Practica la claridad que temen los aprovechados

Urgen maestros de yoga en los puntos candentes de las administraciones públicas. Y yoguis administrando los grupos en las redes sociales y moderando las tertulias televisivas. O enfermaremos con tanta pasión inútil, con tanto apego sin motivo. El Centro que importa no es el ectoplasma del que se acuerdan los políticos cuando hay elecciones. El Centro que importa está en el interior de cada uno de nosotros: y de nada sirve tener a ese testigo interior sufriendo pensamientos automáticos: no va a ser posible, me tocará a mí, no hay derecho, una cosa lleva a la otra…

¿Cómo? Bueno, el desapasionamiento se practica. En meditación se llama desapego. Se relajan las tensiones, incluidas las mentales. Se consigue dejando de pensar en el resultado de cada cosa que hacemos. Y entonces ¿nos tiene que dar igual lo que pase? Ni mucho menos: se trata de cumplir con nuestro deber pero sin identificarnos con el resultado, porque, cuando hacemos las cosas pensando en el resultado, lo que hacemos es vivir en el futuro… ¡que no existe!

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Cada cosa que leemos, escuchamos o vemos no puede generarnos una pasión punta, como de que el mundo se va a acabar. Deseamos como apasionados de película clásica: quiero que te vayas, quiero que te quedes, te quiero, te odio. Con menos deseo y más reflexión llegará esa claridad que tanto temen quienes se benefician de este revoltijo global en el que casi nadie entiende nada.

La alcaldesa de Móstoles y la gestión del riesgo

“El riesgo significa que pueden pasar más cosas de las que van a pasar” (Elroy Dimson).

La alcaldesa de Móstoles, Noelia Posse (PSOE), lo está viviendo en su equipo: en quince días han renunciado a sus cargos cuatro personas de su confianza, tras la presión de los medios de comunicación, de políticos de la oposición y hasta de su propio partido.

En la política y en la vida, el éxito depende, entre otras cosas, de cómo gestionemos el riesgo. ¿Midió la alcaldesa que designar a su hermana para llevar las redes sociales era arriesgado aunque fuera lícito (un cargo de confianza es para gente de confianza, y así lo defendimos)? ¿Midió Noelia Posse el riesgo de nombrar a su tío para la Concejalía de Deportes con un plus, aunque fuera lícito?

Lo complicado es controlar el riesgo. Y ahí es evidente que entró una variable inesperada, su partido: ¿Si las críticas llegan desde el PSOE resistiré? Los hechos dicen que no. Y eso llegó después de aguantar una tromba de insultos: “Ladrona”, la llamaban al pasar camino de los fuegos artificiales de las fiestas de Móstoles; fui testigo con mis hijos menores de la mano, que me preguntaban: ¿quién es una ladrona? Quienes lo gritaban también tenían hijos a su lado. ¿Qué van a aprender esos niños? Ladrona es la que coge el dinero ajeno y se lo queda. Qué tiene eso que ver con el nombramiento de cargos de confianza.

Cuando todo va bien, nos creemos que a nosotros no nos va a pasar. Y arriesgamos, pensando que más riesgos nos darán más beneficios. Pero entra en escena un elemento salvaje y que pocos tienen en cuenta: la incertidumbre. ¿Por qué Pablo Iglesias e Irene Montero, feliz matrimonio, pueden regir los destinos de Podemos en el Congreso y en su partido, y en otros casos ser familia e incluso ser amiga de la infancia es sospechoso y te inhabilita?

El éxito en la política y en la vida consiste, al final, en acertar más veces de las que te equivocas. La alcaldesa sabrá en lo que ha acertado y en lo que se ha equivocado.

¿Tener razón o buscar la verdad?

Marchando una disyuntiva problemática: ¿Qué pesa más en ti: la necesidad de tener razón o la necesidad de buscar la verdad? La eficacia está en riesgo. Y está en peligro la buena toma de decisiones. En el empeño de tener razón a veces seguimos por un camino hasta que es demasiado tarde y otras veces reculamos demasiado pronto. El ego que mata más que los domingos y que la estupidez. Cada cual podrá encontrar ejemplos en carne propia y, por supuesto en carne ajena, que es menos doloroso. Esos trances en que hemos tirado de inercia y miedo para no admitir los desaciertos.

¿Os imagináis que el lema del Sur de Madrid fuera: “Aquí la necesidad de buscar la verdad está por encima de la necesidad de tener razón”? Somos tiernamente deplorables y asquerosamente humanos: es escuchar error o debilidad y echar a correr con zancadas de dinosaurio. Necesitamos que nos quieran, queremos sobrevivir y tenemos pavor a caer, y aunque nos negamos eso de dejar huella nos da mucho miedo pirarnos de esta vida pasando inadvertidos.

