La gran crisis: Vemos lo que nos han enseñado a ver

La gran crisis no es la económica: esa te pilla siempre de sopetón, por más que avise, como la zapatilla voladora de las madres de antaño. La gran crisis es de percepción: nos creemos que el mundo y la vida es eso que algunos te dicen que es: vacaciones, hipotecas (mileurista, tú también puedes tener un cochazo y vas y te lo compras), un trabajo que no te gusta (y que echas de menos cuando se acaba) y unas rutinas que parecen de otro.


Nos parecemos cada vez más a esas moscas a las que encierras en un frasco grande con tapadera durante unos minutos: al quitarle la tapa el 99,99 por ciento de las moscas cree que no puede salir del frasco. Y no sale. Eres una mosca que se queda presa, creyendo que el límite del universo es ese, el frasco, tu frasco. Hay excepciones, una de cada 100 que se las arregla para salir, pero es insuficiente.

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Despierta. Ves lo que te han enseñado a ver: tu familia, tus maestros, tus colegas… y unos medios de comunicación social cada vez más escorados y manipuladores. Y con toda esa madeja has generado unas creencias que te dejan vivir o no, respirar, atreverte, quejarte, lamentarte.

No te creas ciegamente lo que dice nadie. ¡Pero si el más despabilado no capta ni la millonésima parte de los estímulos que tiene alrededor! Huele, oye, toca, gusta por tu ti mismo. Por tu cuenta.

Julio Rosa deja un legado: donar médula salva vidas

Con la muerte reciente de Julio Rosa a los 13 años por leucemia me asalta un interrogante: ¿Hay que estar en situación límite para dejar huella? Julio concienció al mundo de que ser donante de médula salva vidas. Lo hizo con su resistencia, su sonrisa… y su vida. Traigo el asunto no para despertar ese buenismo efímero que tanto confunde. Creo que Julio nos puede ayudar a ver un poco más lejos: que ser un disfrutón de la vida está bien, pero que convertirlo en nuestra razón de existir es un desperdicio.

Esto no va de que todo quisque se ponga transcendental, que es mucho peor. Simplemente va de pensar en qué podemos aportar en nuestro paso por la vida y que lo hagamos. Si la vida es una sucesión de problemas que vamos resolviendo (a veces a la tercera o cuarta intentona y a veces ni así), al menos compartamos lo aprendido. En plan: Esta es la regla que a mí me sirve para salir de una nube negra… Esto es lo que yo hago cuando la decisión es complicada… y así.

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Sin situaciones límite nos falta claridad, quizás. El niño Julio intuía que cada día podría ser el último y se dedicaba a la misión de que donemos médula. Para mí y para ti también puede ser hoy el último día, por sanos que estemos. Empecemos por diferenciar metas y deseos. Una meta es un objetivo, algo que necesito alcanzar a toda costa. Un deseo es algo que quiero, puede ser un capricho, y a veces es más un impedimento que un impulso. Julio Rosa tenía un objetivo.

Libertad para elegir: también para los deportistas de élite

Al hilo de la muerte televisada de Blanca Fernández Ochoa, se ha puesto el foco en la vida de los deportistas después de sus años felices de triunfos y olas. Suicidas, arruinados, sin identidad… ¡y tan jóvenes! Como si de pronto fuera un problema tener 40 años de vida por delante. En lugar de quitarles las ganas a nuestros niños y jóvenes de ser lo que deseen (incluido deportistas de élite), quiero hoy reivindicar un don de nacimiento que tenemos to-dos y que es muy poco apreciado: la libertad para elegir.

La mayoría cree que la genética y el entorno y las circunstancias mandan. Tienen gran influencia pero no mandan, como nos hace creer una sociedad de victimismo, culpa y pensamiento en masa. Pero si casi hemos convertido en cuestión de Estado qué hacer con los campeones cuando se retiran… ¿Y si lo pensaran ellos y sus representantes mientras están aún en activo? Quienes lo hacen tienen una segunda vida y una tercera donde se realizan como no conseguían delante de los focos. Pero ahí no hay épica parda.

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La libertad de elegir, decía. Todos tenemos la capacidad de dirigir nuestra propia vida. Tú, que lees estas líneas, eres producto de lo que has ido eligiendo en tu vida. El pasado, el presente y el trato de los demás influyen pero no nos determinan. Stephen R. Covey recuerda en El 8º hábito aquella vez que leyó estas frases en un libro por azar:

“Entre estímulo y respuesta hay un espacio.
En ese espacio reside nuestra libertad y nuestra facultad para elegir la respuesta.
En esas elecciones residen nuestro crecimiento y nuestra libertad”.

Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio para la libertad de elegir. Puede ser muy grande si has crecido en un entorno de amor y apoyo. Puede ser liliputiense sin has tenido influencias genéticas, de ambiente y de entorno desfavorables. Pero conocerás ejemplos de personas con un espacio gigantesco para elegir y que han elegido derrumbarse. Y otros que a partir de una gatera encontraron una vida plena. Po-si-bi-li-da-des. No importa lo que hayamos vivido, lo que estemos sufriendo o lo que pueda venir: hay un espacio entre las cosas y nuestra reacción a ellas. Entre la vida y lo que respondemos.

Jesús Rollán, mítico portero de waterpolo, eligió no seguir. Lo mismo que los ciclistas Luis Ocaña y Chava Jiménez. Y el mediofondista Teófilo Benito y el boxeador Urtain, que siempre sale tras la muerte violenta de un deportista. Él decidió que le recordaran por tirarse por el balcón además de por sus triunfos en el ring, donde fue extraordinario. El gran ciclista Bahamontes, que no tuvo precisamente una infancia fácil, eligió promocionar el ciclismo en su ciudad, ayudar a los jóvenes, tener una vida tranquila. Una vida tranquila no vende.

Nosotros decidimos cómo responder a lo que nos pasa, por duro que sea. Nadie dijo que la vida fuera un paseo, por milmillonario y de aplausos que se te ponga durante unos años.

El arte de callar

Ahora que hasta Brad Pitt dice que se ha librado de su alcoholismo hablando de ello en reuniones, en Vértigo reivindicamos el arte de callar y el oficio de ir en la dirección minoritaria. Hablar de nuestras penas ni cura ni consuela, tantas veces. Ni tiene nada de especial. Es un desahogo y la escuchasfera está a punto de explotar de tanto desahogo sin objetivo: hablas en realidad para convencerte a ti mismo y solo un poco…




El silencio tiene una eficacia no valorada hoy. Bueno, hasta que un día los adalides del destape social se pongan a meditar de verdad y recomienden callar. Hasta entonces, que sepas que por mucho que hables de un miedo o una obsesión no se va evaporar. Contarlo y buscar afinidades incluso puede alimentar el miedo y la obsesión. Bien lo saben en las cárceles: la sinceridad siempre se vuelve en contra…

Alternativas: a) Diferencia lo que es bueno contar y lo que es bueno callar. Quizás es lo que ha hecho Brad Pitt en los Alcohólicos Anónimos. b) Sé generoso: lo que a ti te aligera al contarlo, pesa como el pasado al que escucha. c) Cambia el guión de víctima por uno de participante: haz más y cuenta menos.

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Desacuerdo reflexivo para políticos y más

¿Os imagináis que en la política nacional, autonómica y local, tan revueltas, se practicara el desacuerdo reflexivo? Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Casado, Abascal y Rivera. Es un arte.
El propósito no es convencer al otro de que llevamos razón, sino averiguar qué opinión es la correcta en cada asunto y decidir.

Dice Ray Dalio que cuando dos personas tienen opiniones opuestas, es muy probable que una de las dos se equivoque y que es bueno saber si no eres tú mismo el equivocado. ¿Os imagináis que en las conversaciones en las redes y en la vida tuviéramos el objetivo de no perdernos ninguna perspectiva importante?




Es fácil: solo exige práctica. Y empieza por cada uno de nosotros. Cómo:

1/ Enfocando la conversación de modo que quede claro que solo tratas de entender al otro.
2/ Preguntando en vez de afirmar.
3/ Dirigiendo el debate de forma sosegada, sin apasionamiento.
4/ Y animando a la otra parte a hacer lo mismo.

Convertimos todo en discusión. Y perdemos la oportunidad de aprender. Ahí empieza el error. Si no aprendes nada, es imposible cambiar de opinión. El desacuerdo reflexivo va de explorar los puntos de vista. Solo funciona si tú eres razonable y la otra parte también. Si usas el respeto, la calma, si eres afable, aunque hables de convicciones.

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No se trata de fingir. Al contrario: se trata de encontrar respuestas. Con preguntas potentes como estas:

¿Prefieres que te diga sin tapujos lo que pienso y lo que quiero saber o prefieres que me lo guarde?
¿Vamos a intentar convencernos mutuamente de que llevamos razón o vamos a escucharnos y a evaluar los puntos de vista de cada uno para llegar a la verdad?
¿Discutes conmigo o intentas entender mi visión?

