Coronavirus: Modernidad líquida vs. Idiotez sólida (pero que muy sólida)

Por irresponsabilidad de hosteleros idiotas, tendrán que cerrar sus locales nocturnos también los hosteleros serios. Por la ola de fiesteros irresponsables, no podrán salir de fiesta quienes sí cumplen las normas. Por la memez de cumpleañeros desbocados, muy pronto no podremos ver a nuestras familias, otra vez. El coronavirus, que nos ha sacado las costuras.

¿De qué sirve que las piscinas públicas pongan miliuna normas y que algunas comunitarias ni hayan abierto, si la penúltima moda es alquiler piscinas particulares? ¿De qué vale que centros de ocio se arruinen limitando el aforo si algunos de los escasos asistentes se empeñan en saltarse las distancias de seguridad con desconocidos (ayer mismo lo vi en el zoo de Madrid)?

Bauman decía que la modernidad era líquida: que la tecnología digital propiciaba un mundo fluido, cambiante, imprevisible. Y tenía razón. Lo que no vaticinó el filósofo y ha puesto de manifiesto el coronavirus es que hay una idiotez humana muy pero que muy sólida y que no podemos frenar de momento. Y que nos va a fastidiar la vida: hay empresas tocadas de muerte, hay sectores destrozados para mucho tiempo, hay gente que se ha ido al paro y que no cobrará la prestación hasta noviembre por el atascazo de gestión, hay residencias de mayores que han tenido más bajas en un par de meses que en 30 años…

Ya hay “vacuna”

La “vacuna” primera contra el coronavirus ya existe: se llama compromiso. Y no tiene que ver nada con la obligación, que es en lo que andamos confundidos. El compromiso profundo es elegir “libre y voluntariamente” algunas cosas para alcanzar algo mayor; comprometerse es, por ejemplo, elegir no juntarnos con gente no habitual en lugar de socializar como si hubiéramos redescubierto en la “nueva normalidad” las relaciones humanas; comprometerse es elegir el respeto de la distancia social, evitar las aglomeraciones, no poner en peligro a la gente por sacar adelante tu negocio, pero no porque nos “obliguen”, sino porque creamos que solo así saldremos de una atragantona colosal.

Con la “vacuna” del compromiso asumimos el coste y el esfuerzo que nuestras elecciones conllevan. Nada que ver con cuando nos sentimos “obligados”; uf, entonces nos sentimos forzados a hacer algo que no elegimos, que nos imponen… Y eso está pasando con el coronavirus en estos tiempos. Mientras los vaticinadores de oleadas víricas nos cantan un apocalipsis cada semana (y al final habrá una explosión, y dirán que tenían razón), los idiotas sólidos creen que la covid-19 es solo para humanos y ellos levitan ligeros de neuronas y con el miedo ajeno como combustible.

Los tiempos excepcionales requieren un compromiso radical. Si hasta Tyson se ha puesto en forma…

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