Contrastar es de cobardes

Las redes sociales se parecen cada vez más al salvaje oeste: hay que ser rápido y contundente. Si dudas, pum. Si muestras que quizás no sabes algo, pum. El efecto es devastador: cada vez más personas creen saber perfectamente lo que está pasando. Y, en ese mundo de certezas, contrastar es de cobardes. Y, cuando digo contrastar, no digo poner en el mismo nivel a quien dice que la Tierra es redonda y a quien dice que la Tierra es plana. Contrastar es preguntar para indagar, buscar la verdad…

Informadores profesionales, informadores ciudadanos y mediopensionistas, todos tenemos puntos ciegos: son esos territorios en los que no vemos las cosas con claridad por nuestra manera habitual de pensar, por nuestras experiencias o por cómo nos va en esa feria personalmente (si tocan nuestro sueldo, nuestras convicciones o a los “nuestros”). Nos solemos juntar con gente que ve las cosas como nosotros y con nuestra cerrazón ni siquiera pensamos que haya personas que vean la realidad de otra manera. Bueno sí, pero esos son fachas o rojos o se lo llevan, o una mezcla diabólica de todo.

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Vértigo quieres ser esa comunidad donde veamos que siempre hay más posibilidades y que las críticas propias y ajenas podrían llegar a… ¿despertarnos?

La alcaldesa de Móstoles y la gestión del riesgo

“El riesgo significa que pueden pasar más cosas de las que van a pasar” (Elroy Dimson).

La alcaldesa de Móstoles, Noelia Posse (PSOE), lo está viviendo en su equipo: en quince días han renunciado a sus cargos cuatro personas de su confianza, tras la presión de los medios de comunicación, de políticos de la oposición y hasta de su propio partido.

En la política y en la vida, el éxito depende, entre otras cosas, de cómo gestionemos el riesgo. ¿Midió la alcaldesa que designar a su hermana para llevar las redes sociales era arriesgado aunque fuera lícito (un cargo de confianza es para gente de confianza, y así lo defendimos)? ¿Midió Noelia Posse el riesgo de nombrar a su tío para la Concejalía de Deportes con un plus, aunque fuera lícito?

Lo complicado es controlar el riesgo. Y ahí es evidente que entró una variable inesperada, su partido: ¿Si las críticas llegan desde el PSOE resistiré? Los hechos dicen que no. Y eso llegó después de aguantar una tromba de insultos: “Ladrona”, la llamaban al pasar camino de los fuegos artificiales de las fiestas de Móstoles; fui testigo con mis hijos menores de la mano, que me preguntaban: ¿quién es una ladrona? Quienes lo gritaban también tenían hijos a su lado. ¿Qué van a aprender esos niños? Ladrona es la que coge el dinero ajeno y se lo queda. Qué tiene eso que ver con el nombramiento de cargos de confianza.

Cuando todo va bien, nos creemos que a nosotros no nos va a pasar. Y arriesgamos, pensando que más riesgos nos darán más beneficios. Pero entra en escena un elemento salvaje y que pocos tienen en cuenta: la incertidumbre. ¿Por qué Pablo Iglesias e Irene Montero, feliz matrimonio, pueden regir los destinos de Podemos en el Congreso y en su partido, y en otros casos ser familia e incluso ser amiga de la infancia es sospechoso y te inhabilita?

El éxito en la política y en la vida consiste, al final, en acertar más veces de las que te equivocas. La alcaldesa sabrá en lo que ha acertado y en lo que se ha equivocado.

Psicomotricidad: Plazas libres!

#Móstoles. Según publica el Ayuntamiento, quedan plazas libres para la actividad de psicomotricidad dirigida a niñas y niños de entre 3 y 6 años.

Según la web municipal ” El objetivo de la psicomotricidad es que los niños desarrollen sus habilidades expresivas, motrices y creativas, haciendo uso de todos sus recursos a nivel corporal. Para ello se trabaja el movimiento desde su concepción más elemental hasta llegar al desarrollo del movimiento creativo y adaptado a circunstancias más complejas”

Información: Polideportivo Municipal La Loma (Avda. de la Onu, s/n) de 9:00 a 21:00 horas o en la pista de atletismo del Polideportivo Municipal Andrés Torrejón en el horario de la actividad.