Yo sobrevaloro, tú minusvaloras, ella…

Sobrevaloramos lo que nos gusta y a quienes nos gustan. Y minusvaloramos lo que no nos gusta y a quienes no nos gustan. Y así, como hinchas, decidimos lo que vale o no vale, lo que es bueno y lo que es malo, y atacamos o defendemos como mercenarios sin causa. Los hechos: la alcaldesa de Móstoles (PSOE) tiene potestad legal para designar cargos de su confianza y pagarlos el sueldo establecido, 52.000 euros anuales, nos parezca mucho o poco. ¿Habría tanto revuelo, si Noelia Posse hubiera designado a una desconocida en lugar de a su hermana? ¿Le habríamos reclamado el currículo al cargo de libre designación anónimo, como hemos hecho con su hermana? Por aquello de serlo y parecerlo, se ha hecho y, sorpresa, tiene una titulación que podría encajar en el puesto para el que se la ha nombrado. Poca carnaza para la hinchada.




El único filtro para un cargo de libre designación es la confianza: Noelia Posse confía en su hermana. No hay más que decir. Si no, que cambien los criterios de elección de los cargos. Pero habría que empezar entonces por los propios políticos: en los gobiernos de todas las siglas está pasando: puedes ser concejala de Economía y no saber leer ni leer un informe. Puedes ser concejal de Educación con el graduado escolar con apuros y el mérito de llevar lemas en la camiseta verde.

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La cuestión es: cómo se regula el uso del dinero público, el dinero de todos y que algunos creen de nadie. Me recuerdan a esas personas que en cada frase dicen corrupción o facha o comunista y que al oído te dicen: mi hija está en paro, ¿sabes de algo? A la trituradora con ese gen cicatero que te hace adorar lo que es familiar y odiar lo que es del adversario.

Oscar Wilde decía que para poner a prueba la realidad hemos de verla en la cuerda floja. Seguro que Noelia Posse se ha dado cuenta de cosas y no verá igual lo que pasa en otros patios y otras siglas.

¿Y si damos el beneficio de la duda no solo a quien valoramos, sino también a quienes detestamos?

Llegará

No hay un éxito de la noche a la mañana. Ni un golpe de suerte. Golpetazo tendría que ser. Lo que hay son miles de días de suerte que se van sumando. Lo hablábamos esta semana en el Club de los Optimistas en la Cadena Ser Madrid Oeste, con Yoly Bermúdez, fotógrafa en su primera exposición.

En Vértigo creemos en ese cambio que abre un resquicio a los ideales que arrinconamos con la vida, de tan empachados como estamos de realismo y nada. Y, cuando te comprometes, la providencia y sus agentes se enteran y tarde o temprano te impulsan. Paciencia.

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Cuando empiezas a hacer, ocurren cosas. Son como acontecimientos fortuitos que te empiezan a favorecer. Como accidentes que solo cuajan cuando tienes la mente preparada: o sea cuando tienes pensamientos rectos y no esos pensamientos de mierda que gastamos tantas veces.

Tener la mente preparada se parece a aquello que decía Ovidio de dejar el cebo puesto siempre, por si aparece el pez. Creo en que el mundo colabora con el atrevimiento y con los planes que contribuyen al interés general. Paciencia.

Nuestra fórmula:
Desea: lo que está en tu mano.
Pide: lo que de verdad te importa.
Cree: con confianza total.
Y recibe: que llegará.

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Desbloquéate

Hoy vamos a hablar del bloqueo. Uhhh. De esa resistencia que te impide ponerte ya a hacer lo que deseas y, de paso, dejar lo que aborreces. Nos bloqueamos frente a lo que no nos da placer inmediato: ¡resultados ya! Nos bloqueamos ante las decisiones cruciales. Nos bloqueamos al comprometernos de corazón. Con las vocaciones también pasa. Y el primer paso para el desbloqueo se hace un mundo.

¿Cómo es esa resistencia o ese bloqueo que nos impide vivir como podríamos? Vamos a conocer al adversario para poder noquearlo o, mejor aún, para poder llevarlo a nuestro terreno.

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El bloqueo…
Es Invisible, pero se puede sentir, como un campo de fuerza…
Es interno: viene de ti mismo, de dentro de ti. Es como el enemigo interior.

