Vuelve el cine a los centros públicos de Móstoles

La vida cultural municipal se despereza tras la hibernación obligada por virus. Hasta el cine en versión original vuelve a los centros públicos. En octubre y noviembre.

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Qué hacer en Móstoles este fin de semana, y gratis

Si eres de los que han elegido quedarse en la ciudad este verano o ya han vuelto de sus vacaciones, te dejamos algunas propuestas gratuitas para hacer en los próximos días.

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Soul: la última maravilla de Pixar se estrena en casa

He leído a internautas discutirle al director si un gato sin alma debería seguir vivo o estar muerto, que si el final es acomodaticio, que si patatín… Pasa y disfruta.

Para mí Soul, la última película de Pixar es una maravilla, particularmente disfrutable en estos tiempos coronavíricos de incertidumbre y nada. Animación para cualquier edad, animación para vivir. Y se estrena solo en casa, en el canal Disney Plus.

Un músico de jazz llamado Joe Gardner se gana la vida enseñando música a niños con un interés y una pericia mejorables. Y sueña, entre bolos sin trascendencia, con vivir de la música, tocando el piano en un grupo exitoso.

Y cuando la suerte le echa una sonrisa prometedora va y… ¡se muere! De una forma estúpida, si es que hubiera alguna forma lista de morirse. Esto ocurre a los pocos minutos de iniciarse la película, con el revuelo todavía de los niños acomodándose las chucherías en casa, cogiendo la mantita, dudando aún si mejor con o sin luz… En fin, a las primeras de cambio.

Parecía una película más de sueños por cumplir, y resulta que nos plantamos en El Más Allá. Y en “El Más Atrás”, y la estética de la película cambia, nos apabullan con referencias incluso cuánticas, que los niños se saltan y tan campantes -bueno y los no tan niños, jeje- y Soul entonces inicia una peripecia extraordinaria.

En El Más Allá las almas de los muertos ascienden por una plataforma muy plástica hasta la desaparición como en un destello, con sonido de mosca que se achicharra. Y en El Más Atrás las almas de las nuevas vidas esperan “la chispa” que necesitan para lanzarse a la Tierra y hacer algo entre los vivos.

Humor, ideas, aventura

Es solo el comienzo de una historia que te lleva de la mano con humor, ideas, aventura y el ímpetu alocado de ese hijo pequeño que tira de ti cuando ve algo que le gusta mucho. ¡Mira, papá, mira…! Hay un gato gordo que habla, una diva que toca el saxo, un hippie que se ilumina, un peluquero que hace magia, una madre con empresa, y una ciudad-hervidero que va a lo suyo, todavía sin mascarillas, por cierto.

Cada cual se quedará con lo que le toque más de cerca o más de lejos. Yo me quedo con una historia que cuenta la saxofonista al prota, en la puerta del club tras una gran noche: la de un pez que le pregunta a otro más viejo dónde queda el océano. Y el pez viejo le contesta que están en él. Y el pez joven que se revuelve: “No, esto es agua, y yo busco el océano”.

27 de diciembre de 2020

“Un pesebre viviente por si es mi última Navidad”

“Tenemos los actores, los decorados, los trajes. Hemos visto a José y a María, el Niño, los pastores… ah y conseguimos un buey y una mula. Estamos todos. Solo faltas que te animes y vengas tú, con toda la familia”. Este sábado 21 y el domingo 22, Arroyomolinos celebra su primer belén viviente. Han pasado 796 años desde que Francisco de Asís inventara el “pesebre viviente”, temeroso de que la de 1223 fuera su última Navidad…

En Arroyomolinos, por impulso de la Asociación de Teatro Las Tres Carabelas y muchos vecinos, habrá belén viviente sábado y domingo en dos franjas horarias cada día: de las 12 a las 14, y desde las 17 a las 19, en la plaza de España de la ciudad. Habrá además un punto de recogida de juguetes y alimentos no perecederos a beneficio de Cáritas Parroquial, para quienes quieran colaborar.

La tradición del belén viviente viene de lejos, tiene casi 800 años. Francisco de Asís estaba enfermo y débil, y preparó todo en secreto con su amigo Juan Velita, propietario de un bosque en las montañas de Greccio, en Italia. Allí había una gruta que le recordaba a la cueva de Belén donde nació Jesús, lugar que había conocido en un viaje a Tierra Santa.

