¿Eres un líder? Razones aquí

El especialista en liderazgo Andreas von der Heydt ha compilado las habilidades más destacadas y comunes entre los líderes con los que ha tratado.

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Humildad: Los líderes se equivocan y lo hacen con frecuencia, desde una edad temprana. Ellos aprenden de sus errores, los admiten y se comportan con humildad.

Lo imposible: Los líderes contemplan lo imposible para en cualquier trance conseguir lo máximo posible. Audacia y valentía, indispensables.

Empatía y firmeza: Los líderes se ponen en los zapatos de su equipo, siempre. Eso no merma su firmeza. Los líderes dan a los demás lo que consideran necesario y no lo que los demás quieren.

Eficacia y eficiencia: Pueden darse a la vez, porque el líder es capaz de hacer lo correcto de la mejor manera posible.

Focaliza, focaliza: Los líderes hacen un arte de la ejecución de sus proyectos. Se concentran en la toma de decisiones y las ponen en práctica de la menor manera posible, hasta el final.

Estrategia y peón: Los líderes encarnan lo mismo al poeta que al campesino, con el mismo ímpetu aplican su mente estratégica que se ponen el mono para entrar en los detalles y poner manos a la obra.

Las personas: Los líderes son humanos, accesibles y respetuosos. No, no se trata de monstruos. Se centran en las personas y no en las tareas, especialmente cuando la situación se complica.

Flexibilidad y posibilismo: Los líderes prueban alternativas cuando las cosas no funcionan. Son positivos, fuertes e irradian confianza. La flexibilidad es su bandera y la actitud de es-posible.

Transparencia y comunicación: Los líderes son excesivos en comunicación y eso les proporciona logros por encima de las expectativas. Los equipos funcionan con claridad y transparencia en grandes dosis.

Inteligencia y disfrute: Los líderes trabajan duro, con inteligencia y disfrute. Son apasionados y comprometidos con el trabajo y eso da resultados.

Práctica: Los líderes hacen más de lo que prometen. Practican lo que predican.

Inspiración: Los líderes piensan, se comportan y comunican más allá de objetivos y cifras.

Fidelidad: Los líderes son fieles, particularmente a sí mismos y a sus valores esenciales. Se adaptan, pero nunca se bajan de su ideario.

Curiosidad: Los líderes creen en lo bueno de todo. Mantienen la mente abierta y la curiosidad en lo alto, lo que no quiere decir ingenuidad y me-lo-creo-todo.

Largoplacismo: Los líderes piensan en el largo plazo; si es necesario, renuncian y sacrifican ganancias a corto plazo, pensando en el crecimiento y la sostenibilidad de la empresa a largo plazo.

Pasatiempos: Los líderes tienen una vida más allá de su trabajo y de su carrera profesional, sí. Los líderes pasan tiempo con la familia, los amigos y otros seres queridos. Y disfrutan de todo lo que les apasiona, sin preocupaciones.

No esperes a que un infarto te cambie la vida

Vive desde hoy con la intensidad calmada del que ya ha sufrido un ataque al corazón. Prepárate como si la vida media de tu profesión fuera de dos años. Supón que los demás pueden oír lo que dices de ellos. E imagina que cada tres meses haces balance…

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Somos cuerpo, mente, corazón y espíritu. Lo dice Stephen R. Covey. Maestro –le llamaría gurú si la palabra no apestara de tanto mal uso. Y en su libro El 8º hábito. De la efectividad a la grandeza (Paidós), ofrece cuatro principios para tener una vida más equilibrada y poderosa.
a. Para el cuerpo: Vive como si hubieras sufrido ya un ataque al corazón. Hablamos de intensidad, calma y relatividad. No esperes a que el infarto te cambie la vida. Cámbiala de forma preventiva.
b. Para la mente: Prepárate sabiendo que la vida media de tu profesión es de 2 años; sí, prepárate en consecuencia, sin miedo a los cambios.
c. Para el corazón: Supón que los demás pueden oír lo que dices de ellos, y habla en consecuencia. Déjate de distracciones.
d. Para el espíritu: Imagina que cada tres meses te encuentras con el creador, y vive en consecuencia. Si lo prefieres, cambia el “creador” del que habla Covey por la imagen que mejor te encaje; haz balance, en definitiva.
Al cabo todo se reduce a cuatro grandes necesidades: vivir (cuerpo), aprender (mente), amar (corazón) y dejar un legado (espíritu). Y sus manifestaciones más elevadas son la disciplina, la visión, la pasión y la conciencia. Cuatro dimensiones que confluyen en lo que se será la expresión de nuestra voz.
Por cierto que Covey habla de visión en el sentido de ver con el ojo de la mente lo que es posible en las personas, los proyectos, las causas y las empresas. De la disciplina dice que es el precio de traer la visión a la realidad, o sea hacer lo que sea necesario para que sucedan las cosas. La pasión es el fuego, el deseo, la fuerza, la convicción y el impulso que sostiene la disciplina para alcanzar la visión. Y Covey define la conciencia como el sentido moral interior de lo que es bueno y lo que es malo, el impulso hacia el sentido y la aportación.