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Nuestra parte emocional nos hace revolvernos en cuanto nos llevan la contraria: ¡nos atacan, peligro! Pero ¿qué les he hecho yo? Y nos derriten los elogios. Con la razón en lo alto entendemos que hasta cierta crítica puede ser constructiva, pero nos marca a la hora de decidir: ¿Me critica? Enemigo. Somos más Hyde que Jeckyll y cuando nuestro primitivo se enzarza con el primitivo de enfrente solo falta el barro, digital o real. Intentas justificarte, pero nada… Con lo eficaz que sería poner a Jeckyll a los mandos y entender que quizás yo no tenga razón, o tú.

Asignatura obligatoria: Gestionar la realidad

Gestionar la realidad. Debería ser una asignatura obligatoria. La tromba de noticias, extravagancias y asuntos sin contrastar con las que nos desayunamos, almorzamos y cenamos cada día pone a prueba la sensatez del más centrado. Uno lee, como yo al escribir estas líneas: “Una pareja adopta una niña ucraniana y descubre que es una adulta con enanismo cuando intentó matarlos”… y la perplejidad se queda corta.

Dan ganas de probar aquella meditación límite que proponía Osho: fumar. Si puedes hacer una ceremonia del hecho de beber té, fumar puede ser una meditación “igual de bella”, decía el provocador Osho. Que fumen los que no pueden dejar de fumar. Que se encabezonen en las redes los que no pueden dejar de encabezonarse. Que callen los que no quieren hablar. Que insulten los que no pueden dejar de insultar. Que no escuchen los que no quieren escuchar.

Ponte en situación: saca el móvil, hazlo lentamente. Disfrútalo, no hay prisa. Sé consciente, permanece alerta. Date cuenta. Entonces ponte a escribir lentamente: “ultraderecha”, “comunista”, “tú qué sabrás”, “aquí apesta”, “otro escándalo”, “que dimita”… Escucha el sonido de tu teclado, la vibración. Da a intro. Es como cuando el té empieza a hervir. Siente el aroma del napalm…

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Te dará cuenta de que es estúpido, como decía Osho sobre fumar. “No porque otros hayan dicho que es estúpido, ni porque hayan dicho que es malo. Lo verás tú mismo”. Estás camino de desautomatizarte. Descansarás. No tener que pensar siempre lo mismo: siempre el mismo guión, como si fuera inevitable.

Tus convicciones son divinas. Y las mías. Y las del otro de más allá. Pero así no vamos a llegar lejos. Desautomatízate, si quieres, claro.

Osho: “Si caminas, camina lentamente, de una forma consciente. Si miras, mira atentamente y verás que los árboles son más verdes que nunca y las rosas más rosas. ¡Escucha! Alguien está hablando, cuchicheando: escucha, escucha atentamente. Deja que toda tu actividad se desautomatice”.

Entender las cosas mejor que los demás

Todos necesitamos un blanco al que dirigir nuestra imaginación (en vez de tanto dardo). Ese objetivo, que nos mantiene vivos, se consigue de dos maneras: con suerte o entendiendo las cosas mejor que la mayoría. La suerte es algo complicado de programar, así que mejor centrarnos en mejorar la comprensión.

La vida en el barrio, en el distrito, en la ciudad, en la Comunidad, en el país, el continente y el mundo… sería más llevadera si todos entrenáramos un pensamiento perspicaz. Pensar de forma simplista y superficial es fácil: al pensador de primer nivel le vale con una opinión sobre el futuro, una previsión favorable le hace pensar que lo suyo mejorará. Sin embargo, el perspicaz es profundo, complejo, enrevesado: ¿quién dice que habrá un escenario futuro y no varios? ¿Cuál sucederá? ¿Qué probabilidad tengo de estar en lo cierto? ¿Mis expectativas son distintas a las del consenso?

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El inversor Howard Marks explica cómo funciona un pensamiento perspicaz: frente a quienes razonan en plan “se trata de una buena inversión, compremos acciones”, los perspicaces dicen “es una buena compañía pero todo el mundo opina que es una compañía fantástica cuando en realidad no lo es, por lo tanto la acción está sobrevalorada. ¡Vendamos!”.

El inversor Howard Marks explica cómo funciona un pensamiento perspicaz: frente a quienes razonan en plan “se trata de una buena inversión, compremos acciones”, los perspicaces dicen “es una buena compañía pero todo el mundo opina que es una compañía fantástica cuando en realidad no lo es, por lo tanto la acción está sobrevalorada. ¡Vendamos!”.