¿Tener razón o buscar la verdad?

Marchando una disyuntiva problemática: ¿Qué pesa más en ti: la necesidad de tener razón o la necesidad de buscar la verdad? La eficacia está en riesgo. Y está en peligro la buena toma de decisiones. En el empeño de tener razón a veces seguimos por un camino hasta que es demasiado tarde y otras veces reculamos demasiado pronto. El ego que mata más que los domingos y que la estupidez. Cada cual podrá encontrar ejemplos en carne propia y, por supuesto en carne ajena, que es menos doloroso. Esos trances en que hemos tirado de inercia y miedo para no admitir los desaciertos.

¿Os imagináis que el lema del Sur de Madrid fuera: “Aquí la necesidad de buscar la verdad está por encima de la necesidad de tener razón”? Somos tiernamente deplorables y asquerosamente humanos: es escuchar error o debilidad y echar a correr con zancadas de dinosaurio. Necesitamos que nos quieran, queremos sobrevivir y tenemos pavor a caer, y aunque nos negamos eso de dejar huella nos da mucho miedo pirarnos de esta vida pasando inadvertidos.

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Nuestra parte emocional nos hace revolvernos en cuanto nos llevan la contraria: ¡nos atacan, peligro! Pero ¿qué les he hecho yo? Y nos derriten los elogios. Con la razón en lo alto entendemos que hasta cierta crítica puede ser constructiva, pero nos marca a la hora de decidir: ¿Me critica? Enemigo. Somos más Hyde que Jeckyll y cuando nuestro primitivo se enzarza con el primitivo de enfrente solo falta el barro, digital o real. Intentas justificarte, pero nada… Con lo eficaz que sería poner a Jeckyll a los mandos y entender que quizás yo no tenga razón, o tú.

Un trampa… elocuente

En este mundo desequilibrado nuestro, donde hay un hilo finísimo entre la locura y la lucidez, la realidad nos desliza estampas que parecen de ficción: en Móstoles, un contenedor adaptado para personas con discapacidad física, colocado en un espacio con bordillos sin adaptar.

Tanto los que se indignan en exceso como los que ríen sin malicia saben que es un error y que tendrá una explicación. La cuestión es lo que revela esa equivocación reparable: cada cual percibimos la realidad a nuestro modo y nos ocupamos de lo que nos importa, nos inquieta, nos atrae. Quien colocó ahí el contenedor (no digo ya quien lo decidiera) no debe de tener ningún familiar, amigo o cercano con alguna discapacidad física.

Quizás el contenedor estuviera ahí por un motivo temporal: pero es un mal sitio incluso temporalmente. Y una mala imagen de una sociedad que va a lo suyo, a lo tuyo, a lo mío, nunca a lo de todos.

Un jardín donde suele haber coches

Escolares de Móstoles montaron un “jardín” en plazas de aparcamiento en la calle, por la Semana Europea de la Movilidad. El jardín fue “efímero”, como reconocen desde el Gobierno, porque al terminar el taller de bombas de semillas y el espacio de relajación, dejaron todo como estaba: o sea listo para los coches, como antes.

Lo simbólico tiene fuerza, y más con niños -futuro-, pero elegir unas plazas reservadas para residentes es quitarle vigor a la iniciativa: para concienciar, mejor unas plazas en lugares muy concurridos y donde sea difícil aparcar. La performance habría sido completa: los niños habrían visto a conductores enfadados por no poder subirse el coche hasta casa o hasta la tienda, y además habrían visto a los políticos explicarse. Ilustrativo. Lo dejamos ahí rodando por si les sirve para el año próximo.

Por cierto, a la iniciativa le pusieron una denominación en inglés, que suele ser idea de alguien que cree que escribir en idioma ajeno da distinción: Parking Day, que en traducción literal hace pensar en un día en el que se puede aparcar incluso en los jardines, o sea eso que algunos perezosos hacen en cuanto los bolardos se despistan.

Sería estupendo que desde los Gobiernos del Sur, para dar ejemplo, se comprometieran a convertir en jardines -estables- plazas de aparcamiento en la ciudad, a cambio de proporcionar sitio a los coches en el subsuelo, quizás. Y que las próximas acciones sean con nuestros hijos de 18 o 19 años, que son los que están decidiéndose si se sacan o no el carné de conducir.