Getafe celebra la longevidad del amor con sus Bodas de Oro

Getafe abre hoy el plazo de inscripción para las Bodas de Oro 2022. La XII edición de este homenaje municipal se realizará a finales de noviembre.

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“Me abrazaba cuando estaba peor, me hizo tan feliz…”

He conocido una historia de amistad más-grande-que-la-vida. A Lucía, profesora y residente en Alcorcón, le detectaron un cáncer de mama agresivo recién divorciada y con dos hijos ya independientes. Decidida a espantar las tormentas de la quimio y la radio, se compró una peluca y se animó a salir a bailar con las amigas. “No veas cómo picaba la peluca con el sudor. Pero me sirvió para divertirme sin que la gente se fijara demasiado en mí”. Una noche conoció a un hombre 20 años más joven, de Rumanía para más señas. Nada fue por el camino acostumbrado… Ni siquiera hoy…

“Hablamos. Le conté lo que me pasaba. Y salimos a pasear muchas veces. Me daba la mano. Me abrazaba cuando estaba peor. Me hizo tan feliz”. No había sexo. Con la quimio el cuerpo no está para más épica. Pero era una relación sentimental con todas las letras. Y las amigas y los hijos le trasladaron sus miedos.

—Me decían que me iba a hacer daño, que no iba a quedarse conmigo para siempre, que ese hombre tenía que hacer la vida de un joven de su edad, enamorarse… Yo lo entendía y no me importaba: me hacía tan feliz.

De hecho, fue con ese espíritu vivo y optimista con el que se propuso divertirse en lugar de quedarse en casa sufriendo los estragos de la química.
—Recuerdo que me decían Se te va a caer el pelo, vas a estar devolviendo… y yo pensaba A mí, con lo alegre que soy y lo positiva, no me pasará, yo no voy a sentir eso. Bueno, se me cayó el pelo, pero vómitos no tuve —sonríe.

Y con ese mismo espíritu asumió que Víctor y ella se distanciaran cuando se curó del cáncer.

Alguien que duerma contigo cuando tienes tanto miedo

Entonces, llegó el segundo zarpazo de la enfermedad. Y su amigo volvió a su vida. Y el concepto de amistad, que se palpa casi:
—Alguien que venga a casa a dormir contigo cuando tienes tanto miedo, que te diga que todo va a salir bien… Era maravilloso.

Al superar el segundo cáncer, Lucía sorprendió a Víctor con un ofrecimiento:
—Nunca me lo pidió pero yo sabía que le serviría: le dije que me iba a casar con él. Nunca me lo había pedido, pero yo sabía que, con la nacionalidad española que obtendría con el tiempo, podría vivir muy bien de esos trabajos de electricista que estaba haciendo sin contrato…

Se casaron. Lo celebraron. Y compartieron vida el tiempo necesario y cumplido el tiempo que acordaron se divorciaron y poco a poco dejaron de verse.

Y así han estado años. Hasta hace muy poco. Lucía tiene una enfermedad degenerativa. Está todavía incipiente, pero ha perdido toda la fuerza en las manos, no puede abrir recipientes, tiene temblores. Y como si la enfermedad se confabulara para unirlos, Víctor y ella han vuelto a contactar. Más todavía: viven juntos.
—Se ha venido a vivir conmigo. Somos compañeros de piso. Compartimos gastos. Me ayuda mucho con su conversación y con esas pequeñas cosas que a mí me salvan y que ni siquiera tengo que pedirle. Y él dice que le gusta estar conmigo.

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—Él entra y sale y tiene su vida, cómo no, es una persona de cuarentaytantos años, pero hay fines de semana en que me dice: Hoy no salgo. ¿Vemos una película juntos? Y estamos tan a gusto… A mí me gustaría seguir así el resto de mi vida.

Para suspicaces y egoístas: el piso y el dinero de Lucía serán para sus hijos. lo dice el testamento. No hay nada material entre Víctor y Lucía. Hay algo más allá: Una amistad preciosa, un amor inusual… Ni ellos lo saben.

