Savater, la alegría y los imperturbables

Quienes te hacen creer que todo está controlado y que nada malo te puede pasar te están engañando. Lo esencial es qué vas a hacer cuando suceda lo imprevisible: una enfermedad, un accidente, un trabajo que parecía para toda la vida pero no, una multa, una trastada de los hijos con consecuencias, una traición… lo que se te ocurra. El azar con sus caricias y reveses. Pues el imperturbable es esa persona, animal, vegetal o cosa que mejoran con los golpes de la vida. Mucho más que resistir la adversidad.

Por esta sección de Vértigo desfilarán personas, cosas, escenas, paisajes… que se han beneficiado de la incertidumbre, del caos, de las crisis. De nuestro entorno y del mundo. Por ejemplo, el profesor de filosofía Fernando Savater dice que con la muerte de su mujer ha descubierto lo que es vivir sin alegría. “Estaba acostumbrado a despertar siempre como cuando era niño, con un latente “¡vaya, otra vez!” gorjeando dentro. Y con el litúrgico “¿qué pasará?” con el que acababa cada episodio de cualquiera de los tebeos que tanto me gustaban y que leía puntualmente cada sábado por la noche”. Lo cuenta en un libro de salida inminente, La peor parte. Si fuera su mejor libro, sería un caso claro de imperturbable: cuanto peor, mejor.

Sin embargo, lo que seguro que el propio Savater creía imperturbable, su alegría, es la que ha demostrado que no lo era. La alegría de Savater había mejorado con la amenaza terrorista, con el ovejuneidad general y hasta con la enfermedad. Pero el amor se la zampó… o la ha transformado en algo diferente. El tiempo dirá.

No es que los imperturbables deseen la fatalidad, pero asumen que está ahí, que la vida va en serio y que nadie nos prometió al nacer que esto fuera fácil. Lo que sí está en nuestra mano es hacer que la vida sea plena. La condición imperturbable tiene una base: carece de esa intensidad de lo novedoso: no hay una aglomeración humana para comprar churros, como la de Ali Express Plaza. Pero los churros son imperturbables: seguirán vendiéndose dentro de 50 años y el híper chino cualquiera sabe.

Envía un comentario