Un padre: «El entrenador no tiene ni idea»

Marta tiene 15 años y juega al baloncesto en el equipo de su colegio. El padre lleva tres semanas contrariado porque la hija no juega los minutos que él considera “justos”.
– Hija, si durante el próximo partido vuelves a jugar tan poco, cuando termine hablaré con tu entrenador. Esto no puede ser.
– No papá, por favor. ¡Qué vergüenza! No es para tanto. Han sido sólo los últimos partidos. Ya jugaré más.
– Si es que no puede ser. No faltas nunca a entrenar, te quitas tiempo de estudio y encima yo tengo que estar llevándote a todos los partidos.

La adolescente, enfadada, evita a su padre wasapeando con una amiga. Pero él vuelve a la carga.
– ¿Ves? Si es que llevo razón. Te fastidia no jugar y no te atreves a decir nada.
Como al día siguiente Marta vuelva a jugar menos de lo que su progenitor espera, el padre enfilará el banquillo con cara de escasos amigos y una frase en la mente: “El entrenador no tiene ni idea”.

Guillermo Calvo y David García reproducen esta situación en el libro Manual para padres: Deporte y Valores, con el que animan a sacar al deporte el máximo partido “en la educación de los hijos”, no es su asalvajamiento. Deporte base, o lo que tendría que ser diversión y vida. Lo traemos a cuenta después del partido con 34 goles a 0 en Fuenlabrada, para destacar la relevancia de los padres que acompañan a sus hijos a los partidos de su equipo.

Calvo y García aconsejan no hablar en caliente con el entrenador. No hablar al acabar el partido, sino buscar un momento oportuno posterior, un par de días más tarde si es posible. Y de ninguna manera criticar o gritar al entrenador en presencia de las jugadoras. “Cuestionar su autoridad y nuestros hijos e hijas aprenden el 100 por ciento de lo ven y escuchan de sus modelos”. Y lo imitarán. Si eres padre o madre, plantéate si lo que esperas del partido de los sábados o los domingos es lo que espera tu hijo o tu hija. Entenderás mejor sus sentimientos. Y es mejor que te informes debidamente: las decisiones deportivas pueden tener matices, y no caer en el facilón A-mi-hija-le-tienen-manía.

Por cierto, durante el partido y al acabar los chavales necesitan a su padre o a su madre, no a un entrenador diabólico metido en el cuerpo de sus progenitores. Más disfrute y menos resultado. Y nada de montarse una tertulia postpartido en el coche sobre los asuntos conflictivos: que si el equipo, que si el cuerpo técnico… Si encaminas a tu hijo o hija a que resuelva los problemas por su cuenta, en lugar de dárselo (des)hecho, se producirá una evolución: desde el puro acompañamiento activo de los 11 o 12 años hasta el apoyo entre los 12 y los 15 y luego es fase extraordinaria en que es el deportista quien habla ya con el entrenador.

“Hay que evitar convertir a los chicos y chicas en jugadores difíciles de entrenar, poco receptivos a la crítica y con baja tolerancia a la frustración”. Entérate: se están formando para la vida no solo para el próximo partido.

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