Por cierto: Lucía y Víctor no son sus nombres reales. He preferido ocultarlos para preservar su intimidad.

El paje que tiró regalos a la basura y otras historias reales

Aquel paje era tan-tan ordenado que, recogiendo, tiró algunos regalos a la basura en la víspera del día de los Reyes Magos. Tenía los regalos envueltos y guardados en una caja en la terraza y a alguien se le ocurrió echar ahí bolsas con sobras. Y todo fue a la basura. Fue el año de los vales y de los mensajitos de sus majestades excusándose. “Vale por una caja de herramientas”. “Vale por un bebé llorón”. Aunque, para atraganto, el de Melchor cuando una niña le pidió: “Quiero que papá y mamá se quieran otra vez”.

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Hemos preguntado curiosidades a los ayudantes de los Magos de Oriente. Todas reales, por inverosímiles que parezcan. Ahí van algunas

-Un niño a Gaspar: “No hagas caso a mi madre, que pide cosas que yo en realidad no quiero. No me traigas otra vez un pijama o unos calcetines, por favor”.

-Melchor a una niña de 6: “Te traeré lo que me pides, siempre que no pegues a tu hermano”. Y ella mirando, en plan homicida, a su hermano pequeño, -“Cuentista…”- y con cara de creo-que-esta-vez-fui-demasiado-descarada.

-Una niña insistente: “Quiero la autocaravana de la Barbie. No pasa nada si este año tampoco me la traéis”.

-Una pareja de veinteañeros en un centro comercial. Primero, ella: “Baltasar, por favor, necesito un coche nuevo, porque el mío va a estallar en cualquier momento”. Y luego él: “Baltasar, haz lo posible por traerla el coche que necesita”, y risas.

-Un niño de 10 a su madre: “Todo el año insistiendo en que no dejemos la puerta abierta para que no nos roben… y luego dejas a los Reyes que entren cuando estamos dormidos”.

-Un niño de 7 años al rey de la barba blanca: “Yo este año no quiero nada para mí. Tráele un trabajo a mi papá, que está de muy mal humor”.

-Una niña de 9 años en voz muy baja a Baltasar: “Lo sé todo. Pero vamos a seguir como si nada, que mi madre está muy ilusionada”.

Por cierto, algunas peticiones, por si hay magos por aquí: hay reyes desinformados, que no se conocen los regalos de moda y hacen muecas al escuchar a los niños pedir cosas tan normales como un “mommy pocket”, jeje. Un cataloguito de juguetes para ellos, porfa. Y para el día 5: “Majestades, cuidado con el brío con los caramelos, que hay historias de personas lesionadas por dulces-bala…”

La cabalgata: este domingo los Reyes darán un paseo por nuestras ciudades. A Getafe llegarán en helicóptero. En Arroyomolinos han insistido en que los adultos no suelten a los niños de la mano al coger caramelos, para evitar sustos.

En Móstoles los magos lanzarán 15.000 caramelos libres de gluten y alérgenos y habrá plataforma elevada para los espectadores con alguna discapacidad. Y en Alcorcón habrá 5 zonas acotadas para personas con movilidad reducida, a lo largo del recorrido. Que os traigan lo que habéis pedido.

La primera cita: ¿Que sea eterna o que acabe cuanto antes?

Un hombre y una mujer acaban de conocerse y se esfuerzan, con torpeza, en decir algo que funcione. Él se levanta a pedir la segunda ronda de cafés. Al volver, ella no está. La cara de él es elocuente, vulnerable: ohhh-se-marchó… Pero no: ella golpetea el cristal desde afuera, ha salido a fumar. “Foodie Love”, la serie de Coixet en HBO, confía ciegamente en las palabras y la estética, y donde funciona es en los gestos, en los silencios, en lo que esperas y se cumple o no se cumple. He visto 3 capítulos y pensé en la primera cita cualquier pareja.