“El 8º hábito”,
Stephen R. Covey

¿Tienes 4 minutos para entrenar?

Excusadores pertinaces, amantes de todo cambio, y mediopensionistas, todos le podéis encontrar el punto a Tabata, una fórmula de entrenamiento que requiere sólo 4 minutos.

En las claves de este método nipón contamos con la guía de fitnessrevolucionario.com, lugar de referencia para quienes se atreven a ponerse en forma sin topicazos. “Selecciona un ejercicio cualquiera, preferiblemente uno que involucre el mayor número de músculos posible, por ejemplo básicos como flexiones, sentadillas, dominadas o directamente esprintar, que es una de las mejores formas de disolver la grasa”, incita el preparador. Realiza el ejercicio 20 segundos sin parar. Descansa 10 segundos. Haz la flexión, la sentadilla, la dominada o el esprint otros 20 segundos. Y descansa nuevamente 10. Y así 6 veces más ambos pasos. Total: 4 minutos. 8 tandas. Sencillo, y sudorosamente brutal. Pruébalo. No necesitas reservar hora y media en la agenda del día para entrenar. O al menos no dos veces a la semana.
“Para medir el progreso en tus sesiones Tabata debes anotar las repeticiones totales que has conseguido hacer en los 8 intervalos (o la distancia recorrida si has utilizado esprints como ejercicio)”.
Tabata se enclava en los entrenamientos por intervalos de alta intensidad (HIIT, de High Intensity Interval Training), consistentes en alternar ejercicios intensos y descansos cortos. “Está demostrado que tiene múltiples beneficios: mejora la resistencia cardiovascular (parte de lo que significa estar fit) mucho más que largas sesiones de cardio; aumenta el metabolismo de tu cuerpo, haciendo que quemes más calorías, no sólo mientras te ejercitas, sino también durante varias horas después del entrenamiento. Y favorece la respuesta hormonal del cuerpo, al liberar más testosterona y hormona de crecimiento, y al disminuir la generación de cortisol”, señala el artífice de Fitness Revolucionario. Estas sesiones vertiginosas se realizan con la música de un temporizador que puedes encontrar en internet de forma gratuita. Tabata lleva el nombre del investigador japonés que descubrió la forma de desarrollar simultáneamente la capacidad aeróbica y la anaeróbica, y es válido para todos los que quieren acelerar la quema de grasa, sean futbolistas, ciclistas, culturistas e incluso posibilistas de todo.
El Tabata es para dos días a la semana, máximo. Y nunca en dos jornadas consecutivas. Hace falta un día entero de recuperación. Ni Tabata ni nadie podrán ayudarte a soltar la grasa, si no mejoras tu dieta. Como dicen en fitnessrevolucionario.com: la dieta constituye el 70-80 por ciento de los resultados.

El abismo

No hay héroe que no tenga al menos un gran fracaso en su ruta. Campbell lo denomina “abismo” y hasta experiencia “vientre-de-la-ballena”. Y ese tope sirve para ver si el héroe tiene el aguante suficiente para rehacerse y ponerle más inteligencia y más empeño. Los que responden de modo afirmativo sufren “una metamorfosis” en la que notan una mezcla de pavor y agresividad.

Mientras luchan no lo ven, pero la gran recompensa del camino es “el elixir”, que condensa el conocimiento sobre cómo triunfar, que el héroe ha acopiado durante el viaje. Los héroes llegan a un punto en el que acumular recompensas ya no es seductor, y la alternativa liberadora, maravillosa, es transmitir los conocimientos a los demás: “restauración del elixir”, lo llama.

Dalio dice que hay héroes grandes y pequeños, gente de verdad toda, y que seguro conoces alguno. Son resistentes, les llueven las piedras cuando no tienen razón y también cuando la tienen. A veces los aplastan cuando ya han triunfado. Por eso, la lógica de ese héroe no es la lógica convencional: la mayoría no entiende una heroicidad que te puede costar la vida.

