Vagos muy ocupados

Hoy lanzamos a la trituradora de Vértigo una costumbre sobrevalorada: estar ocupado. Estar ocupado porque sí. Porque estar ocupado no es lo mismo que obtener resultados. Estar ocupado es extender un manto sobre la jornada, que impedirá que pueda pasar algo. Suena paradójico, pero estar ocupado es una forma de haraganería: ocupado no puedes pensar. Hay vagos muy ocupados. Lo peor: no pensar te lleva a aplazar esos cambios cruciales que necesitas hacer pero que son incómodos. Quizás sea eso: ¿Ocupado para disfrazar lo que es una posposición en toda regla?

La frase de hoy: “Si no quieres que te olviden en cuanto te hayas muerto y descompuesto, escribe cosas que valga la pena leer o haz cosas que valga la pena escribir”. De Benjamin Franklin. En su Autobiografía, Franklin contó los puntos para alcanzar la perfección moral. Trazaba un plan de 13 semanas, cada una dedicada a una virtud específica: templanza, limpieza, moderación… y anotaba en el calendario las transgresiones. Creía que si era devoto de una virtud cada semana, conseguiría convertirlo en hábito. Y Cada día había menos transgresiones: como si se fuera reformando. Al principio hacía ese plan varias veces al año. Luego una vez cada año. Después uno cada pocos años. Por cierto, la que transgredía siempre era la virtud del orden: cada cosa en su sitio, cada quehacer con su momento. Ya un día, en el podcast de Factoría de Cambios, hablaremos de sus baños de aire, entre otros hábitos sorprendentes.

La pregunta, al hilo de Franklin: ¿Qué has hecho últimamente que sea memorable, que vayas a recordar dentro de 5 años?




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