Francisco y su amigo escogieron entre gente del pueblo, a media voz, a María, José, los pastores y el niño. Con discreción y secreto prepararon la escena del nacimiento, siguiendo el relato de san Lucas. En la Nochebuena, cuando las familias estaban en casa, sonaron las campanas y todos los vecinos salieron de casa a ver qué sucedía. Entonces, vieron a Francisco que los convocaba desde la montaña.

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Era una noche fría y negrísima, y los vecinos se dirigieron con antorchas al lugar: se quedaron muy sorprendidos. Como si la historia se hubiera hecho realidad: María tenía al niño en los brazos y José conversaba animado con un grupo de pastores. Francisco de Asís no murió aquel año. Lo hizo tres navidades más tarde, pero su costumbre perdura. Arroyomolinos es la última muestra. Acudid a verlo, que lo han preparado con mucha ilusión.

Ah y por si te interesa conocer un poco más al santo de la humildad y la pobreza, Francisco, te deslizo una sugerencia: el retrato cinematográfico que de él hizo Roberto Rossellini, en Francisco juglar de Dios (Francesco, giullare di Dio). Glorioso. Una road movie con burrito, sufrimiento, ingenuidad, lluvia, cansancio, peregrinación. Una obra maravillosa y no precisamente de un beato, por si las suspicacias.

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El punto G de la vida

Estás en una reunión de amigos, estás en un mal momento y, de repente, te levantas y cantas tus desventuras, y digo cantar de verdad. “Hay muchos motivos para no estar con alguien, pero no hay motivos para estar solo”, interpreta él, desentonado pero maravilloso. He visto 17 veces seguidas ese minuto cantado que surge como un fogonazo a las dos horas de película. Está entre lo sublime y lo ridículo, en “Historia de un matrimonio”, de Noel Baumbach. Si estás en un momento de divorcio con abogados, la verás como una historia de timadores. Si estás enamorado, pensarás en lo que te puedes perder si te despistas. Si estás desencantado, no sé… Al verla pensaba en que existe un punto G de la vida.

La película empieza de forma magistral. Habla él y la vemos a ella:

“Lo que me gusta de Nicole: hace que te sientas cómodo incluso con cosas incómodas.
Escucha de verdad cuando le hablan: a veces demasiado tiempo…
Siempre sabe qué hay que hacer en rollos familiares.
Sabe cuándo insistir y cuándo dejarme en paz.
Inexplicablemente siempre tiene lista una taza de té… que no se bebe.
Le cuesta recoger calcetines, cerrar armarios y fregar platos, pero lo intenta por mí.
Y es genial haciendo regalos…”.

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Luego habla ella y le vemos a él:

“Charlie come como si quisiera acabar ya.
Ahorra energía, es meticuloso.
Se mira mucho en el espejo.
Llora fácilmente en el cine
Sabe zurcir.
Rara vez se desmoraliza.
Adora ser padre, le encanta lo que debería odiar, los berrinches, que le despierten. Que le guste tanto resulta incluso molesto…
Te dice que tienes comida en los dientes sin hacerte sentir mal.
Forma una familia con todo el que tenga cerca.
Tiene clarísimo lo que quiere…”.

Y resulta que a tres minutos de película vemos que están en terapia y a punto de divorciarse. Y no revelo nada con esto.

Me quedo con los chispazos entre lo sublime y lo ridículo. Cuando ella recuerda lo que sintió al conocerlo. “Hablar era mejor que el sexo, y el sexo era como hablar”. Era “sentirte viva”.

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Él luego lo canta: alguien que te necesite, que te conozca demasiado, que te haga parar en seco, que se burle de ti con elogios, que se aproveche amorosamente, que dé variedad a tus días… estar vivo. Alguien que te atiborre de amor, que te impulse a dar la talla, que esté ahí siempre, aterrado como tú, para ayudarte a estar vivo.

Quizás el punto G de la vida sea haber sentido el enamoramiento: aunque ya se haya acabado, esté en todo lo alto, o a punto de producirse… La sensación es incomparable e inolvidable. Y luego ponerse a cantar la vida. En directo, aunque sea entonando desmadejadamente.