La ruta, según Campbell: (1) llamada a la aventura, (2) cruce del umbral,
(3) pruebas,
(4) abismo,
(5) transfiguración,
(6) elixir y (7) restauración del elixir.

Héroes

Hay héroes que no son perfectos ni aciertan siempre. La heroicidad que traemos aquí, con Joseph Campbell pasado por Ray Dalio, es la de alguien que ha descubierto, alcanzado o conseguido algo más allá del rango normal de los logros humanos. Y que ha dedicado su vida “a algo mayor que él, o distinto”.

Los héroes a la Campbell no lo son desde el comienzo; se transforman conforme unas cosas los van llevando a otras. Comienzan con una vida corriente en un mundo normal. Hasta que reciben la “llamada de la aventura”. Será el punto de partida de un camino “de pruebas”, que estará trufado de batallas, tentaciones, fracasos y éxitos.

Los héroes de Campbell reciben ayuda de otras personas por el camino. Lo común es que sean personas en un estadio más avanzado en el camino heroico y les servirán de mentores, de inspiradores. En la ruta los héroes irán haciendo amigos y enemigos, y aprenderán a combatir, también contra las convenciones.

A Dalio le atrae que los héroes tienen miedo y lo superan con la determinación para conseguir lo que quieren. Y con ayuda de esas habilidades crecidas en mil batallas. Es un camino largo y por tanto lleno de triunfos y fracasos, más éxitos que tropiezos porque según van consiguiendo lo que quieren generan una fuerza mayor y también una aspiración más elevada. Y de ahí a batallas mayores, más exigentes claro, pero también con mayores beneficios.

Y tú, a qué JUEGAS en la vida

En la vida sentimental, en la vida profesional, con los amigos, con el mundo en general… ¿a qué juegas? ¿A ganar? ¿A no perder? ¿A perder? ¿a no jugar? Todos los juegos son legítimos. Con los hijos pequeños jugamos a perder. Y está bien. En situaciones límite podemos elegir jugar a no perder, y salvar los muebles. Lo crucial es que sepamos detectar a qué juego estamos jugando. Coherencia y autenticidad, por encima de todo.

Jugar a no jugar

-El propósito de su juego es romper el juego. Derribarlo. En amor sería: la venganza por desamor. Portarte mal con otras personas porque te ha ido mal a ti, por ejemplo.
-La estrategia es boicotear. Incumplir las reglas. Hacerlas jirones.
-¿Rebelde sin causa o ególatra sin causa? En lugar de buscar un cambio consensuado, y ganarnos la autoridad de los demás, decidimos no jugar y esperamos que otros se unan.
-Emoción: el resentimiento; ese veneno que te tomas para que muera otro: pero mueres tú.
-Lo que se consigue: incomunicación, aislamiento
-En las conversaciones de quienes juegan a esto se ve: oposición a todo, por el afán de oponerse, sin más.
-Es la profecía que tiende a autocumplirse: cuando jugamos a perder, perdemos.

Jugar a perder

-Los conocerás porque juegan a presentarse como víctimas de las circunstancias. Ay, qué pena… Y, claro, tienen razón en sus predicciones: pierden. La estrategia del avestruz: esconder la cabeza y que los acontecimientos te pasen por encima.
-Se los conoce porque van de tener razón, a toda cosa. Y torpedean cualquier alternativa.
-Actitud: soy-una-víctima-y-quiero-que-os-compadezcáis-de-mi-situación. Quiero ser una víctima.
-Emoción: resentimiento, también. Los demás tienen la culpa de lo que me ocurre.
-En sus conversaciones se oyen expresiones del tipo: “Ya te dije que saldría mal”, “No hay nada que hacer”. “Soy yo el que sale peor parado de todo esto”.
-Y si juegas a perder, pues perderás.

Jugar a no perder
-La estrategia es que nada cambie. Mantener lo que se tiene, por mínimo que sea. Como si mantener fuera posible. Sabemos que la inacción tiene consecuencias…
-Interesa la imagen que se ofrece por encima de la realidad: hipocresía, en lugar de autenticidad.
-Emoción: el miedo. ¡Que pierdo lo poco que tengo! Y miedo al fracaso.
-Actitud: reactiva. Tenemos respuesta iracunda para cualquiera.
-Conversaciones: “Mejor dejar las cosas como están”, “Siempre ha funcionado así”, “Los experimentos mejor con gaseosa”…
-Por supuesto, no hay aprendizaje ninguno.

