remolino y los límites se evaporan. “Ni siquiera sabes dónde termina tu cuerpo”. Se da cuando, realmente, dejas que el baile te posea.

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