Seis sombreros para pensar

Marchándo un clásico para gente de espíritu emprendedor: “Seis sombreros para pensar”, de Edward de Bono. Un libro que enseña a pensar asumiendo el rol más adecuado a cada circunstancia: solo atendiendo a los hechos, solo con las emociones, pensar en lo negativo de una cuestión, solo, y separarlo de lo positivo. Por colores.

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Pensar puede ser un proceso muy deliberado. Me-pongo-un-sombrero-y-pienso. ¿Raro? No tanto, si partimos de la acepción de pensar para hacer las cosas mejor, no de pensar como una excusa para no hacer (el clásico “le doy una pensada…”, que oculta la intención real de posponer).
Lo que propone Edward de Bono en su libro es que cada uno de nosotros le dé unas vacaciones al ego y se ponga en un papel determinado con el sombrero más indicado para cada situación. Clasifica los sombreros por colores para recordarlos con facilidad. El sombrero blanco es el neutro, el objetivo. Te lo calzas cuando quieres ocuparte de los hechos objetivos y las cifras. En una reunión, por ejemplo: dejas las emociones fuera, y piensas solo en los hechos. Es un buen recurso para impedir que la emocionalidad se cuele en tus decisiones.
La propia opinión es inadmisible en el pensamiento de sombrero blanco. No valen las argumentaciones. A la japonesa: los nipones no se han contaminado con la costumbre occidental de la discusión (ego): ellos llegan a las reuniones con ánimo real de escuchar hechos y no de imponer sus criterios.
Cuando lo que quieres es dar rienda suelta a la ira, la furia, las emociones en general, te calas el sombrero rojo y piensas de forma emocional. Ese rol le permite expresar las emociones incluso a los más racionales: “No me gusta, no quiero hacer negocios con él. Eso es todo”. O “tengo cierta debilidad por Pablo: sé que es un estafador y nos estafó a nosotros, pero lo hizo con estilo, me gusta”. Con el sombrero rojo pensamos sin lógica ni coherencia. No justificamos. Sirve: es mejor reconocer un prejuicio sobre algo o alguien como una emoción, que tratar de fundamentarlo en la lógica. Y así vamos cambiando el sombrero según las circunstancias: negro, cuando se trata de pensar en lo que no se puede hacer, los aspectos negativos. Dicen que el pensador común se siente a gusto con el sombrero negro. Y el sombrero amarillo empuja al rol opuesto: te hace optimista, alegre, positivo: abordas las cuestiones con esperanza y pensamiento positivo.
El sexteto de sombreros lo completan el verde, que alude al pensamiento creativo, el de las ideas nuevas, por ser el verde el color de la vegetación, lo fértil, la abundancia. Y el sombrero azul, que es el organizador, por el azul del cielo, que está por encima de todo. Prueba a pensar con cada sombrero: ponte el blanco para valorar una propuesta seria de alguien que te cae mal. O el rojo para valorar una propuesta mediocre de alguien con quien simpatizas.
¡Ponte a pensar!

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