Los mafiosos no se jubilan

Ver a un mafioso elegir un ataúd y un nicho para sí mismo es un contradiós: ¿acaso piensa morirse de forma natural? Esta mañana me he trasegado la última de Scorsese, The Irishman (El Irlandés). Se parece mucho a la vida: emocionante a ratos, incierta, te aburres moderadamente, sublime en chispazos y hay más palabras que acción. Son 3 horas y 29 minutos, y sí, se hace larga, pero la sensación final debe de parecerse a la vida cuando dura: se termina casi en un susurro, con una frase que me encantaría poner de título pero no quiero revelar.

Es doloroso ver a De Niro casi trastabillarse al ir a tirar al agua la pistola del penúltimo asesinato: la edad. Scorsese ha hecho una versión crepuscular de Godfellas (Uno de los Nuestros) y es como si quisiera que no nos identificáramos esta vez con los malvados. Ni con los demás, eh. Hombres feos, gente cansada.

La música evoca al Scorsese legendario, desde Mean Streets (Malas Calles). Y te lleva en volandas hasta el hilo de principio a fin de la película: el irlandés, un tipo rudo, padre mejorable y leal, sobre todo leal a los suyos. En la guerra aprendió a acatar órdenes y así siguió toda la vida. “Nunca entendí por qué seguían cavando sus propias tumbas”, dice mientras le vemos de joven apuntando a dos soldados alemanes prisioneros en el bosque. Creerían que si lo hacían bien el tipo del arma los salvaría. Bum.

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Hay frases lapidarias: “Si alguien no es fiable en esta vida son los hijos de los millonarios”, suelta Pacino, difícil de ver en un personaje palabrón y testarudo. O esta del irlandés: “Tres personas guardan un secreto solo cuando dos de ellas están muertas”. Pesci, como el capo Russ, está contenido, genial, como un controlador de pocas palabras y reiteraciones homicidas: “¿Eso dijo? ¿Está seguro de que dijo eso? ¿Dijo eso?”.

En algún momento recuerda al mejor Tarantino, como ese instante en que los mafiosos discuten sobre la ropa que debes llevar a una reunión, si depende del lugar, y sobre los minutos que uno puede esperar al que se retrasa: ¿10? ¿15? Y está el puro Scorsese que te congela la imagen de determinados personajes y te cuenta apunta como si fuera una ficha o una lápida, de cuántos disparos murió, a cuántos años de cárcel le condenaron y así. O que te cuenta algo de fondo mientras la cámara se regodea en las mejores salchichas, a la plancha con cerveza.

Hay en The Irishman un río al que van las evidencias de los crímenes: “Si enviaran buzos, con lo que encontraran podrían armar a un país pequeño”, dice De Niro. Y a mí me ha quedado una sensación final inquietante: la incomprensión que notaste en la adolescencia debe de volver cuando entras en la inmadurez final, a los ochentaypico, noventaypico y más. De que en la vejez nadie nos va a entender…   

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“Hay que pelear más allá de la resistencia”

La vida es desconcertante, como el boxeo: va casi todo al revés. A veces el mejor modo de ganar es retrocediendo. Y no basta con ser duro o con ponerle mucho corazón. Hoy he vuelto a emocionarme con Million Dollar Baby, de Clint Eastwood, mi película contemporánea para cualquier estación del año. Nos recuerda que hay que pelear batallas más allá de la resistencia, y que hay que arriesgarlo todo para conseguir los sueños, aunque de momento esos sueños solo los veas tú.

Pienso especialmente en esas mujeres que lo arriesgan todo, incluso la vida, para salir de una pesadilla que casi nadie ve. Y otras que lo harán muy pronto (¡ánimo!), pero cuya única manera de sobrevivir hoy es retrocediendo dos pasos. Todos tenemos una oportunidad. Pese al Sistema, desorientado como ese joven de la película, Danger, que golpea al aire como si el aire pudiera volverse.

Hay una regla que sale en la obra maestra de Eastwood. “Que… ¿cuál es la regla? Pues ya sabes, protegerte en todo momento”. Que la vida es difícil y que hay gente extraordinaria que llegó a este mundo luchando y que se va a ir luchando.

