“Desescalada”, en una escuela de danza: “El cierre definitivo es la última opción… pero la considero”

A Paula, propietaria de la escuela de danza Paula García, el confinamiento le cogió con 140 alumnos y un proyecto rentable. Bajó la cancela un miércoles con la idea de que el cierre “durara 15 días, hasta el 26 de marzo” y han pasado dos meses. Ahora, en la “desescalada”, las escuelas de danza tienen que esperar a la fase 2, y Móstoles, como toda la Comunidad de Madrid, está en la fase 0,5.

—No sé si voy a volver a abrir. Hay mucha incertidumbre y no tenemos una normativa clara: las escuelas de danza no estamos en ningún epígrafe de la desescalada: ni somos gimnasios ni academias como las de inglés o refuerzo… Desde las asociaciones de escuelas de danza se ha elevado un escrito a Sanidad para saber qué debemos hacer —dice Paula, bailarina y emprendedora.

La Escuela de Danza Paula García está en el barrio de El Soto de Móstoles.
—Mi alumnado es gente de barrio, familias humildes, papás y mamás en Erte o sin trabajo: si me obligaran a disminuir el número de alumnos, tendría que subir las cuotas para que fuera rentable y quizás las familias no puedan pagar.

Lo que intuye:
—Cada bailarían tendrá que tener un perímetro de seguridad, los papás y mamás no podrán entrar, tendremos hidrogeles, habrá que descalzarse al entrar y ponerse el calzado de baile. Y reducir el aforo de forma considerable. Pero, claro, si ahora tengo grupos de 16 niñas, qué hago con grupos de 8 o de 5. No tengo horas ni espacios en la tarde para atender a todos.

Ahorros y ayuda estatal

La joven bailarina, mamá de una niña pequeña, vive ahora de los ahorros y de la ayuda del Estado por el cese de su actividad como autónoma. Nunca habría imaginado un parón así, con todo lo que ha batallado en estos 5 años y medio desde que arrancó.

—El cierre fue un jarro de agua fría, a mitad del mes de marzo. Esperábamos que iba ser de 15 días, pero se fue alargando y alargando… Y ahora tenemos que esperar a la fase 2 y la escuela de danza con alumnos amateur es un negocio que en el verano no funciona: en julio hacemos intensivos con maestros y para alumnos que se examinan en el conservatorio, pero en agosto siempre cerramos.

Casera “comprensiva”

Ahora mismo está preparando clases y cursos, y afrontando los pagos básicos. Por fortuna, su casera le ha dicho que no le cobrará alquiler mientras dure el estado de alarma.

—La propietaria es una mujer comprensiva y desde el primer momento me dijo que no me iba a pasar el alquiler de los meses en que la escuela estuviera cerrada por el estado de alarma—agradece—. De otro modo tendría que haber cerrado definitivamente.

—¿El futuro?
—Lo veo incierto. No sabemos ni cómo van a empezar los colegios y dependemos de los niños de los coles. Entiendo el miedo de las familias: si al cole van a poder ir la mitad de la clase y no se van a poder juntar, cómo vas a meterlos en una escuela de danza, que es un sitio cerrado.

—Y ¿entonces?
—Soy auxiliar de enfermería. Estuve trabajando varios años para poder abrir la escuela. Si no puedo reabrir la escuela, volveré a ejercer. El cierre definitivo es la última opción… pero la considero.

Cada mañana Paula se levanta con la ilusión de tener una noticia que le dé esperanza o le reduzca la incertidumbre.
—Profe, ¿sabemos algo? —le suelen preguntar las alumnas.

De momento, toca esperar.

La sierra o la vida

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Cuando me embarranco por algo, me acuerdo de ese leñador que se presentó a trabajar en un aserradero. Entusiasmado por la oportunidad, el primer día salió al bosque y serró 18 árboles. “Te felicito. Sigue así”, le dijo el capataz. Pletórico por los logros, al segundo día quiso mejorar su marca, pero serró 15 árboles. Sorprendido, pensó que la clave estaba en el descanso: se acostó más temprano y a la mañana siguiente cortó ¡10 árboles! Y luego 7 árboles, y un día después apenas 5 y luego 2… Destruido mental y moralmente, se dirigió al capataz para decirle que lo dejaba, que sentía que le estaba decepcionando. “No sé qué me pasa, ni entiendo por qué he dejado de rendir en el trabajo”. El capataz, muy sabio, le preguntó: “¿Cuándo afilaste tu sierra por última vez?”. Y él, estupefacto: “¿Afilar? Jamás lo he hecho: no podía perder tiempo en eso, estaba muy ocupado serrando árboles”.

