“Si quito las cabras, me cuelgo de una viga”

Salir a correr por el campo entre Fuenlabrada, Móstoles y Alcorcón y descubrir sentado sobre una silla plegable a un pastor. No hay carrerita que no pueda esperar por una buena historia. Como la de José, “el cabrero de Fuenlabrada”. Me cuenta que tiene 14 cabras que le cuestan dinero pero le dan la vida, dos perros, y un mundo que ya no reconoce. Conversamos en mitad del campo. La perra Laila se le acerca. “Me está diciendo Vámonos…”. Es que ha parido y hoy han dejado la cachorrita en la nave y está inquieta…

—¿Se puede vivir de esto hoy? —pregunto
—Qué va… con las ovejas se vivía, que tuve 330. Pero las cabras… me cuestan a mí al año 2.000 euros.
—¿Y entonces?
—¿Qué puedo hacer? Tengo 71 años. La nave blanca esa de ahí y la casa y me da pena venderla. Me la compraba uno y me volví atrás a la hora de firmar. Me daba 30.000 euros… Ahora tengo 14 cabras. Este año voy a dejar solo los grandes y ya no voy a ordeñar… Quiero pero no puedo. Y me gusta esto tanto que, si las quito, me cuelgo de una viga —dice José, que habla lento y con mucho acento de Extremadura.

“Estoy loco porque lleguen las ocho para volver al campo”
El paseo por el campo con los animales es como vida extra para el cabrero.
—Yo ahora estoy bien aquí. No me duele na. Lo malo es la noche en el piso, en Alcorcón, tengo que levantarme cada dos horas. Estoy para operarme de los dos hombros y no me opero. Cada mañana salgo de casa y hasta que llego a la furgoneta lo paso mal-mal. Pero a las ocho ya en la nave, ahí empiezo a vivir. Los obreros están locos cada día porque lleguen las seis de la tarde para irse a casa y yo estoy loco porque vuelvan a llegar las ocho del día siguiente para volver al campo.

Está con las cabras hasta la una del mediodía. Vuelve a casa a comer. Y otra vez a la nave a las tres, a soltarlas un rato. En casa le espera su mujer Alicia.
—Está mu mala. Se mueve pero la dio como una trombosis. Y no tenemos a nadie más. Ni hijos ni nadie. Bueno tengo un sobrino y le dije que arregláramos lo de la nave y me contestó: y yo pa qué quiero esto.

“He tenido mucho de to: malo y bueno”
José lleva 30 años largos con ovejas y cabras. Llegó a 330 ovejas. En los ochenta. Hacia los noventa empezó a alquilar terreno y tuvo 400 hectáreas…
—Todo lo que hay de Fuenlabrada hasta aquí y de Móstoles a Leganés. Pero trabajabaaa, pufff… me acuerdo en el 2000, que no quería la paja nadie, y contraté una máquina y un tractor a medias, y 3.000 paquetes de paja tuve que acarrear con la furgoneta. Eché unos 70 u 80 viajes. He tenido mucho de to: malo y bueno.

—Aquí, en El Chaparral, me marqué una meta: empecé a alquilar, 80 hectáreas, 100 y en tres o cuatro años me hice dueño de to. Pero al marcar la carretera le pregunté a un encargado cuánto iban a tardar: 3 años. Bah, en 3 años las vendo. No las vendas, que te hacemos puentes para que pases con los animales. Y lo hicieron. Pero ya estaba cansado. Y eché cuatro cabrillas que tenía y compré 9 o 10 a un amigo y ya no quise más. He tenido hasta 50 en 2008 o 2009. Pero ya no, ya no quiero trabajar más. He trabajado de más. Para estar como estoy… estoy inválido de por vida… Pero no me quejo.

Le acompañan Laila y Curro. Acaricia a Laila.
—Esta no me engaña. Y me está diciendo Vámonos. Es que tiene una chica…
Laila tiene un cachorro. Y algunos días la sacan de paseo metida en el chaleco, pero hoy la han dejado en la cocina de la nave y la perra está deseosa de volver.

«Llegué con 500 pesetas»

Antes de despedirnos me habla de cuando llegó a Madrid.
—Salí de Trujillo (Cáceres) con lo que ahora serían 3 euros, 500 pesetas. Trabajé haciendo zanjas en la estación de Pozuelo. A destajo. A duro la zanja. Y no me pagaron. Luis se llamaba el que no me pagó.

Tuvo oportunidades. Incluso de trabajar “de traje y corbata”… y sonríe con cara de estar pensando en esa-gente-que-trabaja-poco… jeje.
—Pero el destino es sagrado: he tenido las cartas en la mano y las he dejado caer…

Se levanta, pliega su silla, mira a las cabras… Y recupera el hilo:
—Dios no hay, pero destino sí… ¿Qué hora es? Ven y te enseño la casa. Tengo gallinas. Este año llegaré a los 100 pollos.
—Otro día, José, es tarde.

Y me quedo con lo del destino rebotando en los 4 kilómetros de vuelta. Se me había olvidado apagar el Endomondo. 33 minutos ahí paradazo. Al tacho con la velocidad media de carrera.
—Dios no hay, pero destino sí…

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