Covid en las residencias: 51 mayores muertos este verano, y vivos que se creen “abandonados”

Hoy se ha sabido que han muerto 51 mayores este verano en las residencias de la Comunidad de Madrid. Y que 33 de ellos fallecieron en septiembre. La segunda oleada de covid, en su maldito esplendor. La primera causó estragos.

Aquí dos casos simbólicos, de vida y tristeza. Una imagen espontánea, de una residencia de Móstoles. Y las palabras de una nieta que acaba de ser madre y que fue la última que abrazó a su abuela… hace 6 meses.

La nieta ha tenido a su primer hijo. Le encantaría que la abuela conociera al bisnieto. Pero no parece probable de momento. Es duro.

—Es duro no solo que no conozca al bisnieto, sino que no podamos abrazarla y que vuelva a sentir cariño, que la última que le dio un beso fui yo hace 5 meses.

—Desde entonces no hemos podido ni tocarla la mano.

Creyó que la habían abandonado

—Va mi madre a verla pero con dos mesas y un cristal por medio… Es muy triste.

—Y como no sabemos si ve bien y oye bien, no sabemos si es consciente de que están allí mi madre o mi tía, la que le toque ir.

—Durante el estado de alarma creía que la habíamos abandonado.

conversación covid en una residencia de mayores de Móstoles
Móstoles, Las Camelias, una imagen de la distancia en este tiempo maldito de covid

—Y con la mascarilla ahora, imagínate, ni las reconoce.

—Es un drama.

—Es una tristeza y no solo para los que han muerto. Tristeza para los que han sobrevivido también. Las secuelas psicológicas son horribles.

—Verte al final de la vida, después de lo que han sufrido esas generaciones, y verte sola, sentirte abandonada.

—En fin, yo rezo por volver a poder darla cariño y que sepa q la queremos, aunque haya pasado un mal trago, pero que sienta el cariño y que pueda conocer al pequeño…

La imagen

Un tuitero captó la imagen espontánea en los exteriores de la residencia Las Camelias, en Móstoles. Un hombre y una mujer conversan con un aparato telefónico o similar. Ella está dentro. Él en la calle. No sabemos su vínculo. Es una imagen simbólica de la distancia de este maldito virus. Como si estuvieran en una cárcel. Comunicación a través de un cristal. Sin palabras.

Severa, una bisabuela inusual

La mostoleña Vanesa Fraile tuvo una bisabuela inusual e inspiradora. Severa, que así se llamaba, era “una maestra callejera”. “Se hacía cargo de aquellos niños que no podían ir a la escuela”, cuenta Vanesa en el libro con el que le hace un homenaje: “Severa, la contadora de cuentos”.

—Mi bisabuela era una privilegiada que sabía leer y escribir. Era un maestra callejera y sus aulas eran los secaderos y las calles de Madrigal de la Vera, en Cáceres —desvela Vanesa.

La autora presenta el libro este viernes en Móstoles, en la Taberna Gobana. En 2 pases, a las 19.00 y a las 21.00, porque las distancias sociales por el coronavirus han mermado la capacidad de los sitios y Vanesa quiere llegar a muchos lectores, amigos y también gente desconocida.

—Severa enseñaba a los niños a leer y escribir y les contaba historias que memorizaba y luego cambiaba a su antojo. Nunca sus historias tenían el mismo final —destaca la escritora.

El libro está disponible en la página de Facebook “Severa, contadora de historias”, y puedes encargarlo también por correo al precio de 19 euros escribiendo a vfrailecaliz1980@gmail.com. De cada libro, Vanesa destinará 2 euros a la investigación del síndrome de Sanfilippo, una enfermedad infantil degenerativa y mortal.

En la reapertura de una autoescuela: “El día que cerré sentí un vacío inexplicable”

Las autoescuelas han reabierto esta semana, tras el cerrozajo de marzo por el coronavirus.

—El día que cerré sentí un vacío inexplicable —recuerda Tamara Vállega, propietaria de la autoescuela Euromotor en Móstoles—. No puedo hablar de ello (deja de hablar de emoción unos segundos al contarlo). Han sido unos días muy duros, de incertidumbre, de comerte la cabeza.