Hay primeras citas con mariposas -yo me enamoré en una-, primeras citas sin expectativas, primeras citas inesperadas, primeras citas coreografiadas… Gente que lleva 30 segundos de guión, su música repetida. Gente que improvisa. Gente que escucha. Hay primeras citas desastrosas que son para siempre, y maravillas iniciales que se desinflan al segundo o al tercer encuentro. Y primeras citas sin alardes que se van construyendo como la vida.

Hay personas que adoran esa emoción del principio, y que prolongan los pasos y se resisten. Y hay quienes desean superar la incertidumbre cuanto antes y que cuentan sus “fallos” como si llevaran la lista en la cabeza: “Cuando me estreso, no soporto que me hablen”, “ronco”, “no aguanto que hagan ruido al comer”, “lo que más me gusta es hacer la cama”, “soy un desastre”, “he fracasado muchas veces” y así.

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A los protas de Foodie Love los escuchamos hablar de sus neuras en off. Ella: “Odio la sandía sin pepitas y los restaurantes japoneses llevados por chinos”. Él: “No me gustan los argentinos ni la gente que hace fotos a la comida antes de haberla probado”. Por cierto, él es argentino, jeje. Escuchamos lo que dicen, leemos en pantalla lo que piensan en realidad, y al menos yo disfruto mucho cuando se miran, cuando juegan (ese primer roce), cuando esperan (ese retraso sin móvil), cuando uno vomita en la calle (esa noche tampoco será la del beso), cuando se equivocan (ese momento en que a él se le vienen los pensamientos a la boca y los suelta…).

Foodie Love habría funcionado igual de bien en un bareto con aroma a panceta de tres generaciones. Pero claro Coixet es Coixet y nos lleva a cafés con desconchones muy calculados, a garitos de cócteles escondidos y de gente guapa o con gente fea pero buenas frases, a un restaurante japo en un mercado, y un centón de topicazos.

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Da igual: la relación de los protagonistas respira, como en la vida cuando crees que solo te podrás entender con quien es igual que tú y luego te enamoras de quien es completamente distinto a ti, y lo celebras. Para hablar de la frase mítica de Once Upon a Time in America y lecturas ya tienes a otra gente.

Por cierto, los coaches expertos en citas, que los hay, dicen que para tener una primera cita de ensueño lo mejor es que te marques objetivos (aunque luego te los trisques todos), que no te excedas con los rituales de preparación (perfume para cuatro, impuntualidad, maquillaje extra), que aciertes con el lugar, (la luz, el ambiente, la música), que rompas el hielo con sutileza, que evites las conversaciones de convicción y que no apabulles. ¿Sexo sí, sexo no? Cada cual hace lo que quiere o lo que puede. Lo de más de 35 años son los que van más rápido…

El punto G de la vida

Estás en una reunión de amigos, estás en un mal momento y, de repente, te levantas y cantas tus desventuras, y digo cantar de verdad. “Hay muchos motivos para no estar con alguien, pero no hay motivos para estar solo”, interpreta él, desentonado pero maravilloso. He visto 17 veces seguidas ese minuto cantado que surge como un fogonazo a las dos horas de película. Está entre lo sublime y lo ridículo, en “Historia de un matrimonio”, de Noel Baumbach. Si estás en un momento de divorcio con abogados, la verás como una historia de timadores. Si estás enamorado, pensarás en lo que te puedes perder si te despistas. Si estás desencantado, no sé… Al verla pensaba en que existe un punto G de la vida.

La película empieza de forma magistral. Habla él y la vemos a ella:

“Lo que me gusta de Nicole: hace que te sientas cómodo incluso con cosas incómodas.
Escucha de verdad cuando le hablan: a veces demasiado tiempo…
Siempre sabe qué hay que hacer en rollos familiares.
Sabe cuándo insistir y cuándo dejarme en paz.
Inexplicablemente siempre tiene lista una taza de té… que no se bebe.
Le cuesta recoger calcetines, cerrar armarios y fregar platos, pero lo intenta por mí.
Y es genial haciendo regalos…”.