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Stephen Covey dice que afilar la sierra es el último hábito de la gente altamente efectiva. Vivir una vida plena depende de que afiles tu sierra: haz ejercicio, come mejor, controla el estrés, practica tu seguridad, planifica, visualiza, lee y pon en limpio tus valores, cada cierto tiempo. Empieza ya. Septiembre puede ser tu mes.

Lobo Solitario y los coyotes

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En el libro “Negociar es fácil, si se sabe cómo…”, el autor, Alejandro Hernández, relata la peripecia de Lobo Solitario. Este joven indio de la tribu kiowa salió un día a cazar al gran bisonte. Quería que todos supieran que era un gran cazador. En efecto, consiguió derribar un bisonte macho de 400 kilos, lo ató al caballo y se puso en camino de retorno. Al poco, asomó un coyote de entre la maleza. Lobo Solitario sabía que era una batalla perdida pelear con un coyote hambriento. Así que se le ocurrió cortar un trozo del bisonte muerto y se lo lanzó lo más lejos que pudo y lo dejó ahí devorando mientras él se apresuraba en dirección a casa. Cuando creía que estaba salvado y con el camino despejado, se le apareció el coyote anterior ¡acompañado de otros dos! Lobo Solitario se resignó: sacó el cuchillo, cortó un pedazo de carne para cada uno y se los echó todo lo lejos que pudo. Se puso en ruta rápido, pero el caballo estaba cansado de arrastrar el bisonte, todo iba más lento de lo deseable, y… cuando ya tenía la aldea a la vista miró hacia atrás y se sorprendió de que lo acompañaban ¡cinco coyotes! Les arrojó filetes para todos. Y entonces aparecieron ¡10 coyotes…! Lobo solitario se dio cuenta de algo: cuantos más filetes lanzaba, más enemigos aparecían.

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En negociación dicen que cuantas más concesiones hagas al otro, más te pedirá. Volviendo a Lobo Solitario: cuenta la leyenda que al llegar a la aldea el jefe le reprochó: “¡Has enseñado a los coyotes que cada vez que quieran comer carne de bisonte no tienen más que atacar a un indio a caballo! ¡Y les has enseñado el camino a nuestra aldea!”. La generosidad, tu generosidad, no se contagia, quizás convenga recordarlo…

Daniel Martín

editor de Vértigo

Reflexiona, cada día

“Decir que no tienes tiempo para mejorar tus pensamientos es como decir que no puedes echar gasolina porque estás demasiado ocupado conduciendo”. Robin Sharma.

Yo reflexiono. ¿Tú reflexionas? 10 minutos al día bastan. El impacto en tu vida será profundo. El tiempo de un descanso y un café. 10 minutos para pensar dónde estás y sobre todo hacia dónde vas. “Si es que mi problema es que pienso demasiado…”. No. Tu reto es pensar mejor. Pensar diferente.

La reflexión que propongo es cómo mejorar día a día. Una de las tareas es dedicar 10 minutos cada día a hacer las cosas mejor. Los resultados son sorprendentes. Pones al cerebro a buscar y encuentra. Necesitas quietud y silencio. Al principio, cuesta. Y genera extrañeza. En la quietud y el silencio hay poder. Recuérdalo.

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La reflexión te puede servir para entrenar la técnica del pensamiento opuesto. La mente solo puede pesar una cosa cada vez. Así que, cuando te llegue un pensamiento indeseable, limitante, de los que no te sirve para nada, sustitúyelo por uno poderoso, ejemplar. Imagina que tu mente es un proyector: cuando aparezca una imagen negativa, sustitúyela por una positiva. Tiene que ver con el autoconocimiento: te das cuenta de tus pensamientos basura y te propones eliminarlos. De ahí vas al autodominio: con la facilidad con que los pensamientos positivos han entrado en tu vida, puedes sustituirlos por pensamientos alegres. Concéntrate: alegría y actividad. Siente que eres feliz. Es posible que empieces a sonreír. Siéntate erguido, respira profundamente y dirige el poder de tu mente hacia esos pensamientos.