Hablamos con Tamara en el segundo día de reapertura. Y tardamos en coincidir por teléfono ¡porque tiene clases continuamente!

—Esperaba bastante menos: pero la gente está muy motivada para sacarse el carné y más con la cuestión de que no quiere coger el transporte público —celebra la empresaria—. No hemos parado de dar información y clase desde las 8.30 hasta ahora (y hablamos pasadas las seis de la tarde).

Como tantos pequeños empresarios, Tamara creyó que la parada de mediados de octubre sería breve.

—Al principio pensaba que iba a durar 15 días pero luego vi que no, que se alargaba, que se hacía más y más difícil. Yo tuve que meter a mis 3 trabajadores en el Erte, y he podido aguantar porque me pilló con dinero ahorrado; si no, no sé lo que habría hecho —explica.

Con la apertura ha sacado a uno de sus empleados del Erte y, si los días próximos van tan bien como los del inicio, en breve sacará al resto de la plantilla. Ella quiere que su empresa siga creciendo, paso a paso, y firme. Con todas las medidas.

Tan cumplidora es Tamara que ha estado el día completo dando clases con la pantalla protectora puesta, además de la mascarilla, y ha sufrido mareos, por los reflejos en las clases en coche a plena luz. La norma debiera servir en teoría para protección, pero la práctica dirá si sirve o no. Yo he visto a muchos profes solo con mascarilla, de otras autoescuelas, también por Móstoles.

—Llevamos los coches desinfectados, huelen a quirófano, y eso les da una seguridad a los alumnos. Antes de empezar desinfectamos el vehículo, nos ponemos gel hidroalcohólico en las manos, un espray antivirus en los pies y poco más. Para el examen nos han dicho que los alumnos tendrán que llevar guantes, y mascarilla nueva.

El corte radical de las clases durante la pandemia dejó no solo a alumnos pendientes de examinarse, sino a algunos que suspendieron justo en esa semana el práctico y a quienes se les habrá hecho larga la espera de casi tres meses. Esta semana vuelven a los mandos. Y los exámenes llegarán pronto: los teóricos ya, y los prácticos en la fase 3 de la salida del confinamiento.

—Desde la DGT han anunciado que este año habrá exámenes también en agosto, que no cerrarán. Eso es buenísimo —dice Tamara, que este año no se irá de vacaciones—. Ya hasta 2021 nada (y lo dicen sonriente, deseosa de volver a trabajar y que Euromotor salga del aprieto).

Durante el confinamiento ofrecieron vídeos online a los alumnos. Lo inminente serán las clases en directo a través de su plataforma de e-learning, que se les harán más vivas a los alumnos. Porque las clases prácticas serán presenciales, como siempre. Pero las teóricas de momento serán online, dado que las limitaciones de aforo hacen que solo pudieran ir a clase 4 alumnos, “y no sería justo dejar a gente fuera. Así que habrá videoclases teóricas cada día a las 10 y a las 20 horas y ahí estaré yo explicando con mi pizarra”.

—Nos hemos tenido que digitalizar de un día para otro en las teóricas. En las prácticas, ya tenemos una aplicación con la que cada alumno ve su hora de clase en el móvil.

“Desescalada”, en una escuela de danza: “El cierre definitivo es la última opción… pero la considero”

A Paula, propietaria de la escuela de danza Paula García, el confinamiento le cogió con 140 alumnos y un proyecto rentable. Bajó la cancela un miércoles con la idea de que el cierre “durara 15 días, hasta el 26 de marzo” y han pasado dos meses. Ahora, en la “desescalada”, las escuelas de danza tienen que esperar a la fase 2, y Móstoles, como toda la Comunidad de Madrid, está en la fase 0,5.

—No sé si voy a volver a abrir. Hay mucha incertidumbre y no tenemos una normativa clara: las escuelas de danza no estamos en ningún epígrafe de la desescalada: ni somos gimnasios ni academias como las de inglés o refuerzo… Desde las asociaciones de escuelas de danza se ha elevado un escrito a Sanidad para saber qué debemos hacer —dice Paula, bailarina y emprendedora.