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Luego habla ella y le vemos a él:

“Charlie come como si quisiera acabar ya.
Ahorra energía, es meticuloso.
Se mira mucho en el espejo.
Llora fácilmente en el cine
Sabe zurcir.
Rara vez se desmoraliza.
Adora ser padre, le encanta lo que debería odiar, los berrinches, que le despierten. Que le guste tanto resulta incluso molesto…
Te dice que tienes comida en los dientes sin hacerte sentir mal.
Forma una familia con todo el que tenga cerca.
Tiene clarísimo lo que quiere…”.

Y resulta que a tres minutos de película vemos que están en terapia y a punto de divorciarse. Y no revelo nada con esto.

Me quedo con los chispazos entre lo sublime y lo ridículo. Cuando ella recuerda lo que sintió al conocerlo. “Hablar era mejor que el sexo, y el sexo era como hablar”. Era “sentirte viva”.

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Él luego lo canta: alguien que te necesite, que te conozca demasiado, que te haga parar en seco, que se burle de ti con elogios, que se aproveche amorosamente, que dé variedad a tus días… estar vivo. Alguien que te atiborre de amor, que te impulse a dar la talla, que esté ahí siempre, aterrado como tú, para ayudarte a estar vivo.

Quizás el punto G de la vida sea haber sentido el enamoramiento: aunque ya se haya acabado, esté en todo lo alto, o a punto de producirse… La sensación es incomparable e inolvidable. Y luego ponerse a cantar la vida. En directo, aunque sea entonando desmadejadamente.

Derecho a tener una familia

“¡Es-mi-papá, es míiiio!”, dice Dani con toda la boca, para provocar a sus hermanos. Dani tiene tres años y lleva 2 en nuestra familia. En casa es uno más de cuatro hijos, a ratos el jefe pese a ser el más pequeño. Es nuestro hijo “del corazón” y, como él, hay muchos en las Casas de Niños de la Comunidad de Madrid esperando una familia de acogimiento. Es necesario y maravilloso. Quiero hoy precisamente, en las celebraciones por la Convención de los Derechos del Niño, resaltar uno: el derecho a tener una familia.

El trámite del acogimiento es sencillo: vas, llamas o escribes a la Dirección General de Familia de la Comunidad de Madrid, te emplazan a la reunión informativa más inminente y a partir de ahí, si te decides, emprendes un camino inigualable: ofrecer tu familia a un niño que ha nacido en desventaja. Porque es eso, un ofrecimiento, no es posesión.

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A nosotros, tras un año y poco de espera, nos llegó el momento: fue precioso, por su reacción, como si lo hubiéramos soñado, pero, como no tiene porqué ser así siempre, no daré detalles. Lo que sí quiero decir es que Dani estaba muy bien cuidado allí, con un monitor de mañana y otro de tarde y otro los fines de semana, que tomaba las primeras marcas de alimentos, que estrenaba ropa y juguetes, que tenía pediatra en el mismo centro, y mucho cariño, pero le faltaba la referencia familiar.

La vida es paradójica: resulta que un niño superafectuoso como Dani no tenía una madre o un padre a los que abrazar, con los que jugar o a los que llorarles por las noches a deshoras, jeje. Se había criado en comunidad, como en un cole que dura las 24 horas, y desconocía la vida del exterior; le daban hasta miedo los cochecitos esos que hay en los centros comerciales.

Han pasado 2 años y, si no fuera por los ojos rasgados y esa tez preciosa como de verano eterno, nadie sabría que no es nuestro cuarto hijo biológico. Ahora él se busca en las fotos antiguas de los hermanos: ¿Y yo? ¿Dónde estoy en la foto en tu tripa?, le pregunta a mi mujer. “Tú eres del corazón, Dani”, le dice ella, con tal brillo amoroso que los hermanos tienen envidia, esos celos que te llevan a terminar con todos los críos colgados del cuello y al suelo.