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Sobre la oportunidad: “Todo los días muere alguien sin la oportunidad de lo que quería ser”. O la buscas o estarás abocado a ese lugar adonde uno se retira como un elefante, “entre ninguna parte y el olvido”, como describen en el filme.

“Cuando de pequeño dije que iba a ser cómico, todos se rieron de mí. Ahora nadie se ríe”

Ya lo decía Woody Allen: la comedia es solo tragedia + tiempo. Ahí está Joker, por fin la vi (cuando uno tiene tres hijos pequeños hay cosas que hay que hacer aunque no tengas ganas… y otras que tienen que esperar, ay). Un amigo me dijo: “Todo el mundo dice que es lenta, y que el final está muy bien”.

Debe de ser que a los amigos de mi amigo la vida les parece lenta, porque a mí Joker me ha parecido una bala. Una bala en la boca del Sistema (lo pongo en mayúsculas que da más susto): “El Sistema decide lo que está bien y lo que está mal”. Incluso en el humor: “El Sistema decide lo que es gracioso o no”. Que tiemblen Broncano, Buenafuente… y Bertín Osborne. Llegará ese invitado del que se rieron y…

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Joker es una bala sutil en la cabeza: ¿El mundo dividido entre ricos y pobres? Ayer Ignacio Escolar escribía de ello… en serio: “A quién votan los ricos y por qué no votan los pobres”. Y cita al gran inversor Warren Buffett, para refrendar su tesis de que la lucha de clases continúa: “Claro que hay lucha de clases. Pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa lucha, y vamos ganando”.

La película tiene un aroma a gánsteres, por la música, que hasta aparece el That’s Life, de Sinatra:

“Así es la vida/

Y por gracioso que parezca/

Algunas personas se divierten/

Pisoteando un sueño/

Pero no dejo, nunca dejo que me deprima/

Porque este viejo mundo sigue girando…”.

Hay terror evidente, en ese baile en la escalera infinita, esas máscaras que recuerdan a los Slipknot cuando eran gloriosamente imperfectos. Y ese terror que es una bala en el estómago: “Cuando era pequeño y dije que iba a ser cómico, todos se rieron de mí. Ahora que soy cómico, nadie se ríe”. Se te hiela la sangre. Entre lo ridículo y lo sublime hay una línea delgada solo para valientes.

En otro momento Joker le dice a su madre intubada: “¿Sabes lo que me hace reír? Solía pensar que mi vida era tragedia, ahora me doy cuenta de que mi vida es una comedia”, y no voy a desvelar lo que hace mientras dice esta última frase.

Y esa tristeza terrorífica de ver al actor maquillándose la cara de blanco, lengua incluida, frente al espejo –como los clásicos- preparándose para el reencuentro trágico con su “compañero” de fatigas cómicas, que termina con el merecido que nadie le dio en Billions, serie en la que hacía de abogado mercenario del poder.

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La gente espera que te comportes como no lo haces. No hay que ser gracioso para ser cómico. Es difícil ser feliz todo el tiempo… Frases de un tipo con sonrisa perpetua.

Abre tu spoty, ponte White Room, de Cream, y a disfrutar del día.  

Joker y la serenidad

Buscar dinero, reconocimiento, ayudar, marcar un camino… todo eso está muy bien. Pero es nada en comparación con una vida serena: verdadera, fuera de la tempestad. Hace falta que la vida nos ponga en el alambre para ver cómo andamos de serenidad. Y es una maravilla encontrarte con una persona en calma cuando, a tus ojos, todo parece que se hunde: una enfermedad grave, la crisis siempre la crisis, una decepción amorosa…




Sin embargo, la intensidad de salón está de moda. Quizás por eso triunfa el cine de superhéroes en la cartelera, bueno y porque nos divierte. Joker mismamente se ha llevado el premio a la mejor película en Venecia, el domingo. Hoy mandamos a la trituradora de Vértigo al temperamento explosivo, que envenena, que arruina y que se carga lo dulce y lo bello de la vida.

La frase de hoy es de traca: Soy como soy. Anónima y de cada uno de nosotros alguna vez. Maldito temperamento.

Y, ahora, la pregunta: ¿Cómo os domináis a vosotros mismos?