La Escuela de Danza Paula García está en el barrio de El Soto de Móstoles.
—Mi alumnado es gente de barrio, familias humildes, papás y mamás en Erte o sin trabajo: si me obligaran a disminuir el número de alumnos, tendría que subir las cuotas para que fuera rentable y quizás las familias no puedan pagar.

Lo que intuye:
—Cada bailarían tendrá que tener un perímetro de seguridad, los papás y mamás no podrán entrar, tendremos hidrogeles, habrá que descalzarse al entrar y ponerse el calzado de baile. Y reducir el aforo de forma considerable. Pero, claro, si ahora tengo grupos de 16 niñas, qué hago con grupos de 8 o de 5. No tengo horas ni espacios en la tarde para atender a todos.

Ahorros y ayuda estatal

La joven bailarina, mamá de una niña pequeña, vive ahora de los ahorros y de la ayuda del Estado por el cese de su actividad como autónoma. Nunca habría imaginado un parón así, con todo lo que ha batallado en estos 5 años y medio desde que arrancó.

—El cierre fue un jarro de agua fría, a mitad del mes de marzo. Esperábamos que iba ser de 15 días, pero se fue alargando y alargando… Y ahora tenemos que esperar a la fase 2 y la escuela de danza con alumnos amateur es un negocio que en el verano no funciona: en julio hacemos intensivos con maestros y para alumnos que se examinan en el conservatorio, pero en agosto siempre cerramos.

Casera “comprensiva”

Ahora mismo está preparando clases y cursos, y afrontando los pagos básicos. Por fortuna, su casera le ha dicho que no le cobrará alquiler mientras dure el estado de alarma.

—La propietaria es una mujer comprensiva y desde el primer momento me dijo que no me iba a pasar el alquiler de los meses en que la escuela estuviera cerrada por el estado de alarma—agradece—. De otro modo tendría que haber cerrado definitivamente.

—¿El futuro?
—Lo veo incierto. No sabemos ni cómo van a empezar los colegios y dependemos de los niños de los coles. Entiendo el miedo de las familias: si al cole van a poder ir la mitad de la clase y no se van a poder juntar, cómo vas a meterlos en una escuela de danza, que es un sitio cerrado.

—Y ¿entonces?
—Soy auxiliar de enfermería. Estuve trabajando varios años para poder abrir la escuela. Si no puedo reabrir la escuela, volveré a ejercer. El cierre definitivo es la última opción… pero la considero.

Cada mañana Paula se levanta con la ilusión de tener una noticia que le dé esperanza o le reduzca la incertidumbre.
—Profe, ¿sabemos algo? —le suelen preguntar las alumnas.

De momento, toca esperar.

Preparando la “desescalada” en una escuela infantil: “Te endeudas y no sabes si realmente vas a tener un futuro”

Isabel, maestra de infantil y terapeuta ocupacional, se animó en 2012 a montar la escuela infantil en la que siempre quiso trabajar. La llamó Sueños, la asentó en Móstoles, y con perseverancia, convicción y horas fue creciendo. En este curso tenía más alumnos que nunca, 5 empleadas y la posibilidad de conciliar el negocio con el cuidado de sus hijas de 1 y 5 años y su hijo de 11.

Hasta que apareció el coronavirus y el progreso se detuvo en seco, el 11 de marzo. Desde entonces Isabel ha pasado por mucho.
—Pfff, ¿que cómo estoy? Pues ni lo sé. No quiero ni mirar las cuentas. Estoy a la expectativa de si hay ayudas, porque han dicho que nos van a ayudar desde el Estado para que no cerremos: pero no sabemos ni en qué cuantía, ni cuándo. Ya han cerrado muchas escuelas infantiles —dice Isabel—. Porque aunque las educadoras infantiles y la encargada de la limpieza estén cubiertas por el Erte, sigo teniendo el alquiler, impuestos y otros gastos.

