Y tú, a qué JUEGAS en la vida

En la vida sentimental, en la vida profesional, con los amigos, con el mundo en general… ¿a qué juegas? ¿A ganar? ¿A no perder? ¿A perder? ¿a no jugar? Todos los juegos son legítimos. Con los hijos pequeños jugamos a perder. Y está bien. En situaciones límite podemos elegir jugar a no perder, y salvar los muebles. Lo crucial es que sepamos detectar a qué juego estamos jugando. Coherencia y autenticidad, por encima de todo.

Jugar a no jugar

-El propósito de su juego es romper el juego. Derribarlo. En amor sería: la venganza por desamor. Portarte mal con otras personas porque te ha ido mal a ti, por ejemplo.
-La estrategia es boicotear. Incumplir las reglas. Hacerlas jirones.
-¿Rebelde sin causa o ególatra sin causa? En lugar de buscar un cambio consensuado, y ganarnos la autoridad de los demás, decidimos no jugar y esperamos que otros se unan.
-Emoción: el resentimiento; ese veneno que te tomas para que muera otro: pero mueres tú.
-Lo que se consigue: incomunicación, aislamiento
-En las conversaciones de quienes juegan a esto se ve: oposición a todo, por el afán de oponerse, sin más.
-Es la profecía que tiende a autocumplirse: cuando jugamos a perder, perdemos.

Jugar a perder

-Los conocerás porque juegan a presentarse como víctimas de las circunstancias. Ay, qué pena… Y, claro, tienen razón en sus predicciones: pierden. La estrategia del avestruz: esconder la cabeza y que los acontecimientos te pasen por encima.
-Se los conoce porque van de tener razón, a toda cosa. Y torpedean cualquier alternativa.
-Actitud: soy-una-víctima-y-quiero-que-os-compadezcáis-de-mi-situación. Quiero ser una víctima.
-Emoción: resentimiento, también. Los demás tienen la culpa de lo que me ocurre.
-En sus conversaciones se oyen expresiones del tipo: “Ya te dije que saldría mal”, “No hay nada que hacer”. “Soy yo el que sale peor parado de todo esto”.
-Y si juegas a perder, pues perderás.

Jugar a no perder
-La estrategia es que nada cambie. Mantener lo que se tiene, por mínimo que sea. Como si mantener fuera posible. Sabemos que la inacción tiene consecuencias…
-Interesa la imagen que se ofrece por encima de la realidad: hipocresía, en lugar de autenticidad.
-Emoción: el miedo. ¡Que pierdo lo poco que tengo! Y miedo al fracaso.
-Actitud: reactiva. Tenemos respuesta iracunda para cualquiera.
-Conversaciones: “Mejor dejar las cosas como están”, “Siempre ha funcionado así”, “Los experimentos mejor con gaseosa”…
-Por supuesto, no hay aprendizaje ninguno.

Jugar a ganar

Todos pensamos que jugamos a ganar. Pero no es así: si lo fuera, estaríamos siempre en plenitud, nos sentiríamos bien, estaríamos a lo nuestro, despiertos, conscientes de lo que pasa…
Cuando se juega a ganar:
-El propósito del juego está por encima del ego o de la necesidad de conservar una imagen.
autenticidad. Trabajas para tu misión en la vida y con eficacia tendrás la vida que quieres tener.
-A ver qué tal te suena esta cadena: compromiso, acción y resultado. Qué maravilla. Haces lo que tienes que hacer cuando hay que hacerlo, aunque duela.
-Actitud: proactividad. Disposición. Determinación. Te adelantas a los acontecimientos. Los provocas, incluso. No esperas a que las cosas sucedan.
-Emociones: alegría, entusiasmo, y energía, fuerza, amor.
-Aprendes: de los errores, de los éxitos. Sabes lo que hay que hacer, lo haces y luego ves qué ha pasado. Y aprendes de los demás, tienes apertura de miras, escuchas.
-Y el juego saldrá como salga, porque no siempre que se juega a ganar se gana. Lo que sí gana siempre en este perfil es la ética y el respeto a quienes jugando ganan. Si das un mal paso, aprendes. Ahí tienes una buena creencia: “Cuando me equivoco, aprendo”. Así que me atrevo a probar.

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