Un padre a su hijo en el fútbol base: “¡Eres un paquete!”

Esta historia es la suma de muchos casos similares: niños de 12 o 13 años que desean colgar las botas para siempre por unos padres palabrones e invasivos desde la grada. “¡Eres un paquete!”, gritan a sus propios hijos. Y camino del partido les taladran cómo deben jugar. “¡Díselo al entrenador, que no te pase como todas las semanas!”. Niños que cada vez que hacen una jugada miran a la grada en busca de aprobación. Y en la vuelta a casa, peor.

—¿Estarías más cómodo si tu padre no viniese a verte?— pregunta el entrenador a un chaval que ya no puede más y llora en el entrenamiento.
—Sí, la verdad— admite el menor.
—Puedes hablar con tu padre y decirle lo mal que te sientes, lo mal que lo pasas. Dile que le quieres mucho y que necesitas que te anime—, aconseja el entrenador, que sabe que no lo hará, o no abiertamente.

Nos cuentan entrenadores del fútbol base que hay padres y madres que animan, que se contagian del entusiasmo y disfrutan con los chicos y las chicas. “Pero hay muchos también que no vienen a disfrutar, que se quedan en el bar del campo, que beben cerveza y hasta cubatas, y que ven el partido a través de la ventana del bar si es posible o, si no, con bebida en la grada”, nos cuentan.

Hay quienes piensan que el disfrute de los niños sería mayor, si los adultos no pasaran al campo. Las escenas abundan: padres que saltan al terreno de juego, que intimidan al entrenador con sus voces, que insultan…

“Es especialmente grave porque lo que más necesitan los niños son palabras de ánimo. Tendrías que ver la cara de los chicos antes del partido: parece que saltan al campo de batalla. Están tensos, por el entorno”, nos revela un entrenador. A veces la ansiedad se contagia al banquillo y entrenadores más jóvenes o más hartos terminan a gritos. “He visto salir a un niño llorando del campo, por la presión”.

Y eso que se trata del fútbol base, del entusiasmo por el fútbol. Niños de 5 a 17 años. La mayoría no se ganará nunca la vida con este deporte. Juegan por placer, por salud, por ilusión. “Aprenden disciplina y algo que les servirá para siempre: a sufrir, que en cada temporada normalmente van a perder más partidos de los que van a ganar, y que no pasa nada”.

Fernando Torres y la inclusión social

“Cada vez más padres y madres prefieren que sus hijos hagan otro deporte distinto al fútbol». Lo dice un entrenador de fútbol que adora la etapa base, donde se forjan guerreros que hacen Historia como Fernando Torres, el gran jugador del Atlético de Madrid y la Selección Española, que hoy inauguraba precisamente proyecto en Fuenlabrada, en su colegio de antaño, el Francisco de Quevedo.

Lo han llamado Cruyff Court Fernando Torres y es una iniciativa de la Fundación Cruyff y La Caixa para “fomentar la inclusión social de niños y jóvenes especialmente vulnerables a través de la práctica del deporte”. El de Fuenlabrada es el primero en la Comunidad de Madrid, y ha contado con la colaboración del Ayuntamiento de la ciudad.

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