Durante unas semanas le compararon su actividad educativa con la de un gimnasio o una ludoteca, como si fuera un sitio donde guardar a los niños y ya. Aunque luego las escuelas infantiles recibieron el reconocimiento como actividad educativa, entre medias un 60 por ciento de padres y madres dejaron de pagar, y los que siguen pues lo hacen con una cuota acorde a estos tiempos de incertidumbre y miedo.
—La única alternativa de momento es endeudarte. Pero en realidad te endeudas y no sabes si realmente vas a tener un futuro. Con el virus hay gente que se ha quedado en el paro directamente o que están en un Erte y, como la escuela infantil no es una etapa obligatoria pues quien se lo puede ahorrar se lo ahorra —dice.

Ha negociado una moratoria con su casero para pagar menos ahora y ponerse al día más adelante, y tiene la duda de qué pasará cuando abra, en la fase 2 de la “desescalada”, en junio.
—En teoría solo podremos admitir a niños cuya madre y cuyo padre estén trabajando, los dos. En mi caso son 4 niños, y no es metafórico, 4. Espero que nos dejen sacar del Erte progresivamente a las trabajadoras, porque si no…

La Escuela Infantil Sueños, que no ha parado ni siquiera en los agostos, está preparando la reapertura con mil incógnitas:
—¿Se mantendrá el número de alumnos por clase el curso próximo? Ahora son 8 niños de 0 a 1 año, 14 niños por grupo de 1-2 años, y 20 para los niños de 2 a 3 años. Si baja la ratio no nos compensará —dice Isabel—. Eso por no hablar de la distancia social: Si se cae un niño, cómo no lo vas a achuchar. Y tendremos que darles de comer y cambiar los pañales. Bueno, trabajaremos con uniformes especiales y nos acostumbraremos.

Isabel quería un autoempleo y libertad para poder atender a sus tres hijos sin estar 12 horas fuera de casa, pero lo que tienen las vocaciones es que los proyectos crecen y Sueños se convirtió en una superescuela con un gran equipo de profesionales, patio interior para mayor protección, cámaras web para que los padres y las madres pudieran ver en directo las actividades de los hijos, y mucho más.
—La enseñanza te tiene que gustar, porque exige un gran sacrificio. Pero también te da mucho, no dejas de aprender.

Isabel va a aguantar. Mucho tendría que enturbiarse el sector para que ella se quedará fuera. Le gusta mucho lo que hace. Es su vida. Se acuerda del principio, “cuando no te conoce nadie ni para bien ni para mal…”.

Las escuelas infantiles reabrirán en la fase 2. De momento estamos en la 0.
—A ver qué pasa.

En el momento en que escribo estas líneas, Isabel me manda la copia de una resolución administrativa de la Comunidad de Madrid.

—Dice textualmente: Por todo ello, la Comunidad de Madrid creará una nueva línea de subvención para las escuelas infantiles con niños matriculados que tenían derecho a los cheques de educación infantil —se ilusiona Isabel—. Parece que vienen al rescate de la educación infantil.

Fase 0, una ferretería: “Saldremos adelante, porque somos las farmacias de la casa”

Manuel lleva una semana con clientes en la puerta de su ferretería en Móstoles, por las distancias y demás normas por la covid-19. Su negocio está “muy tocado”, dice, y, aun así, se considera un afortunado. “Una parte importante del comercio no abrirá la persiana cuando acabe todo esto”, augura. Él compara los efectos económicos del coronavirus con un accidente grave con el coche: “Te miras…”

—Esto es como cuando uno tiene un accidente con el coche: lo primero es que te tocas a ver si te ha pasado algo. Si estás herido, pues lo primero es la salud y no te ocupas de nada más. Pero si has salido indemne, entonces miras el coche, ves que está siniestro total y que te van a dar 2.000 euros por él y tienes que gastarte 30.000 euros en otro nuevo… Empiezan las preocupaciones: Estoy bien, pero cómo ha quedado el coche… —dice Manuel. El que haya salido indemne del coronavirus a nivel sanitario mirará el coche, que es España, y dirá: madre mía el coste que va a tener para estar otra vez en condiciones.

