“Me vendieron por 300 euros a un proxeneta español a los 17 años”

Getafe quiere “abolir” la prostitución. A los 3.000 euros de multa a quienes contraten servicios sexuales y a los proxenetas, se suma ahora un 8 de Marzo combativo. El lema es “Rebélate”, y destaca una jornada sobre Prostitución y Trata: la Esclavitud del Siglo XXI, el 6 de marzo, todo el día. Las prostitutas que ejercen libremente son la excepción. Que se lo digan a Amelia Tiganus: cambió Rumanía por España por una promesa de libertad. Tenía 17 años. Y nada fue como le habían dicho…

—Me vendieron por 300 euros a un proxeneta español a los 17 años. Seis meses después cruzaba la frontero de España. Viajé durante tres días y tres noches en autobús. Fue un viaje muy duro y era la primera vez que viajaba. Recuerdo sentirme feliz y afortunada. Mis pensamientos, mis deseos, mis sueños, mi esperanza… dibujaban en mis rostro una sonrisa. Hacía mucho tiempo que no sentía algo parecido. Quizás nunca antes había vivido ese sentimiento de felicidad —recuerda Amelia.

Le habían prometido que “en un par de años” sería libre y tendría “el reconocimiento y la atención que tanto anhelaba”.
—Me habían dicho que en España los hombres son muy educados, visten trajes elegantes e invitan a copas a las chicas, que tendría que beber y ganaría una comisión; tenía que aprovechar cualquier oportunidad, ser lista, ganar mucha pasta y retirarme cuanto antes. De lo que pasa en la habitación nunca me hablaron. Se entendía que era mantener relaciones sexuales. Y punto.

Uno más para estar más cerca de mi sueño…
En la prostitución no hay amistades: se trata de salir allí cuanto antes.
—Pronto descubrí que esos trajes, esas sonrisas y ese supuesto glamour que se respiraba en el ambiente se quedaban en el pasillo antes de entrar a una habitación. Dentro había una cama con una sábana de papel y un preservativo. Todo era muy frío y violento, pero siempre pensaba “uno más para estar más cerca de mi sueño.

Amelia recuerda que aprendió a actuar. Con los que iban de buenos y le contaban cosas.
—yo tenía que ser muy amable con ellos y sonreírles, escucharlos y aprobarlos con cariño y admiración. Esa situación era una de las más enloquecedora —dice. Luego estaban los que iban al grano. Pagaban, penetraban y se iban. Por lo menos así podía evadirme y estar mentalmente allí donde quería estar.

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Y están los sádicos y los misóginos.
—Ser mordida, pellizcada, golpeada, insultada, vejada y reducida a nada. (…) Daba igual si el putero era político, juez, policía, fiscal, periodista, sindicalista, obrero, empresario, deportista, casado, soltero, joven o mayor. Nunca sabía con cuál de los tipos de puteros me iba a encontrar una vez que se cerraba la puerta de la habitación. Todos eran repulsivos.

El testimonio completo de Amelia Tiganus está aquí. Es reflexivo, sin adornos. Explica su adolescencia de abusos, cómo escapó del proxeneta que la compró y el modo en que quedó atrapada “en el sistema prostitucional” durante unos años, persiguiendo su “sueño”.

Y recuerda: el 6 de marzo, de las 9.00 a las 17.00, Getafe abordará “la esclavitud del siglo XXI”. Estás invitado o invitada. Por la mañana en el plano jurídico. Por la tarde con testimonios. La alcaldesa de Getafe, Sara Hernández, destacó que Getafe es una ciudad pionera “en posicionarse de forma valiente y clara contra la prostitución y la trata de mujeres con fines de explotación sexual”. La fórmula: el abolicionismo. Recordó la multa de hasta 3.000 euros para los clientes de servicios sexuales y los proxenetas. No han impuesto ninguna sanción de momento.

“El niño se ha caído y lleva una pulsera azul con el número 084”

Entre la libertad de movimientos naturales de los niños según crecen [para ir a clase por ejemplo] y la protección especial que buscan los padres para los hijos que van en silla de ruedas, tienen epilepsia o trastornos como el del espectro autista: la policía local de Getafe, vía Agente Tutor, ofrece una pulsera que identifica a cada menor y sus necesidades en caso de emergencia en la vía pública. Una buena idea para cualquier ciudad.

Las pulseras fueron concebidas inicialmente para niños con trastorno del espectro autista, con el programa PolicíagetafeTEAyuda. “Pero hemos mejorado la idea inicial ampliándolas a todo tipo de discapacidad, física y psíquica”, ha explicado la alcaldesa, Sara Hernández, en la entrega de las 100 primeras pulseras a las asociaciones de personas con discapacidad Apanid, Afanya, Dedines y Aucavi.

Llevan un número de registro y el teléfono de emergencias para que el adulto que encuentre al niño en apuros pueda llamar:

–Acudirá la policía local y a través de la pulsera conocerá de inmediato las necesidades del menor y cómo adecuar la actuación –dijeron.

El programa municipal es de la Unidad de Agente Tutor de la Policía Local, que hace algunas semanas visibilizábamos también en la presentación de un vídeo para desenmascarar a los estudiantes acosadores en los institutos.

Las familias interesadas en las pulseras para niños de hasta 12 años debe llamar al teléfono 683 418 869 o enviar un correo a agentetutor@ayto-getafe.org. Con rellenar una ficha el padre podrá optar a la pulsera para identificar al menor con discapacidad y su problemática concreta.

