Espiritu “fondue””

La tradición habla de pastores y montañeros de antaño en los Alpes calentando el queso viejo al fuego. El queso duro se ablandaba y, voilà!, los profesionales compartían comida y experiencias. De ahí procede el espíritu “fondue”, del francés “fundido, derretido” y que equivale a comida para compartir como símbolo de familiaridad, compañerismo, intimidad incluso. De aquel queso duro fundido por necesidad se pasó, con las décadas, a la carne, que los galos denominan “bourguignonne” en alusión a la Borgoña francesa, región célebre por la crianza del buey y la buena ternera y que hoy los cocineros preparan al gusto de los comensales y se acompaña de salsas. Y finalmente el concepto de “fondue” se extendió a la repostería y cuajó en chocolates negros y blancos en los que los comensales bañan frutas, galletas, bizcochos y otros alimentos.

De los Alpes a Móstoles
Aquel ambiente de camaradería alpina, de conversación al queso fundido, cristalizó en Móstoles en 1984 en La Fondue (Montero, 25, Móstoles, cerca del Teatro del Bosque). El ambiente acogedor y familiar lo generó Esteban, el fundador, cocinero durante 17 años en Francia y que de vuelta a casa se inventó un establecimiento único y de gran éxito en Móstoles. Hoy lleva las riendas su hijo, Olivier, que vivió el negocio desde crío, se formó como cocinero y que le ha dado a La Fondue un aire de nuevos tiempos sin perder la esencia acogedora de la familia. El establecimiento está recién reformado, tiene una docena larga de mesas y es idóneo para conversar, proyectar y celebrar en torno a una fondue de quesos, de carnes, de chocolate… O con otros productos, que la carta es amplia y variada. Se presenta una Navidad… fundida.

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