Resulta que la reflexión te puede cambiar el día. Fíjate en lo que piensas: pensamientos de baja calidad generan una vida de baja calidad. Mentes débiles generan actos débiles. Una práctica diaria de reflexión, 10 minutos, hará milagros. Crearás una mente fuerte, disciplinada. ¡Adiós turbulencia interna!

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Sufrir o no

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“Mi vida ha estado llena de terribles desdichas… la mayoría de las cuales nunca ocurrieron”. Esta frase del mejor ensayista de todos los tiempos, Montaigne, nos pone en la pista de una distinción vital: entre dolor y sufrimiento. Porque hay una diferencia significativa entre las dos palabras. El dolor tiene unos fundamentos biológicos que afectan al sistema nervioso. Y el sufrimiento tiene que ver con la interpretación que hacemos de lo que nos sucede. “No son las cosas las que atormentan a los hombres, sino las opiniones que se tienen de ellas” (Epicteto). ¿Quiere decir entonces que si soy capaz de modificar la interpretación de algunas cosas que me ocurren me liberaré del sufrimiento asociado? Elemental. De ahí que haya supervivientes de campos de concentración y gente atormentada por una verruga en la nariz.

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El sufrimiento es un error en el pensamiento: ahí están esos padres que viven acobardados por el miedo a que sus hijos sufran algún percance; los odiadores profesionales, con la venganza como sinrazón de existir; los que cierran las puertas a la vida: sufro, sufro mucho, no puedo hacer nada distinto; los que se resisten a aceptar las pérdidas inevitables; y los que niegan el dolor, lo disfrazan y lo enmascaran con la bebida, la falsa fiesta… Frente a quienes se quedan anclados al sufrimiento –tan exhibicionista, estruendoso y superficial-, están los que aprenden a mirar de frente a la vida y admiten que cada vez que nos relacionamos con el entorno podemos sentir placer pero también dolor –silencioso y sin porqués-. Dos caras, la misma moneda.
Viktor Frankl, psiquiatra alemán víctima de los nazis, sobrevivió a los campos de concentración fantaseando, en los momentos brutales, con el día en que estaría tomando café con otros médicos en su hospital. Ese día llegó. Frankl solía preguntar a sus pacientes más sufridores, muchos años más tarde: “¿Por qué no se suicida usted?”. Sorpresa: hasta el más pesimista encontraba razones para seguir…

Daniel Martín

editor de Vértigo

Las 5 leyes del oro

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Si pudieras escoger entre un saco lleno de oro y una tabla de arcilla donde estuvieran grabadas unas palabras llenas de sabiduría, ¿qué escogerías?

Si has elegido la bolsa del dinero, esto no es para ti porque creerás que no necesitas asesoramiento y estarás camino de cualquier parte para gastártelo. Si sigues aquí es porque te interesan los consejos de la sabiduría. Son 5. Las 5 leyes del oro. Vistas en el inolvidable libro “El hombre más rico de Babilonia”, de George S. Clason.

Reserva una parte
“El oro acude fácilmente, en cantidades siempre más importantes, al hombre que reserva no menos de una décima parte de sus ganancias para crear un bien en previsión de su futuro y el de su familia”.

Ponlo a trabajar para ti
“El oro trabaja con diligencia y de forma rentable para el poseedor sabio que le encuentra un uso provechoso, y se multiplica incluso como los rebaños en los campos. El oro es un trabajador voluntarioso. Siempre está impaciente por multiplicarse cuando se presenta la oportunidad. (…) Con los años, el oro se multiplica de manera sorprendente”.

Invierte sabiamente
“El oro permanece bajo la protección del poseedor prudente que lo invierte según los consejos de hombres sabios. El oro se aferra al poseedor prudente, aunque se trate de un poseedor despreocupado”.

Peligrosa inexperiencia
“El oro escapa al hombre que
invierte sin fin alguno en empresas que no le son familiares o que no son aprobadas por aquellos que conocen la forma de utilizar el oro. Para el hombre que tiene oro pero que no tiene experiencia en los negocios muchas inversiones
parecen provechosas”.