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No quiero enrollarme: solo deseo que en este día en que se habla de la infancia penséis por un momento en esos críos que tienen derecho a una familia como la tuya, como la mía, y de momento no existe. Atrévete. Ya sé, ya sé: “¿Y si te lo quitan?”, nos sueltan a veces, como un golpe bajo inconsciente. Nuestro acogimiento es permanente y tiene todas las garantías de la Comunidad de Madrid. La vida es misteriosa, difícil y estupenda. Y te sorprende. Y a los humanos nos gustan las sorpresas… las sorpresas que queremos. A las otras las llamamos problemas… pero esa es otra historia.

El enemigo de tu enemigo no es necesariamente tu amigo

En el amor y en la guerra, en la política y en la vida, recuerda: el enemigo de tu enemigo no es necesariamente tu amigo. Es un equívoco muy común en la política, más en estos tiempos en que escasean los partidos con mayorías absolutas en las Corporaciones locales y que las alianzas para siempre durante unas semanas.

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“Antiguos amigos o partidario de tu adversario que están desencantados o directamente enfadados. Quizás incluso tengan una queja justa, pero la mayor parte de las veces su odio es apasionado, nubla su pensamiento, los anima a proporcionar muchos hechos que pueden estar lejos de la verdad”, advierte Joseph Napolitan, en su 100 cosas que he aprendido en 30 años de trabajo como asesor de campañas electorales.

En consecuencia, aconseja “prudencia” con los amigos de los contrincantes, “en especial si son gente cercana a ellos”. Porque, si se investiga de cerca, “se llega a la conclusión de que pronto pueden convertirse también en enemigos tuyos”. Atención a los individuos, avisa.

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En el sur de Madrid solo en Fuenlabrada el alcalde cuenta con mayoría absoluta de concejales de su partido. En Móstoles, Alcorcón, Getafe, Arroyomolinos, Villaviciosa… incluso la política nacional, con sus pinzas sorprendentes y sus vaivenes, puede generar nuevos amigos, y enemigos muy íntimos.

“Aprende de los errores ajenos. No vivirás lo suficiente para cometerlos todos”, dijo Eleanor Roosevelt, más activista que primera dama.

Camilo Sesto y el control: Vivir así es morir

Ha muerto Camilo Sesto a los 72 años. Y su música vivirá para siempre. Es una lástima que, en vez de fijarse en sus canciones, cada vez más vivas, Camilo intentara controlar los efectos del paso del tiempo, con el resultado obvio: cuanto más intentas controlar lo que no es posible, más pierdes el control.




Camilo Sesto tiene un puñado de canciones románticas imperturbables: la adversidad de éxitos como felices-los-cuatro y otras modas que vendrán mejorarán las canciones de Camilo. “Vivir así es morir de amor es la canción pop total. Resulta irresistible porque todo cuadra, es un puzle perfecto”, había dicho Guille Milkyway, vocalista de La Casa Azul y productor de las remezclas de Camilo Sesto. 40 discos, 50 números uno, 70 millones de copias vendidas…

Si cualquier desmayado con ínfulas y sin obra cree que puede controlarlo todo, imaginad lo que podía ser un artistazo con el poderío de Camilo Sesto. Uno todavía se emociona viendo ese vídeo en que dedica Perdóname a su madre que está entre el público. Eso es lo que queda. Lo imperturbable.

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Ojalá hubiera disfrutado más de lo que entreveíamos en sus apariciones y desapariciones. Cuando el control se convierte en rigidez, vamos mal. Ojalá le hubieran hecho disfrutar de esos pequeños desórdenes que paradójicamente son los que mantienen el orden y nos hacen evolucionar: no hace falta fingir melenón hasta los 70, ni tersura de muñequita. El otro día vimos una fotografía de Sean Connery con 89. ¡Cómo ha envejecido!, comentaban algunos comparándole supongo con aquel policía macho de Los Intocables, de Brian de Palma. Gi-li-po-llas. Un día descubrirán que la juventud es un accidente.