Premios Mostoleños 2021 para los héroes de la covid

Otro 2 de mayo de tristeza y héroes contemporáneos. Y van dos años ya, por la covid. En Móstoles se ha recordado a los héroes bicentenarios y se ha reconocido a quienes han dado lo máximo en este tiempo de enfermedad y miedo.

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Al gasolinero de Móstoles le traiciona su cara

Víctor, gasolinero en Móstoles, es un hombre bueno, pero le traiciona su cara. Como si hubiera crecido con un rostro que no le representa. “Papá, ten cuidado con ese hombre”, dijo una tarde el hijo pequeño de un cliente, al verlo. Los dos adultos se rieron al comentarlo.

Víctor cambió Rumanía por España hace 14 años. “Y ya no voy a volver. Allí soy más extraño que aquí”, me dijo el sábado, mientras caían los 20 euros de diésel. Yo veo en él un guerrero, un tipo capaz de alcanzar lo inalcanzable. Pero él se ve como una persona corriente, quiere que el mundo lo acepte como uno más, y ya. Repara electrodomésticos. Ha reformado su casa. “¡Abre un negocio!”, le digo cada vez que acudo a repostar. Entonces sale el asunto de su cara…

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“Estoy acostumbrado, me ha pasado siempre. Mi cara produce desconfianza”, dice. Creo que es el miedo al rechazo, que es el miedo más común de la gente corriente, el pavor a significarte y que el grupo no te considere uno de los suyos.

Víctor tiene dos hijos. Uno trabaja en mantenimiento. El otro estudia para electricista. Quizás un negocio de reparaciones…

—¿Cuánto necesitarías?— aprieto.
—5.000 o 6.000 euros—
—¿Los tienes?—
—Ahora mismo, no—

Entonces se acuerda de la casa y el terreno enorme que dejó en Rumanía. “Aquello está muy mal. Mi casa de allí lleva 14 años vacía”. Allí mismo dejó el coche, que estará chatarroso. Se hace un silencio.

Víctor alcanzará lo inalcanzable cuando se olvide de su cara y la primera impresión. Yo le recuerdo aquello que dijo Lincoln de que, a partir de los 40 años, uno es responsable de su cara. “Se te van a ir suavizando los rasgos, verás”. Sonríe. Más gente buena como Víctor es lo que necesitamos en nuestras ciudades, con independencia de la cara y de donde hayan nacido.

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La historia es real. No muestro a Víctor en la fotografía porque él quiere ser corriente, como era de esperar…

Héroes: “Nunca triunfarás con una sola mano”, y triunfó

Nicholas McCarthy nació sin mano derecha. A los 14 años decidió tocar el piano. “Nunca triunfarás como concertista”, le auguraron. Siguió. Fue el primer pianista con una sola mano en graduarse en el Royal Collage of Music en 130 años de historia. Una profesora le dio un consejo que no ha olvidado…

Le dijo: no vayas a los concursos televisivos del tipo Got Talent, salvo que quieres convertirte en “una atracción de feria”. “Era cuando empezó el programa Britain’s Got Talent… Estoy muy contento de haber seguido su consejo. Me habría convertido en una atracción de feria que tal vez se hiciera de oro durante un par de años, pero no me habría ganado el respeto del que ahora disfruto como pianista ni habría seguido la trayectoria profesional que he tenido hasta ahora y que pretendo tener a los sesenta y tantos”, le cuenta el músico a Tim Ferris, y lo recoge en su libro Armas de Titanes.

Lo que hizo Nicholas fue especializarse en un repertorio de composiciones para la mano izquierda, en lugar de ayudarse de su antebrazo derecho, una extremidad más corta de lo habitual, por su discapacidad. Su primer disco, “Solo”, tiene 17 piezas que abarcan tres siglos de música compuesta para una sola mano. La acogida del público y la crítica fue fantástica. Como fueron un éxito también su colaboración con la banda de pop Coldplay y, al nivel masivo, su interpretación del himno paralímpico en los Juegos, ante 86.000 personas en el estado y una audiencia estimada de 500 millones de espectadores a través de la televisión en todo el mundo. 

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Nicholas empezó a tocar el piano como los adolescentes empiezan tantas cosas. Su heroicidad: creer en sus posibilidades y continuar, pese a las opiniones contrarias. Y ver su carrera a medio plazo. Frente a los del “lo-quiero-ya”, McCarthy apostó por una carrera profesional, una reputación y un respeto. Y eso no se consigue normalmente con revuelo y tres galas en la tele. 

El músico tiene hoy 30 años, han pasado 7 de su hito en el Royal Collage of Music y el piano da sentido a su vida.

Historias de perros para recordar: Turco

A Turco, un perro labrador, lo abandonaron un día en Tarifa. El humano que lo traicionó se atrevió incluso a hacerle un tajo en el cuello para sacarle el microchip, para no ser rastreado. Tras unos días vagando acabó en un campo de maniobras militares. Allí lo encontraron unos soldados, en condiciones lamentables, con la herida abierta en el cuello y las consecuencias de un pedruscazo. A Turco se le había olvidado hasta ladrar.

Cuando lo vio una joven militar quedó prendada y se lo llevó a casa. Allí Turco se recuperó y, con el tiempo y el azar, un día se cruzó en la vida de un bombero del grupo de especialistas en rescates de la Junta de Castilla y León (la militar era vallisoletana). Al ver las facultades del animal, el bombero le propuso a la acogedora reclutarlo como perro de rescate. Así sería.

Turco entrenó duro y por sus cualidades fue a Haití cuando la tragedia del terremoto. Con otro perro de rescate, de nombre Dopy, Turco trabajó 9 días en jornadas inacabables de más de 16 horas. Juntos rescataron a 18 personas, entre ellos un niño de 2 añitos que estaba entre los escombros abrazado a su abuelo muerto.

