Turismo por cementerios y el miedo a que te entierren vivo

Buscando imágenes de tumbas por Halloween me encontré con la web Entre Piedras y Cipreses. Desconocía que había un público interesado en el necroturismo, o sea el turismo por cementerios. Tiene un blog animado por la dama del musgo y otras historias de cementerios, dónde están enterradas las víctimas de Jack el Destripador, los héroes de Chernobyl, las tumbas de perros famosos y hasta el miedo a ser enterrado vivo. “Los romanos, de hecho, esperaban hasta 8 días antes de enterrar a sus difuntos para asegurarse de que estaban muertos, por ejemplo. También se utilizaba echarle vinagre o pimienta al fallecido en la boca, o quemarle con un hierro candente en los pies o el recto para comprobarlo”, explican. Por el año 1900 se producía el error al menos una vez por semana, un enterrado vivo, de ahí el terror.

El pavor a ser enterrado sin morir se llama tapefobia. La gran tapefóbica de la historia fue Hannah Beswick, que murió, sí murió en 1758, otra cosa es cuándo la enterraron. Cuentan que vivió el casi entierro de su hermano, que se salvó de morir asfixiado bajo tierra porque hizo un movimiento leve de los párpados; acogojada le pidió a su médico que no la enterraran a ella hasta asegurarse de que estuviera muerta. No contaba Beswick con tener un médico tan inseguro: el doctor la embalsamó y se la llevó a su despacho. Cada día comprobaba que seguía muerta, y al morir el doctor la momia de la mujer fue cedida al Museo de Ciencia Natural de Manchester, hasta el entierro definitivo en 1868, o sea 110 años después de su muerte. ¡Cuidado con lo que deseáis!

“Es también una manera original y bonita de conocer parte de nuestra historia y que no quede totalmente olvidada”, dicen los creadores de la web. Material hay: más de 18.000 cementerios censados, con historias, imágenes y por supuesto la localización.

Ofrecen visitas guiadas, un buscador de cementerios y un blog repleto de historias, curiosidades, leyendas. Con espacio propio para las dolientes, esas mujeres de piedra que suelen estar abrazadas a una sepultura o sentadas con pena; “representan el dolor, la tristeza, la amargura, la soledad, el vacío que deja la persona a la que acompañan”.

En la web se recuerdan grandes funerales. como el de Jim Henson, padre de los Muppets o Teleñecos, como los conocimos los niños de los setenta y ochenta. Henson dejó preparados dos funerales en catedrales, en Nueva York y en Londres, y pidió que nadie vistiera de negro y que una banda de jazz amenizase. Cumplieron sus deseos y los funerales fueron públicos. Hasta dejó una carta para sus hijos, que incluyó en el programa de mano del funeral. Un hombre del espectáculo, sí señor.

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