«¡Soy una maravilla!»

Autoestima y protocolo, estética, nutrición y salud, vestimenta y finalmente un desfile. Aquí el itinerario que siguen 11 mujeres con una discapacidad intelectual en Móstoles para aprender a cuidarse támbién por fuera. De la mano de Alicia del Amo, diseñadora de moda, asesora de imagen y especialista en discapacidad intelectual, quieren romper con las zapatillas de velcro infantil, los andares apresurados y costumbres de la invisibilidad de otro tiempo.


La coordinadora de los talleres recuerda emocionada la celebración de una de las alumnas al verse en un espejo oculto en una caja mágica que abrió tras escuchar hablar de las maravillas del mundo. “¡Soy una maravilla!”, gritó. Autoestima, risas y decirle al mundo: Aquí estamos, miradnos.

Conocemos a Raquel, Lourdes, Mayte, Bea, Sonia, Elena, Milagros, Rosalba, Laura, María y Tamara en la segunda sesión de los talleres “Así me veo, así me ven… esta soy yo”. Toca estética y peluquería. El lugar elegido es Duendes, una peluquería frente a la estación de metro Hospital de Móstoles. Su propietaria, Celia de la Cruz, ejerce hoy de formadora. Animada y cariñosa, Celia explica a parte de las chicas hábitos de aseo personal y trucos para limarse las uñas, para pintárselas, la paciencia para el secado, aprovechar momentos.

Al lado, en una mesa rectangular con espejos individuales, Nieves Álvarez, asesora de belleza, da a la otra mitad del grupo pautas para que se cuiden la piel, que si el color discreto en los labios, que si puedes maquillarte más si tienes un evento especial. Las chicas comentan, prueban y disfrutan. Lo mejor es el ambiente que se percibe nada más entrar.

La coordinadora, Alicia, dice que las personas con discapacidad intelectual tienen en estos tiempos una visibilidad pública enorme. Ella, que diseñó el vestido con el que Gloria fue a los Premios Goya por la película Campeones, se acuerda de las llamadas de la madre diciendo: Tenemos una entrevista, tenemos un evento, qué le pongo.

Otros van a congresos, dan ponencias, cuentan su experiencia, y a Alicia se le quedó grabada la sensación de ver a un chico con discapacidad intelectual intervenir en un evento con pantalones de chándal, jersey de lana y zapatillas blancas de velcro. Ella que además es madre de un joven con discapacidad (con una imagen moderna, de chico de su edad, claro) supo ese día que tenía que hacer algo. Ofreció los talleres a Amás y en ello está.

El proyecto se ha hecho tan ambicioso que va a formar a mujeres con discapacidad como formadoras para que instruyan a otras personas de centros como el suyo a cuidarse, a mimarse, a convencerse de que el mundo las mira y las ve estupendas.

Por cierto, las 11 alumnas decidieron por sí mismas apuntarse al taller. “Están pendientes, activas se las nota mucho”, comentaban las formadoras entre ellas. Llegaron con el tirón del “¡desfile, desfile!”, pero se han dado cuenta de que el itinerario es suficientemente bueno y práctico como para olvidarse momentáneamente de que un día cercano desfilarán en una pasarela, como broche del aprendizaje. “No ha habido que ayudarles nada, vamos que se han quedado con ganas de más”, expresaba Nieves. “Preguntan, se llevan bien, se esperan, hay armonía en el grupo”, celebraban.

El desfile será en un centro público municipal, todavía por decidir. Les gustaría que fuera de Móstoles, por la vinculación de alumnas y formadoras con esta ciudad.

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