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Turco, el labrador abandonado en Tarifa en 2008, pasó de abandonado a ser un héroe, pese a la saña de aquel “humano” que un día lo dejó en la estacada con el cuello abierto.

Nos trae esta historia Juego de Perros, un proyecto con el que Vanessa y Sol, terapeutas caninas, quieren “devolver a los perros un poco del amor que ellas reciben de estos animales”. La vía: el masaje terapéutico, que mejora su calidad de vida física y psicológica. “Queremos que los perros se sientan lo más felices posible con el mejor cuidado, amor y respeto”, insisten.

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Imbéciles con suerte y héroes sin victoria

Las heroínas y los héroes lo son por su comportamiento heroico, aunque pierdan. No debemos juzgar lo ocurrido en la medicina, en la política, en la inversión o en la vida, solo por los resultados. Escribamos la Historia alternativa, las historias que no ocurrieron.

Desenmascaremos a la suerte. Ya lo dice Taleb: los imbéciles con suerte no tienen la mínima sospecha de que pueden ser imbéciles con suerte. Imagina que un magnate sádico y aburrido te ofrece 10 millones por jugar a la ruleta rusa. Cada vez que aprietes el gatillo se producirá una historia: todas con la misma probabilidad.

Cinco serán historias felices y te enriquecerán. Y una engrosará la estadística luctuosa, con tu necrológica. Cuenta esto el sabio Nasim Talem para poner en la picota lo que vemos de la realidad, con lo que nos quedamos: si observamos la vida desde las historias de que disparas y no hay bala, pues recibirás la admiración y hasta el análisis de algún periodista perezoso y palabrón que alabará tus méritos. Te lo creerás incluso. Disparé en el momento justo. Puse mi toque. Elegí el instante preciso.

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Taleb llega más lejos: con un poco de insistencia y miopía el ganador de la ruleta rusa se convertirá en un modelo para todos. Le copiarán los hábitos. Porque hace falta valentía, reflexión y despabile para mirar las historias alternativas y no seguir jugando. Porque si tienes 25 años y juegas a la ruleta rusa una vez por año con dificultad llegarás a los 50. Resultado: un puñado de supervivientes de oro y un cementerio repleto de idiotas.

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A veces jugamos a la ruleta rusa sin ser conscientes del riesgo. Y observamos la riqueza generada y nunca la vía: y perdemos de vista los riesgos y nos olvidamos de los perdedores. Parece tan fácil que nos confiamos.

Rosalía, el azar y los héroes que no triunfan

El éxito boreal de la cantante Rosalía, que valoro y celebro, me sirve para hablar del influjo del azar en la vida. Y de cómo se escribe la Historia, siempre a posteriori y por los resultados, claro, y cómo eso hace que nos olvidemos de tantos héroes y heroínas que no llegaron. Cuando, en realidad, lo que hace a un héroe y una heroína no es que gane o pierda, sino su comportamiento heroico.

Desde Vértigo queremos glosar esas historias alternativas, las de quienes se comportaron heroicamente… con independencia de que consiguieran o no su objetivo. Somos parte de una sociedad complaciente y ciclotímica, donde puedes pasar de la cumbre al fango en el trayecto de un balón hasta la canasta. Y quizás no esté todo perdido, quizás podamos hacer algo distinto: si damos menos importancia al resultado final quizás otros se animen a intentarlo.

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¿Os imagináis que la Historia la pudieran escribir también quienes fracasaron? En nuestra invitación a pensar distinto sería como glosar los resultados que fueron y los detalles que no se vieron. Rosalía, a la que ahora se le alinean hasta planetas por descubrir, seguro que sufrió trastadas del azar, antes de su éxito injusto-y-de-la-noche-a-la-mañana, como lo consideran los que abarrotan las fosas de la envidia.

Escribamos las historias de los tipos de comportamiento heróico que fracasaron. A lo mejor, algunos idiotas con suerte se dan cuenta así de que son idiotas con suerte. Ahora creo que no tienen ni la más remota idea.

Julio Rosa deja un legado: donar médula salva vidas

Con la muerte reciente de Julio Rosa a los 13 años por leucemia me asalta un interrogante: ¿Hay que estar en situación límite para dejar huella? Julio concienció al mundo de que ser donante de médula salva vidas. Lo hizo con su resistencia, su sonrisa… y su vida. Traigo el asunto no para despertar ese buenismo efímero que tanto confunde. Creo que Julio nos puede ayudar a ver un poco más lejos: que ser un disfrutón de la vida está bien, pero que convertirlo en nuestra razón de existir es un desperdicio.

Esto no va de que todo quisque se ponga transcendental, que es mucho peor. Simplemente va de pensar en qué podemos aportar en nuestro paso por la vida y que lo hagamos. Si la vida es una sucesión de problemas que vamos resolviendo (a veces a la tercera o cuarta intentona y a veces ni así), al menos compartamos lo aprendido. En plan: Esta es la regla que a mí me sirve para salir de una nube negra… Esto es lo que yo hago cuando la decisión es complicada… y así.

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Sin situaciones límite nos falta claridad, quizás. El niño Julio intuía que cada día podría ser el último y se dedicaba a la misión de que donemos médula. Para mí y para ti también puede ser hoy el último día, por sanos que estemos. Empecemos por diferenciar metas y deseos. Una meta es un objetivo, algo que necesito alcanzar a toda costa. Un deseo es algo que quiero, puede ser un capricho, y a veces es más un impedimento que un impulso. Julio Rosa tenía un objetivo.