Sin forzar
“El oro huye del hombre que lo fuerza en ganancias imposibles, que sigue el seductor consejo de defraudadores y estafadores o que se fía de su propia inexperiencia y de sus románticas intenciones de inversión. El nuevo poseedor de oro siempre se encontrará con proposiciones extravagantes que son tan emocionantes como la aventura… Pero, verdaderamente, desconfiad: los hombres sabios conocen bien las trampas que se esconden detrás de cada plan que pretende enriquecer de forma repentina”.

Visualiza lo que deseas

¿Y si usas la imaginación para crear lo que deseas, en lugar de mortificarte con carencias, limitaciones y problemas? Lo llaman visualización creativa, y da resultado.

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La visualización creativa es una técnica y se puede aplicar al amor, al mundo profesional, a la salud, a la belleza, a la prosperidad… Consiste en acceder a todo lo positivo que nos ofrece la vida creando una imagen mental de ello. Representamos con claridad lo que deseamos que se produzca y nos centramos de lleno en esa idea, en esa imagen, en esa sensación, y le aportamos energía positiva a diario. Hasta que consigamos lo que hemos visualizado.
Sirve para un objetivo físico, uno emocional, uno mental o uno espiritual.

Puedes visualizarte en el trabajo que deseas, con la sensación de serenidad que anhelas o aprendiendo como nunca. Puedes visualizarte saliendo airosamente de una situación complicada. Los resultados son evidentes. En su fabuloso libro “Visualización creativa”, Shakti Gawain pone el ejemplo de alguien que está a disgusto en su lugar de trabajo e indica cómo visualizarse en otro estado:
“Primero relájate hasta alcanzar un estado mental profundo, sereno y propicio para la meditación, y luego imagínate desempeñando tu ocupación laboral ideal. Mírate a ti mismo en un entorno físico óptimo, realizando un trabajo que te gusta y te llena, relacionándote con gente que te rodea de una manera armoniosa, recibiendo el aprecio de los demás y la remuneración que consideras adecuada. Añádele detalles: el horario, el nivel de autonomía que deseas. Trata de experimentar la sensación de que todo eso es posible. Siéntelo como si lo estuvieras viviendo ya: ¡como si ya fueran así! Repite el ejercicio dos o tres veces al día, o al menos siempre que pienses en la cuestión”.

Dice Gawain que lo normal es notar muy pronto cambios positivos. No sirve para “controlar” el comportamiento de otros o para hacer que otros realicen algo que no desean. Lo que logra la visualización es derribar nuestras barreras internas y centrarnos en los aspectos más positivos. La autora admite que puede parecer asombroso o imposible a primera vista, dado “el limitado carácter de la educación que han recibido nuestras mentes”, pero se aprende. No olvides que la forma sigue a la idea. Primero creamos las cosas en nuestro pensamiento: Creo que voy a hacer la cena, y la preparamos. Quiero un vestido nuevo, es la idea previa a la compra. El artista primero se inspira y luego crea. Tener una idea o un pensamiento alojados en nuestra mente atraerá la forma en el plano material.

Sostiene Gawain que esto se aplica incluso a la enfermedad: si pensamos constantemente en la enfermedad, podemos acabar enfermando. “Y si pensamos en nosotros mismos como algo hermoso, acabaremos siéndolo”. Si no se siembra, no se recoge. Si adoptamos una actitud básicamente positiva, atraeremos situaciones, acontecimientos y personas conforme a nuestras expectativas. A mí me está pasando. Hace tiempo no lo habría creído. Y por eso no me sucedía. Lectura para este inicio de curso: “Visualización creativa”, de Shakti Gawain.

