Superpoderes sin comic

Un memorioso extremo, un joven que “ve” a través del sonido, un hombre de goma, un individuo capaz de manducarse un avión, un fulano que arrastra trenes con los dientes, un insomne de 12.000 noches o más.

Pasa y sorpréndete.

Empezamos por Daniel Tammet, por su aspecto de chico supernormal con sus gafas y mirada sincera y vida común. Pues en la cabeza del tal Tammet cada número hasta el 10.000 tiene una forma y dice que la percibe: el 289 tienen una cara particularmente fea y el 333 un atractivo inusual, y el número Pi… esto nos gusta, es ¡el más hermoso! Calza el récord europeo de memorización del número Pi con 22.514 dígitos. Habla 11 idiomas, incluido el esperanto y, como otros preparan disco, Tammet está a punto de sacar una lengua propia, el Mänti. Un detalle: Tammet aceptó el desafío de un canal de tv de aprender islandés en una semana, y lo hizo.
De Ben Underwood dicen que es ciego desde los 3 años y que juega al basket, monta en bici y hace vida normal. Su brújula es la ecolocalización: se orienta por el sonido, como un delfín con el sónar o como un murciélago. Y lo dejamos aquí. Para dar entrada a Daniel Browning, cinco veces Guinness de flexibilidad. Dicen que “disloca” sus brazos para pasar a través de una raqueta de tenis.
De Daniel a Michel Lotito, “el comelotodo”. No es un zampabollos televisivo haciendo ruta: Lotito se manduca hasta un avión, por piezas de momento. Le ha sacado partido económico a la extravagancia y ha circulado por las teles salivando con televisores y máquinas de todo tipo. Acompaña sus degluciones de aceite mineral y mucho agua, y sobrevive porque su estómago y los intestinos tienen un espesor inaudito y unos ácidos digestivos sin límites.
Los dientes de oro del malayo Raja Gigi le han hecho planetariamente popular por arrastrar un tren de 297,1 toneladas a lo largo de 2,8 metros. Si la imagen de Raja es pintoresca, no lo es menos la de Liew Thow Lin, el hombre magnético, al que se le pegan los metales al cuerpo, de una plancha a tenedores o lo que sea. ¿Que para qué te sirve eso? No sabemos, pero sus nietos lo han heredado. Que se lo pregunten a Thai Ngoc, un insomne al que no le curarían ni los bombardeos como si les pasa a otros. Una fiebre de los años setenta lo dejó insomne. Y se ha pasado 12.000 noches sin pegar ojo. Un chollazo como vigilante; parecerá broma pero su especialidad es evitar que roben en la granja de cerdos y pollos que tiene al pie de una montaña. Y esa falta de sueño no le ha mermado la salud: dicen que es capaz de cargar bolsones de fertilizante cada día durante 4 kilómetros. En otra ocasión glosaremos a Tim Cridland, el rey de la tortura (soporta agujas y calores y fríos homicidas) o a Kevin Richardson, el susurrador de leones, capaz de pasarse la noche meloseando con el rey de la selva, y de generar vínculos ¿afectivos? con leopardos, hienas y otras alimañas; o a Dean Karnazes, el individuo incansable, que corre decenas y decenas de kilómetros sin agotarse. Y ya.

Paris, 27 rue Bonaparte (6e), Daniel Tammet a écrit plusieurs livres dont le dernier, "L'éternité dans une heure" mêle ses deux passions, la littérature et les nombres

ben

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