Manuel cree que muchas pequeñas y medianas empresas se quedarán en la cuneta.
—Una parte importante del comercio no abrirá la persiana cuando acabe todo esto, que no ha hecho más que empezar. Turismo caído, hostelería caída, industria poco competitiva y caída… y el pequeño comercio machacado con la venta online —dice—. Hay gente que nunca había comprado online y lo está haciendo. Esto nos obliga a una renovación brutal. Habrá gente que lo consiga, gente que no y gente que no sabrá ni por dónde empezar.

Este empresario establecido en Móstoles dice que el coste principal a los que sigan va a ser en endeudamiento y en la posposición de proyectos y expansiones, para una hipotética recuperación futura.


—Algunos sectores lo van a tener complicado: pienso en alguna gente del sector textil, calzado, ropa, productos de temporada que no van a tener salida, van a tener que invertir en producto nuevo, incertidumbre, y desembolsos en la infraestructura del local para cumplir las normas que, como se parezcan a las normas de adaptación a la ley del tabaco, serán inversiones imposibles de rentabilizar y que posiblemente caigan en saco roto en un año o dos —teme—. Y lo terminaremos pagando los mismos de siempre, porque el coste es elevado y dentro de seis, siete meses, el coronavirus como problema de salud quizá haya quedado en el pasado, pero las deudas y los problemas seguirán muy presentes.

“Abriré sí o sí, para perder menos”. Móstoles autoriza que las terrazas se extiendan para poner la mitad de las mesas

Nines García, del bar Cocina Selecta (Móstoles), ponía 26 mesas en su terraza antes del coronavirus. Desde el lunes próximo, si Madrid entra en la fase 1, podrá poner la mitad según el decreto de Sanidad: pero ¡no le caben siquiera 13 mesas! con la nueva distancia obligatoria entre mesas y el espacio social mínimo entre clientes de cada mesa.

Se le quedarían 3 mesas fuera, más o menos. El Ayuntamiento le permitirá a ella (y al resto de hosteleros) que puedan usar en estas semanas el espacio que necesita para poner la mitad de las mesas, siempre que cumplan con las normas de paso y accesos. Ella, que creció en el bar de la familia, va a abrir el día 11 de mayo, sí o sí. “Para perder menos”, dice.

En estos dos meses de confinamiento la cuenta negativa no ha parado de aumentar: “Tuve un saldo negativo de 12.000 euros en marzo, porque pude abrir hasta el 13; 6.000 euros en rojo en abril y en lo que va de mayo llevo unos 3.000. Necesito abrir, para perder menos”.

Si la hostelería supera la prueba covid-19, demostrará que es un sector inmortal. Resulta que he ido al hospital y me he sentado en un asiento ocupado por otra persona sin que nadie lo desinfectara y en la hostelería se exige desinfectar asientos y mesas tras cada cliente, limpiar seis veces al menos los servicios, tener una distancia entre los trabajadores de 2 metros…

Nines dice que funcionará con una cocinera que no saldrá de su territorio en todo el turno, que ella se quedará en la barra y tendrá su otro trabajador atendiendo a la terraza. Se comunicarán por el terminal del punto de venta y ninguno podrá pisar el espacio del otro. ¿Así horas y horas?

Está decidida. “Me voy a dejar lo que haga falta en esto”. Sacará a sus dos empleados del ERTE y se pondrá a funcionar con alegría, protección y sin miedo. “Tendremos que ir con el flusflús en el mandil, tan importante como la bandeja”.

Nines cree que a la hora de la comida funcionará el para-llevar y que en las mesas irán bien el desayuno, las cañas y el café de la tarde.

Por cierto, para quien está cicateando con que a ver si va a tener que cambiarse de acera por los hosteleros… que sepa que pagan por una terraza de 3.000 a 8.000 euros anuales. En el espacio de ahora entre mesas, el año pasado se habrían montado performances…

Nuevos tiempos. Mucha suerte a todos.

Fase 0, comerciantes: “Mejor de lo que esperaba”, “Hay mucha tristeza y miedo”…

Apenas un 20 por ciento de los comercios pequeños ha abierto en el primer día de la Fase 0 de salida del confinamiento. “Mejor de lo que esperaba”, dice Carmen, peluquera. “Hay mucha tristeza y miedo”, cuenta Susana, librera. Móstoles. Fase 0, día 1, comerciantes.

