¿Marsé? ¿Quién es Marsé? Se acaba una época de lectores voraces y cinéfilos de programa triple

—Álex, ¿has leído algo de Marsé? —pregunto a mi hijo mayor, de 20 años, buen estudiante, aspirante a fiscal y devorador de series de televisión.
—¿Marsé? ¿Quién es Marsé? —suelta…

¡Con lo que me ha impresionado a mí la muerte del gran escritor y cinéfilo barcelonés! Marsé murió anoche a los 87 años, y con él se ha bajado del mundo toda una época, en este verano violento de virus y paranoias…

Se ha ido por el sumidero una época de lectores voraces (yo recuerdo como si fuera ayer la sensación de cuando leí por primera vez Últimas tardes con Teresa, en el verano del 96), una época de cinéfilos que nos sabemos las películas de memoria, diálogos, secuencias, y por supuesto el nombre y los logros de los grandes directores; un tiempo de filmotequeros de programa triple…

Ojalá sirva este recuerdo a Juan Marsé, un tipo valiente, sencillo y genuino, un héroe de western, para que alguien lea o relea Últimas tardes con Teresa o se marque un ciclo estival de cine del bueno, en casa mismamente.

Aquí algunas de las películas que prefería Marsé:

-Luces de la ciudad, de Charles Chaplin.
-Encadenados, de Alfred Hitchcock.
-Ser o no ser, de Ernst Lubitch.
-Roma, ciudad abierta, de Vincente Minnelli.
-Viridiana, de Luis Buñuel.
-El verdugo, de Luis García Berlanga.
-El espíritu de la colmena, de Víctor Erice.

Y cualquier filme de los grandes de la historia del cine, Ford, Hawks, Von Sternberg, Walsh, Ray…

Paradojas de la vida, Marsé tuvo sin embargo muy mala suerte con las adaptaciones cinematográficas de sus novelas. Las hay mediocres y olvidables. La que más prometía, El embrujo de Shanghái, a cargo de Víctor Erice, se la cargó un productor impaciente al entregársela a Fernando Trueba. La soñábamos tan buena y fue tal la frustración que Erice publicó el guión y el propio Marsé dijo que el guión era superior a la novela.

En fin, seguiremos soñando películas que nunca se hicieron y novelas que nunca se escribirán, en este verano de tigres. En su novela de último, Esa puta tan distinguida, Marsé inmortaliza la memoria “que se vende al poder, que no quiere que recordemos”. Esa memoria y las trampas con las que quiere enmendar errores del pasado.

A veces Marsé me recuerda a Sábato y ese puñado de escritores que se dejan la sangre, que les gustaría escribir novelas en 3 meses pero les cuesta 3 años o 10, y muchas muchas arrugas.

Uno de los capítulos de Últimas tardes… se abre con una cita de Otelo:

—Me amó por los peligros que he corrido.

Pues eso…

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