Jugar a ganar

Todos pensamos que jugamos a ganar. Pero no es así: si lo fuera, estaríamos siempre en plenitud, nos sentiríamos bien, estaríamos a lo nuestro, despiertos, conscientes de lo que pasa…
Cuando se juega a ganar:
-El propósito del juego está por encima del ego o de la necesidad de conservar una imagen.
autenticidad. Trabajas para tu misión en la vida y con eficacia tendrás la vida que quieres tener.
-A ver qué tal te suena esta cadena: compromiso, acción y resultado. Qué maravilla. Haces lo que tienes que hacer cuando hay que hacerlo, aunque duela.
-Actitud: proactividad. Disposición. Determinación. Te adelantas a los acontecimientos. Los provocas, incluso. No esperas a que las cosas sucedan.
-Emociones: alegría, entusiasmo, y energía, fuerza, amor.
-Aprendes: de los errores, de los éxitos. Sabes lo que hay que hacer, lo haces y luego ves qué ha pasado. Y aprendes de los demás, tienes apertura de miras, escuchas.
-Y el juego saldrá como salga, porque no siempre que se juega a ganar se gana. Lo que sí gana siempre en este perfil es la ética y el respeto a quienes jugando ganan. Si das un mal paso, aprendes. Ahí tienes una buena creencia: “Cuando me equivoco, aprendo”. Así que me atrevo a probar.

O cambias o te cambian

Estás a un puñado de hábitos de ser lo que lo que deseas, de hacer lo que quieras y de tener lo que te dé la gana. Si le pones la determinación de un sicario, terminarás al fin las cosas. Si crees en ti como un conquistador magno, conseguirás los aplausos en lugar de las críticas de esa claque funesta que te roba las ganas. Con la atención plena del monje dejarás de despistarte con la penúltima novedad. Verás que puedes rendirte para volver y ganar, que es magnífico aceptar la vida como viene, y que con hambre de sietemesino no hay desafío imposible.

Te darás cuenta de que entre tú y un dios solo hay un hábito: jugarse el cuello, que con la piel no basta. Que la heroicidad no se alimenta de titulares y homenajes. Que automatizar la sensatez te puede propulsar al infinito. Que la jauría no sabe adónde va y que a lo peor es hora de dar esquinazo al rebaño.

Cambiar no es para todos. De ti depende formar parte de la minoría de resistentes. Resistentes porque, solo si eres capaz de cambiar, tendrás las agallas para resistir y quedarte con lo que hasta hace un suspiro considerabas irrespirable.

Quizás te falta ventilarte por dentro. Pues eso: a ventilar se ha dicho este verano. Unos minutos cada día, que si no entrará mierda. O cambias o te cambian.

La fuga te sirve

Cuando nuestro adversario de lo que sea tiene la victoria aplastante en su mano, tenemos cuatro posibilidades básicamente: combatir hasta el final, rendirnos, negociar o huir. Combatir hasta el final y rendirse equivalen a derrota completa, lo que sería la peor solución posible. La negociación de un acuerdo es una opción: sería como media derrota y eso es preferible a la rendición o derrota total. ¿Y la fuga?

De partida, la fuga no es una derrota. Hasta no nos venzan, de hecho, tendremos posibilidad de ganar, atacando en otro momento más propicio, por ejemplo. Esquivar la derrota hoy como mínimo abre la posibilidad de una victoria mañana. Sería como hacer una finta al adversario para reservar fuerzas. El Libro de las Mutaciones dice: “Retirada. Nada que reprobar”. La fuga forma parte del orden natural de las cosas.

Los estrategas señalan que la liebre astuta prepara siempre tres salidas en la madriguera. Quienes creen en la heroicidad que conduce al cementerio no podrán aceptar la fuga, la huida, por más que las otras salidas sean ineficaces. Pero retirarse y reorganizarse es una solución buena en el medio y el largo plazo. Los chinos han dado siempre dignidad a la fuga, casi como un arte. “Si la batalla se puede ganar, hay que combatirla; en caso contrario, hay que evitarla”, dicen. Interesante.

Mostramos aquí la huida como una opción optimista. Una fuga planificada y estratégica. No a locas. Seguir el curso de las cosas. “Someterse temporalmente para fortalecerse”, que dice Sun Bing. Combatir una guerra perdida es una estupidez. Y en el arte del combate se reconoce al estratega cuando huye de forma ordenada. La retirada es parte del combate, como el avance. Y la fuga, cuando es el único medio para transformar inferioridad en victoria más adelante.