—La gente bien, con mucho miedo, pero bien. Todo el mundo poniéndolo fácil. Nadie ha puesto pegas por los retrasos —celebra Carmen, de Peluquería Cruz (Móstoles) en referencia a la espera inevitable porque la nueva normativa por la covid-19 solo permite tener en el local a una clienta por trabajadora.

—Estaba preocupadilla, por cómo acogería la gente todas las medidas de desinfección, las precauciones, pero todo es necesario, que estamos muy cerca de la clienta. Pensé que me iba a agobiar más con la mascarilla y la pantalla protectora.

Carmen ha estado desde las 8.00 sin parar. Y eso que tuvo algunas anulaciones de citas pedidas desde hace tiempo.
—Tengo clientas que son mayores, que cogieron cita en seguida y que han anulado; seguro que sus hijas les han regañado, que todavía es pronto y lo entiendo —dice Carmen, que dejó todo preparado para la desinfección interior y exterior, y ha agradecido ver pasar a operarios del Ayuntamiento desinfectando también.

En el plano económico, no es el mejor momento.
—Mi pareja y yo somos autónomos y nos quedamos sin nada. Hemos tirado de los ahorrillos, he pedido un crédito ICO y tengo que agradecer al propietario del local que no me ha cobrado los 800 euros del alquiler de abril.

“Tres clientas se han echado a llorar”
Susana, de la papelería librería El Gnomo Sabio (Móstoles), ha detectado “mucha tristeza y miedo” en este primer día de la Fase 0 de vuelta a la “normalidad”.
—Tres clientas se han echado a llorar, por el agobio, por el miedo que tiene sobre todo la gente mayor. De hecho, voy a seguir haciendo entregas a domicilio de material como en las semanas anteriores de confinamiento— dice.

A Susana, cumplidora y serena, le sorprenden algunas normas de este nuevo tiempo.
—Dicen que tengo que proteger la mercancía, que no la toquen los clientes. Es absurdo. Cómo la voy a vender. Yo hago que vayan entrando de uno en uno, o dos al máximo, que guarden las distancias y, bueno, que no toquen la mercancía—dice—. Los peluches es de sentido común que no se puede tocar. Pero el resto… A otra librera le han dicho que no se puede acceder al material del escaparate. Entonces ¿qué hago? Si quito el escaparate, cierro la tienda. Si la mercancía no entra por los ojos…

Bares. Ni un 3 por ciento de aperturas, según la Asociación de Trabajadores Autónomos.

—Tengo dos amigas que tienen una cafetería. Han tenido que hacer un ERTE. Para abrir 2 mesas en la terraza, no abrimos, me han dicho. Esperarán a poder abrir más. No van a tener una cocinera y una camarera para atender dos mesas. Si esto dura mucho, de hecho, tendrán que cerrar… —relata Susana.

El payaso de Getafe: la historia más triste

En Getafe, en la plaza de La Cibelina, hay un payaso que hace malabares, algún truco y cuenta historias. El público, de niños y adultos, se arremolina. Yo llegué tarde ayer y escuché la historia más triste. La de un hombre solo, abandonado por su amor. “Estaba deprimido, muy deprimido”, dijo. A mi lado, algunas madres, comentaban espantadas: “Pues qué cosas les está contando a los niños”. Como si tener esa tristeza que no acaba nunca fuera algo que hubiera que ocultarles a los niños…

El hombre estaba deprimido, muy triste. Como no era capaz de domar solo a ese animal implacable que es la tristeza, decidió acudir a un psicólogo en la ciudad. A él le habló de lo que pasaba, le contó que su mujer se había marchado y que ya no tenía ninguna razón para sonreír, que estaba muy cansado, y que no podía sobrellevarlo.

El psicólogo le contó entonces sobre un circo que había en otro punto de la ciudad. ¿Lo conoces? Acércate, busca al payaso, dicen que es muy bueno, ve a su función y verás cómo sales de allí alegre, sonriente, te olvidas del pasado, y te pones a vivir de nuevo. Eso no es posible, le dijo el hombre triste. No puedo ir a ver al payaso, porque yo soy ese payaso.

