Mente cerrada: algunos indicios…

Mira alrededor… y mírate al espejo. ¿Mente abierta o mente cerrada? Aquí unas pistas para saber por dónde te mueves.

Mis ideas.- Las personas de mente cerrada odian que se cuestionen sus ideas. El punto de vista ajeno les da igual: quieren que el otro se ponga de acuerdo con ellos. Llevan mal las equivocaciones, claro, porque lo suyo es tener razón, en vez de buscar la verdad. Notarás cuando estás con alguien de mente abierta en que puede más la curiosidad que la ira o la frustración.

¿Preguntar? Yo afirmo.- Pura cerrazón. La gente de mente cerrada afirma incluso cuando cree que pregunta. Pontifica, más bien. Se nota en que las certezas se les caen del caballo, a poco que uno rasque. Desconocen que las personas de mente abierta preguntan muchísimo. Y creen de verdad que pueden equivocarse. Y tratan de descubrir si su rol con el interlocutor es el de profesor, alumno o colega. Los de mente cerrada no se plantean esa duda de los roles: ellos se sienten lo-más.

Que me comprendan.- Entender es una entelequia para la gente de mente cerrada. Ellos lo que quieren es que los comprendan. En caso de trifulca o simple desacuerdo, se quejan de que no los entienden, en lugar de ahondar: ¿He comprendido? Y no se ponen las gafas del otro ni por accidente.

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“Es mi opinión”.- Reconocerás a una persona de mollera cerrada cuando, arrinconada por las evidencias, te suelta aquello de “Vale, puedo estar equivocado… ¡pero es mi opinión!”. Es la actitud superficial de quien quiere sostener una opinión insostenible y sentirse por dentro convencido de su receptividad. Las personas de mente abierta preguntan y afirman cuando de verdad lo tienen claro.

No te dejo hablar.- Los individuos de mente cerrada no te dejan hablar. Lo aconsejable cuando hablas con alguien que te bloquea es poner una regla: habla dos minutos sin interrupciones y luego yo otros dos minutos sin interrupciones…

Dos cosas a la vez, qué dices.- La gente cerrada no piensa en dos cosas a la vez porque supondría poner en duda sus certezas, su perspectiva. Las personas de mente abierta consideran la perspectiva del otro sin que eso les reste capacidad de racionalizar, hasta abordar conceptos incompatibles, incluso, sin desmayarse.

¿Humilqué?.- El gentío de mente cerrada no suele gastar humildad, como mucho hablará de ella. Porque la humildad suele resultar de los fracasos, y a ver quién reconoce un fracaso. Las gente de mente abierta usa la humildad que da saber que puedes acertar o no.

Caerán muchos que ahora son afortunados

Humildad. “Muchos se recuperarán que ahora han caído y caerán muchos que ahora son afortunados”. Me acuerdo de Horacio cada vez que veo/leo/escucho a alguien disfrutar con las desgracias ajenas. Atento, por si te pasa: solo quienes mantienen una estrategia y no se alejan de ella pueden ser fuertes cuando la mayoría grita ¡fuego! y sale huyendo.

Justicia. No necesitas grandes aciertos para vivir de maravilla: basta con que hagas unas cuantas cosas bien y evites cometer equivocaciones de las que suenan. Atención a los pequeños errores, por cierto: esos son los que tienen consecuencias catastróficas, si no se resuelven a tiempo.

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Modestia. Los errores emocionales hacen mucho daño: el miedo, el ego, el deseo de conseguir más y en consecuencia correr más riesgo del necesario. Y uno especialmente dañino y común: esa tendencia traicionera de cada uno de nosotros a sobreestimar nuestras propias capacidades.

Buen ánimo. O no existe, como dicen los rockeros y los meditadores. O es algo que se parece mucho al pasado reciente. La clave está en lo que la mayoría cree que no puede ocurrir… porque se relajará y sucederá. Fueron las hipotecas… Serán las pensiones… La mayoría de hecatombes suceden porque algo no sale como se suponía. Buen ánimo es lo que hace falta.