Hay valentía en la retirada: porque dar marcha atrás es complicado. En los negocios se ve: cerrar una empresa poco ventajosa es difícil. O retirar un producto desafortunado. Hablamos de la huida planificada, eh. No de la fuga impulsiva: de esos que se van a la primera dificultad. La fuga no sirve como pretexto. La huida es un cauce
para afrontar mejor los desafíos
de la vida.

*Basado en impresiones de Gianluca Magi a partir de la estrategia china.

... Y la farsa

Funciona la farsa que confunde al adversario: al hacerle tomar lo falso por verdadero y lo verdadero por falso. En este tiempo esquizofrénico, funcionan las farsas disparatadas, y las solemnes. Desde difundir de manera deliberada noticias falsas sobre ti mismo o sobre el adversario. Hasta aparentar poseer eso que no tenemos, con la intención de parecer más fuertes de lo que somos. E incluso dejar que crean que no tenemos nada, cuando en verdad poseemos algo. Hay farsas que funcionan jugando con el hecho de que lo falso, si se repite las suficientes veces, se convierte en verdadero.

La sinrazón dice que reiterando una mentira con el tiempo se convierte en verdad. Más todavía, si viaja de boca en boca. Hasta que topa con la gente sabia: entonces hasta el chisme deja de circular. No pasa el corte. Conviene no abusar…

Pon las cosas del revés

Un joven con intenciones suicidas salta al Danubio con el propósito de ahogarse. Y en Austria, como en cualquier otra parte, la gente grita al ver a un tipo que se lanza al río para matarse. Con el tumulto se acerca un policía con botazas y un cinturón cargado de munición. Lleva demasiado lastre y no tiene tiempo para despojarse de todo. De modo que, tira de carácter, saca el arma y apunta al suicida al grito de “¡Sal o te mato!”. El joven, de golpe, decidió seguir viviendo. Salió del río… Si hubiera querido morir, no tenía más que… ¡quedarse!

Han pasado muchos años desde ese episodio, pero el mundo sigue tan esquizofrénico como siempre. Einstein insinuaba que hacía falta un nuevo modo de pensar para resolver los problemas producidos por el viejo modo de pensar. Yo prefiero ponerla del revés, y me sirve mejor: necesitamos un viejo modo de pensar para resolver los problemas producidos por el actual modo de pensar.

Es curioso que en este tiempo de verdaderas-noticias-falsas (fake news, dicen los reviejos neomaníacos), nos empeñemos aún en buscarle sentido a todo. La verdad es la mentira de un embustero, dijo alguien con agudeza. Leed la frase otra vez, aunque tengáis prisa para nada. Dadle la vuelta: la mentira es la verdad de un embustero. ¿Entiendéis ahora a tantos personajes de la cosa pública? Quizás hoy mentir sea la única manera de sincerarse. Os deseo un mes de abril sin sentido.

Lo que NO sabemos

Lo que conocemos está sobrevalorado. Y el azar infravalorado. Se elogia lo obvio. Y se arrincona lo raro. Es la dictadura de lo-normal. De los casos corrientes. Sin embargo las historias de todos nosotros, de los demás, del mundo, se construyen a choques y zancadas. De hecho, si quiero saber el carácter y los principios de alguien debo fijarme en sus momentos difíciles, cómo los lleva.

Urge imaginación. Para aceptar lo improbable. Y ponerlo a favor: si no sé lo que puede pasar, me voy a atrever, en lugar de pensar que todo está trillado, las cartas marcadas, y quedarme esperando las oportunidades en otra vida. En El cisne negro Nassim Taleb cuenta que nos tomamos demasiado en serio lo que sabemos. Y que obedece a nuestra falta comprensión de las sorpresas, de la probabilidad de que haya cosas inesperadas.

Salirse de lo común: es la cuestión. Y romper la ilusión de comprender. Todos pensamos que sabemos lo que sucede en el mundo. Y el mundo cada vez es más complicado y gloriosamente aleatorio. Es una época de postevaluadores: santones audiovisuales que analizan lo que ya ha ocurrido, porque las cosas parecen más evidentes y ordenaditas con el espejo retrovisor. Y ahí estamos con conflictos que eran para dos días y que duran mucho más. Como fracasados con mucha salud. Con triunfadores que huelen a muerto. En fin.

Taleb muestra un dúo terrorífico: explicaciones convincentes a sucesos inexplicables. Atrévete a dudar de lo que los santones laicos entienden. Ni todo es comprensible, ni todo es explicable, ni mucho menos predecible. La vida es emocionante, aunque no la entiendas.