Otro ejemplo. El pensamiento básico: “La información indica que va a haber un entorno de bajo crecimiento y aumento de la inflación. ¡Deshagámonos de nuestras acciones!”. Frente al pensamiento perspicaz y su agudeza: “Las perspectivas son muy malas, pero todos los demás van a vender presos del pánico. ¡Compremos!”. Desde Vértigo queremos impulsar un movimiento para pensar con sensatez, con perspicacia. ¿Te crees capaz de pensar mejor que el consenso? Lo vas a notar en lo minoritario que te sientes a ratos: porque los pensadores simplistas piensan de la misma manera que otros pensadores simplistas y claro suelen llegar a parecidas conclusiones.

10 N: ¿Qué es lo que no funciona en el sistema democrático en España?

¿Quién puede hacer qué, desde mañana mismo, para que haya Gobierno estable en España tras las elecciones generales del 10 de noviembre? Tú, yo, cualquiera… Urge inventiva, en lugar de esas encuestas que solo confirman que la mayoría no tiene ni idea de qué hacer y que tiene menos ganas de votar incluso que el mes pasado.

En negociación funciona ensanchar el espacio de entendimiento: hay más de una solución, no hay una sola aguja en el pajar… Quizás haya que empezar por entender “el problema”: ¿Qué es lo que no funciona? ¿La muerte del bipartidismo? ¿La aparición de nuevos partidos? ¿Los votantes, por no votar mayoritariamente a un partido, que es lo que la ley electoral favorece para formar Gobiernos? ¿Anda mal el sistema, por generar la paradoja de que se tengan que poner de acuerdo para cambiar las normas quienes no se ponen de acuerdo para gobernar? Y ¿cuál sería la situación ideal? ¿Que gobernara el candidato más votado, directamente? ¿Que hubiera acuerdo sí o sí?

Quizás esté bien preguntarse cuáles son las causas de que vayamos a las cuartas elecciones generales en 4 años. ¿Qué falta? ¿Qué sobra? ¿Qué impide que haya una solución? Analizar, más que criticar. El siguiente paso sería proponer recetas, remedios para la situación de singobierno actual. Ideas generales sobre lo que podría hacerse y lo que se hace en otros países. Y pasar a la acción.

La inventiva se lleva mal con la crítica hiriente y con los juicios prematuros. Cuantas más respuestas, mejor. Cuanto menos ego, mejor: lo mío y después lo mío… no funciona. No es o tú o yo, ni es el ya me estoy cansando y no voy a ir a votar… Desde Móstoles, desde Fuenlabrada, desde Arroyomolinos, Alcorcón, Leganés, Getafe, Villaviciosa… tenemos algo que aportar.

La gran crisis: Vemos lo que nos han enseñado a ver

La gran crisis no es la económica: esa te pilla siempre de sopetón, por más que avise, como la zapatilla voladora de las madres de antaño. La gran crisis es de percepción: nos creemos que el mundo y la vida es eso que algunos te dicen que es: vacaciones, hipotecas (mileurista, tú también puedes tener un cochazo y vas y te lo compras), un trabajo que no te gusta (y que echas de menos cuando se acaba) y unas rutinas que parecen de otro.


Nos parecemos cada vez más a esas moscas a las que encierras en un frasco grande con tapadera durante unos minutos: al quitarle la tapa el 99,99 por ciento de las moscas cree que no puede salir del frasco. Y no sale. Eres una mosca que se queda presa, creyendo que el límite del universo es ese, el frasco, tu frasco. Hay excepciones, una de cada 100 que se las arregla para salir, pero es insuficiente.

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Despierta. Ves lo que te han enseñado a ver: tu familia, tus maestros, tus colegas… y unos medios de comunicación social cada vez más escorados y manipuladores. Y con toda esa madeja has generado unas creencias que te dejan vivir o no, respirar, atreverte, quejarte, lamentarte.

No te creas ciegamente lo que dice nadie. ¡Pero si el más despabilado no capta ni la millonésima parte de los estímulos que tiene alrededor! Huele, oye, toca, gusta por tu ti mismo. Por tu cuenta.

Julio Rosa deja un legado: donar médula salva vidas

Con la muerte reciente de Julio Rosa a los 13 años por leucemia me asalta un interrogante: ¿Hay que estar en situación límite para dejar huella? Julio concienció al mundo de que ser donante de médula salva vidas. Lo hizo con su resistencia, su sonrisa… y su vida. Traigo el asunto no para despertar ese buenismo efímero que tanto confunde. Creo que Julio nos puede ayudar a ver un poco más lejos: que ser un disfrutón de la vida está bien, pero que convertirlo en nuestra razón de existir es un desperdicio.

Esto no va de que todo quisque se ponga transcendental, que es mucho peor. Simplemente va de pensar en qué podemos aportar en nuestro paso por la vida y que lo hagamos. Si la vida es una sucesión de problemas que vamos resolviendo (a veces a la tercera o cuarta intentona y a veces ni así), al menos compartamos lo aprendido. En plan: Esta es la regla que a mí me sirve para salir de una nube negra… Esto es lo que yo hago cuando la decisión es complicada… y así.