Es mentiroso, falsifica, seduce, obliga: el caso es impedirte hacer lo que podrías hacer.
Es implacable: con el bloqueo no se puede razonar. Y es infatigable. No se detiene. No se cansa.

Es impersonal, es una fuerza de la naturaleza.
Es una llamada para hacer algo: cuanto más importante es lo que queremos hacer, más resistencia sentimos, más nos bloqueamos.

Es universal: todos lo sentimos, todos batallamos, y algunos ganamos.
El bloqueo nunca duerme: es una batalla que vas a pelear día a día. El guerrero más experimentado puede vomitar antes de cada batalla. La clave es si finalmente luego sale a combatir.

El bloqueo juega para ganar: y lo hace a muerte.
Su combustible: el miedo. Nosotros provocamos el miedo que el bloqueo necesita.

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¿Lo sientes? Pues es una buena señal: el bloqueo solo asoma al pasar de una esfera inferior a una superior: de algo bueno a algo mejor, todavía más. Y ese es el camino para crear la vida que deseamos.

Recompensas y riesgos

Jugarse la piel es, en trazo grueso, evitar que otros paguen el precio de tus errores. ¿Conoces a gente que pague el paquete de sus equivocaciones? Pues de ello va esta sección de Vértigo. Jugarse la piel es vivir con responsabilidad: si yerro, pago. Imagina que en la política, tan revuelta, cundiera ese ejemplo: voy a implantar esta reforma para reducir el paro. Si no lo consigo, me marcharé a casa, dejaré que otra persona aplique sus fórmulas. Aplausos.

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Jugarse la piel es poner algo de ti en lo que haces: la empresa demoscópica que hace sus sondeos: si se equivoca, tendrá que pedir disculpas y devolver el dinero. Los opinadores: “Estoy seguro de que Pedro Sánchez va a…”. Si no se produce, que el opinador pida disculpas y se dedique a otra cosa: los vaticinios no son lo suyo. Empezaría a escucharse más: No sé… y de ahí a la sabiduría.

Jugarse la piel es vivir sin esa red blanda que está empobreciéndolo todo: la del nunca-pasa-nada. ¿Digo y no cumplo? Va, si a la gente se le olvida. Es vivir con autenticidad. Es decir darlo-todo y darlo. Jugarse la piel tiene algo de carácter: es que no haya brecha entre lo que digo y lo que hago. Difícil, pero no imposible. Un libro dice que te va a enseñar a hacerte rico: ¿Es rico el autor? ¿No? Pues a la trituradora el libro, como mínimo por no aplicarse sus propios consejos.

Un mundo que se juega la piel será menos lacrimógeno, menos mercadotécnico y más sincero. “Esto es cáncer y no sé si te podré salvar la vida”. Y a partir de ahí tú decides lo que haces: llorar, vivir como si el mundo se acabara, serenarte.

Jugarse la piel debe tener recompensas. Creo que ya las tiene. Mira a tu alrededor para ver qué pasa con quienes se han jugado el pellejo, la vida. A esos, sí, hay que subirlos como mínimo el sueldo.

La sierra o la vida

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Cuando me embarranco por algo, me acuerdo de ese leñador que se presentó a trabajar en un aserradero. Entusiasmado por la oportunidad, el primer día salió al bosque y serró 18 árboles. “Te felicito. Sigue así”, le dijo el capataz. Pletórico por los logros, al segundo día quiso mejorar su marca, pero serró 15 árboles. Sorprendido, pensó que la clave estaba en el descanso: se acostó más temprano y a la mañana siguiente cortó ¡10 árboles! Y luego 7 árboles, y un día después apenas 5 y luego 2… Destruido mental y moralmente, se dirigió al capataz para decirle que lo dejaba, que sentía que le estaba decepcionando. “No sé qué me pasa, ni entiendo por qué he dejado de rendir en el trabajo”. El capataz, muy sabio, le preguntó: “¿Cuándo afilaste tu sierra por última vez?”. Y él, estupefacto: “¿Afilar? Jamás lo he hecho: no podía perder tiempo en eso, estaba muy ocupado serrando árboles”.

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Stephen Covey dice que afilar la sierra es el último hábito de la gente altamente efectiva. Vivir una vida plena depende de que afiles tu sierra: haz ejercicio, come mejor, controla el estrés, practica tu seguridad, planifica, visualiza, lee y pon en limpio tus valores, cada cierto tiempo. Empieza ya. Septiembre puede ser tu mes.