La teoría de la aldea

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Los antropólogos dicen que tenemos un número limitado de relaciones personales importantes y estimulantes. La pauta habitual es tener dos amigos importantes durante la infancia, dos amistades adultas significativas y dos médicos. Te enamoras una sola vez, tienes dos parejas sexuales que eclipsan a las demás y hay un miembro de la familia al que quieres más que al resto. Da igual donde vivas, tu nivel de refinamiento y tu cultura: la cantidad de relaciones personales significativas es limitada y extraordinariamente parecida.
En antropología se conoce como la teoría de la aldea; en las aldeas africanas las relaciones se establecen dentro de unos cientos de metros cuadrados y se generan en un periodo breve. Para quienes estamos fuera de África el espacio puede ser el mundo entero y el periodo la vida completa, pero el caso es que las relaciones se forjan en nuestra aldea “mental”.
Lo cuenta Richard Koch en “El Principio 80/20” y me ha parecido significativo traerlo a Vértigo por si te puede servir para pensar y explicarte en este final de verano (el periodo estival es el tiempo idóneo para hacer propósitos distintos y no el año nuevo). Los antropólogos llegan a decir que, si alguien tiene demasiadas experiencias muy pronto, se le agotará su capacidad de establecer amistades íntimas. Puede que esto explique la superficialidad de algunas personas: por su profesión o circunstancias han tratado con muchísimas personas, que han ocupado su aldea mental y ya no hay sitio para más. Algunos experimentos legendarios evidencian por qué a personas que tuvieron una juventud de prostitución, delincuencia y vida al filo les es imposible experimentar relaciones íntimas más adelante, en un entorno distinto, y con todo para rehacer la vida.
Una pequeña parte de las relaciones, como el 20 por ciento, se lleva el 80 por ciento del valor emocional. “Ocupa los espacios emocionales con mucho cuidado y no te apresures”.

Haz lo que puedas

Las personas más valiosas que conozco coinciden en una actitud general: da igual dónde estén y da igual el asunto: ellos siempre hacen lo que pueden con lo que tienen en ese momento. Puede parecer poca cosa, de sopetón, porque le falta misterio, pócima secreta y ceremonial. Pero es así de evidente y maravilloso. Las personas más inspiradoras saben lo que quieren en la
vida y asumen que la vida te hace pagar un precio por ello. Su grandeza no está en el éxito, que lo tienen, sino en cómo superan la frustración, que aparece tarde o temprano, pues a nadie le sale todo bien.
Las personas más valiosas que conozco son encajadoras. Controlan sus reacciones. Consideran los noes como obstáculos esquivables, y con flexibilidad e inteligencia los utilizan como impulso hacia el sí. La mayoría ha descubierto, algunos tras muchos tropezar, que la clave no está en ponerse bravucón ante las adversidades sino en reconducir las fuerzas contrarias en una dirección nueva. Fuerza contra fuerza no funciona.

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Las personas más valiosas que conozco saben que es muy-muy complicado persuadir a alguien para que haga lo que no desea hacer, y que es fácil conducir a ese alguien hasta donde está deseando ir. De lo que se trata es de edificar siempre sobre puntos de acuerdo y tirar de humor e inteligencia, especialmente cuando el trato que se recibe no es muy inteligente.
Las personas más valiosas que conozco tienen una jerarquía de valores consecuente. Me explico: conseguir algo, por bueno que parezca, no te satisfará o realizará del todo, si en el fondo deseas otra cosa. Ni con un millón de euros vivirás feliz, si el modo en que vives choca con tus valores más profundos. ¿Amor? ¿Poder? ¿Éxito? ¿Libertad? ¿Pasión? ¿Intimidad? ¿Aventura? ¿Salud? ¿Seguridad? ¿Comodidad?
Daniel Martín
Editor de Vértigo

Pastillas para héroes

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Hay un poema de Kipling que podría regalarse como un complemento energético. Homenajea al héroe cotidiano, capaz de mantener la cabeza en su sitio cuando todo el entorno la ha perdido y le culpa a él; a ese héroe que sigue creyendo en sí mismo cuando todos dudan y que a la vez acepta que los demás tengan dudas; a ese individuo que espera, que sueña sin dejarse dominar por los sueños, y que sabe que el triunfo y el desastre son dos impostores. Las pastillas Kipling nos recordarían que hay que estar preparado para ver cómo otros destruyen aquello por lo que has dado la vida… y remangarse para reconstruirlo con las herramientas que tengas a mano. Porque hay veces en que hay que arriesgarlo todo en una sola jugada y empezar de nuevo si se pierde, sin victimizarse con la pérdida. Y resistir. Sí. Que ni amigos ni enemigos puedan herirte y que todos puedan contar contigo pero ninguno demasiado. Pastillas Kipling. Pastillas para héroes. Próximamente…

Daniel Martín
Editor de Vértigo