Todo es más sencillo

“Al final de la vida,/ no sin melancolía,/ comprobamos/ que, al margen ya de todo,/ vale la pena./ Poco de lo restante prevalece”. No hace falta esperar a “Finalmente”, como en el poema de Ángel González, para ver que todo es más sencillo de lo creemos. Que somos nosotros, con nuestra impaciencia y nuestra sed de todo, los que tomamos la vida al asalto, y le inyectamos una gravedad insoportable.

Ese gendarme interior, que es nuestro ego, siempre quiere resultados, y hace que no disfrutemos de los actos en sí, sino del resultado. “¿Qué voy a sacar de esto?”. Y por eso elegimos atajos a veces, para llegar a nada. Y vamos por la vida serios, como ausentes, con cara larga y ganas de poco.

Todo es más sencillo y divertido, si te tomas la vida como un juego y te relajas. Evitarás que la consciencia se convierta en tensión. Sin comer puedes vivir unos tres meses, pero sin dormir en tres semanas habrás perdido la cabeza. Relájate. No necesitas estar consciente 20 horas al día. Disfruta de la inconsciencia. Aprende a descansar. Disfruta la felicidad y, cuando se vaya, por el avatar que sea, experimenta la tristeza también.
La vida es cambiante y puede ser sencilla, si no te identificas con lo que pasa en cada momento. Apura la felicidad, y experimenta la profundidad de la tristeza, y deja que ambos sean estados cambiantes. Como dice el maestro zen Osho: la mañana se vuelve mediodía, el mediodía se convierte en tarde, y la tarde en noche.

Celebra la vida. La tuya. Que no te pase como al de aquel poema de Ángel González, que “quisiera estar en otra parte,/ mejor en otra piel,/ y averiguar si desde allí la vida,/ por las ventanas de otros ojos,/ se ve así de grotesca algunas tardes”. Feliz año 2019.

 

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