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“Muchas gracias a todos”, cortó de raíz el titiritero en Getafe, y se puso a recoger con la mirada fija en el suelo. “Os pido perdón por haber terminado con esta historia tan triste. Le ocurrió a un payasito que conozco”, añadió en seco mientras guardaba sus bártulos, ese sombrero agujereado para la voluntad, las extrañas herramientas para los equilibrios…

Hay historias que son verdaderas y que parece que fueran falsas, y relatos inventados que tienen la emoción de lo auténtico. Por cierto, que antes de ver al payaso triste en la calle me había topado en la tele con Rufián, ese diputado entertainer con chapita amarilla y aires de esta-catedral-se-me-ha-quedado-pequeña.

En la tribuna de los oradores del Congreso de los Diputados Rufián relató muy serio una historia de ratones y de gato con cascabel que resultó mucho más elocuente y auténtica que ese cuento de demócratas muy demócratas y de sombras muy sombrías que probablemente sea real, pero que a esas alturas de la tarde y en ese Hemiciclo importaban más bien poco…

Que os traigan muchas cosas los Reyes Magos.

El paje que tiró regalos a la basura y otras historias reales

Aquel paje era tan-tan ordenado que, recogiendo, tiró algunos regalos a la basura en la víspera del día de los Reyes Magos. Tenía los regalos envueltos y guardados en una caja en la terraza y a alguien se le ocurrió echar ahí bolsas con sobras. Y todo fue a la basura. Fue el año de los vales y de los mensajitos de sus majestades excusándose. “Vale por una caja de herramientas”. “Vale por un bebé llorón”. Aunque, para atraganto, el de Melchor cuando una niña le pidió: “Quiero que papá y mamá se quieran otra vez”.

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Hemos preguntado curiosidades a los ayudantes de los Magos de Oriente. Todas reales, por inverosímiles que parezcan. Ahí van algunas

-Un niño a Gaspar: “No hagas caso a mi madre, que pide cosas que yo en realidad no quiero. No me traigas otra vez un pijama o unos calcetines, por favor”.

-Melchor a una niña de 6: “Te traeré lo que me pides, siempre que no pegues a tu hermano”. Y ella mirando, en plan homicida, a su hermano pequeño, -“Cuentista…”- y con cara de creo-que-esta-vez-fui-demasiado-descarada.

-Una niña insistente: “Quiero la autocaravana de la Barbie. No pasa nada si este año tampoco me la traéis”.

-Una pareja de veinteañeros en un centro comercial. Primero, ella: “Baltasar, por favor, necesito un coche nuevo, porque el mío va a estallar en cualquier momento”. Y luego él: “Baltasar, haz lo posible por traerla el coche que necesita”, y risas.

-Un niño de 10 a su madre: “Todo el año insistiendo en que no dejemos la puerta abierta para que no nos roben… y luego dejas a los Reyes que entren cuando estamos dormidos”.

-Un niño de 7 años al rey de la barba blanca: “Yo este año no quiero nada para mí. Tráele un trabajo a mi papá, que está de muy mal humor”.

-Una niña de 9 años en voz muy baja a Baltasar: “Lo sé todo. Pero vamos a seguir como si nada, que mi madre está muy ilusionada”.

Por cierto, algunas peticiones, por si hay magos por aquí: hay reyes desinformados, que no se conocen los regalos de moda y hacen muecas al escuchar a los niños pedir cosas tan normales como un “mommy pocket”, jeje. Un cataloguito de juguetes para ellos, porfa. Y para el día 5: “Majestades, cuidado con el brío con los caramelos, que hay historias de personas lesionadas por dulces-bala…”

La cabalgata: este domingo los Reyes darán un paseo por nuestras ciudades. A Getafe llegarán en helicóptero. En Arroyomolinos han insistido en que los adultos no suelten a los niños de la mano al coger caramelos, para evitar sustos.

En Móstoles los magos lanzarán 15.000 caramelos libres de gluten y alérgenos y habrá plataforma elevada para los espectadores con alguna discapacidad. Y en Alcorcón habrá 5 zonas acotadas para personas con movilidad reducida, a lo largo del recorrido. Que os traigan lo que habéis pedido.