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Sin situaciones límite nos falta claridad, quizás. El niño Julio intuía que cada día podría ser el último y se dedicaba a la misión de que donemos médula. Para mí y para ti también puede ser hoy el último día, por sanos que estemos. Empecemos por diferenciar metas y deseos. Una meta es un objetivo, algo que necesito alcanzar a toda costa. Un deseo es algo que quiero, puede ser un capricho, y a veces es más un impedimento que un impulso. Julio Rosa tenía un objetivo.

Libertad para elegir: también para los deportistas de élite

Al hilo de la muerte televisada de Blanca Fernández Ochoa, se ha puesto el foco en la vida de los deportistas después de sus años felices de triunfos y olas. Suicidas, arruinados, sin identidad… ¡y tan jóvenes! Como si de pronto fuera un problema tener 40 años de vida por delante. En lugar de quitarles las ganas a nuestros niños y jóvenes de ser lo que deseen (incluido deportistas de élite), quiero hoy reivindicar un don de nacimiento que tenemos to-dos y que es muy poco apreciado: la libertad para elegir.

La mayoría cree que la genética y el entorno y las circunstancias mandan. Tienen gran influencia pero no mandan, como nos hace creer una sociedad de victimismo, culpa y pensamiento en masa. Pero si casi hemos convertido en cuestión de Estado qué hacer con los campeones cuando se retiran… ¿Y si lo pensaran ellos y sus representantes mientras están aún en activo? Quienes lo hacen tienen una segunda vida y una tercera donde se realizan como no conseguían delante de los focos. Pero ahí no hay épica parda.

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La libertad de elegir, decía. Todos tenemos la capacidad de dirigir nuestra propia vida. Tú, que lees estas líneas, eres producto de lo que has ido eligiendo en tu vida. El pasado, el presente y el trato de los demás influyen pero no nos determinan. Stephen R. Covey recuerda en El 8º hábito aquella vez que leyó estas frases en un libro por azar:

“Entre estímulo y respuesta hay un espacio.
En ese espacio reside nuestra libertad y nuestra facultad para elegir la respuesta.
En esas elecciones residen nuestro crecimiento y nuestra libertad”.

Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio para la libertad de elegir. Puede ser muy grande si has crecido en un entorno de amor y apoyo. Puede ser liliputiense sin has tenido influencias genéticas, de ambiente y de entorno desfavorables. Pero conocerás ejemplos de personas con un espacio gigantesco para elegir y que han elegido derrumbarse. Y otros que a partir de una gatera encontraron una vida plena. Po-si-bi-li-da-des. No importa lo que hayamos vivido, lo que estemos sufriendo o lo que pueda venir: hay un espacio entre las cosas y nuestra reacción a ellas. Entre la vida y lo que respondemos.

Jesús Rollán, mítico portero de waterpolo, eligió no seguir. Lo mismo que los ciclistas Luis Ocaña y Chava Jiménez. Y el mediofondista Teófilo Benito y el boxeador Urtain, que siempre sale tras la muerte violenta de un deportista. Él decidió que le recordaran por tirarse por el balcón además de por sus triunfos en el ring, donde fue extraordinario. El gran ciclista Bahamontes, que no tuvo precisamente una infancia fácil, eligió promocionar el ciclismo en su ciudad, ayudar a los jóvenes, tener una vida tranquila. Una vida tranquila no vende.

Nosotros decidimos cómo responder a lo que nos pasa, por duro que sea. Nadie dijo que la vida fuera un paseo, por milmillonario y de aplausos que se te ponga durante unos años.

El arte de callar

Ahora que hasta Brad Pitt dice que se ha librado de su alcoholismo hablando de ello en reuniones, en Vértigo reivindicamos el arte de callar y el oficio de ir en la dirección minoritaria. Hablar de nuestras penas ni cura ni consuela, tantas veces. Ni tiene nada de especial. Es un desahogo y la escuchasfera está a punto de explotar de tanto desahogo sin objetivo: hablas en realidad para convencerte a ti mismo y solo un poco…




El silencio tiene una eficacia no valorada hoy. Bueno, hasta que un día los adalides del destape social se pongan a meditar de verdad y recomienden callar. Hasta entonces, que sepas que por mucho que hables de un miedo o una obsesión no se va evaporar. Contarlo y buscar afinidades incluso puede alimentar el miedo y la obsesión. Bien lo saben en las cárceles: la sinceridad siempre se vuelve en contra…

Alternativas: a) Diferencia lo que es bueno contar y lo que es bueno callar. Quizás es lo que ha hecho Brad Pitt en los Alcohólicos Anónimos. b) Sé generoso: lo que a ti te aligera al contarlo, pesa como el pasado al que escucha. c) Cambia el guión de víctima por uno de participante: haz más y cuenta menos.

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