Un trampa… elocuente

En este mundo desequilibrado nuestro, donde hay un hilo finísimo entre la locura y la lucidez, la realidad nos desliza estampas que parecen de ficción: en Móstoles, un contenedor adaptado para personas con discapacidad física, colocado en un espacio con bordillos sin adaptar.

Tanto los que se indignan en exceso como los que ríen sin malicia saben que es un error y que tendrá una explicación. La cuestión es lo que revela esa equivocación reparable: cada cual percibimos la realidad a nuestro modo y nos ocupamos de lo que nos importa, nos inquieta, nos atrae. Quien colocó ahí el contenedor (no digo ya quien lo decidiera) no debe de tener ningún familiar, amigo o cercano con alguna discapacidad física.

Quizás el contenedor estuviera ahí por un motivo temporal: pero es un mal sitio incluso temporalmente. Y una mala imagen de una sociedad que va a lo suyo, a lo tuyo, a lo mío, nunca a lo de todos.

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