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—Me encanta este proyecto porque ayudará a muchos niños que como yo vamos en silla de ruedas y nos podemos caer —dijo Luismi, uno de los primeros beneficiarios de las pulseras azules de Getafe.

Niños más libres y seguros en Getafe. Padres más tranquilos. Y una medida que se suma a otras para conseguir una ciudad disfrutable para todos: días de feria sin ruido, señalización con pictogramas y más.

“Eh, negro, vete a tu país”

Manuel ha nacido en el hospital antiguo de Móstoles. Tiene 27 años, un grado universitario y un contrato indefinido en una clínica. Manuel es negro. “Ni moreno ni de color”. Es viajero, deportista y adora su país, España. Desde el colegio ha sufrido mofas por su raza. Pero lo que más le sorprende es un fenómeno reciente: chicas y chicos jóvenes que por ejemplo cuando sale de fiesta le dicen al oído: “Eh, negro, vete a tu país”. Entonces se acuerda de aquel profesor retrógrado que al pasar en una excursión cerca de prostitutas negras…

—Íbamos de excursión, debía tener yo nueve o 10 años, y con el autobús pasamos por un sitio donde había un grupo de prostitutas negras. Mirar, las hermanas de Manuel, dijo. Y todos se rieron. Y yo también me reí, ahora lo recuerdo. Ah, mis hermanas, jajaja. Estaba tan acostumbrado a bromas de esas— dice.

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A Manu* le encanta la gente, la música, la comida de España, “la libertad”, y no ha pensado siquiera en visitar el país de origen de sus padres, Guinea. Sus padres viven en España desde hace décadas, por cierto.
—Soy español como tanta gente blanca y aquí en España somos acogedores pero sorprendentemente me encuentro a gente que se mete conmigo—.

Le pasa mucho al salir de fiesta, con su novia, blanca, y sus amigas. Manu es alto, fuerte, viste bien, no pasa desapercibido. Hace tres semanas…
—Estábamos en plena Castellana de Madrid. Se me acercó una chica de veintipocos años y me dijo al oído Eh, negro, vete a tu país, y yo me quedé con ganas de decirle Si estoy en mi país. Jóvenes que antes estaban calladitos, pensaran lo que pensaran, ahora se sienten con fuerza como para decirte que te marches—.

“Porque soy negro piensas que mi padre y mi madre se tienen que llamar Bunga Bunga o algo así. Todos reímos, mi compa se puso colorada”.

Manu tiene un humor ágil y buen corazón, por lo que es capaz de sacar a la buena gente de trampas en las que se meten por desconocimiento. Como aquella vez en que una compañera…

—Me llevo muy bien con ella. Me vio los nombres que llevo tatuados en los brazos, nombres españoles, y me preguntó: ¿Quiénes son? Pues son mi padre y mi madre. Anda ya, dijo ella, no me tomes el pelo. Y yo le dije Porque soy negro piensas que mi padre y mi madre se tienen que llamar BungaBunga o algo así. Todos reímos, mi compa se puso colorada—.

Son rémoras de la ignorancia. El aprendizaje con Manu es fácil. Como aquel día en que jugaron a buscar expresiones del lenguaje que se siguen manteniendo, y que tienen connotaciones peyorativas, claro:
—Salieron varias: ¡me estás poniendo negra! ¿te crees que soy negro? Trabajas como un negro… muy graciosas todas—, sonríe.

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En el trabajo todavía algún paciente, al verlo, prefiere elegir a otro sanitario. Y hay prejuiciosos que cuando ven un error en algún informe piensan que es cosa de Manu… Precisamente él, que es tan cuidadoso con el lenguaje. Ahora está haciendo un máster.
—Ya sé, ya sé: sí, soy el único negro allí, pero eso no tiene ningún significado para mí, es como si te dijeran cuántas mujeres hay, cuántas madres de tres hijos, cuántos… Lo que lamento es que la de la raza sea la causa que siempre se queda para después. Antes va la sostenibilidad, lo que sea…—.

Según escucho a Manu, me preocupa que mi hijo Dani, que tiene 4 años y rasgos filipinos-filipinos aunque ha nacido en España, tenga que sufrir las bromas de quienes no saben que uno de los valores más inspiradores y valiosos para el progreso del mundo es la diferencia. Peor para los ignorantes. Resistiremos.

*por deseo del protagonista, he cambiado el nombre y la edad.

Mi madre y mi padre me permitieron abortar

9.518 chicas de 15 a 19 años abortaron legalmente en España en el año 2018, según el Ministerio de Sanidad. Son datos oficiales: eso significa que miles de madres y padres dieron permiso a sus hijas menores para interrumpir su embarazo. Porque la ley exige (todavía) esa autorización. Entonces, ¿cambiarían mucho las cosas si no hiciera falta permiso, como se especula estos días?

Si mi hija se quedara embarazada a los 15, me gustaría estar a su lado por si necesita ayuda en la decisión. Me encantaría que quisiera conocer mi opinión y que acudiera a mí por decisión voluntaria. Con la ley hoy me lo tendría que decir de forma obligada o buscarse una alternativa ilegal para abortar, mucho más arriesgada.

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Porque no hay datos, pero suenan a minoría los casos de padres que “obligan” a la menor a tener un bebé no desea. Pero es verdad que unos progenitores absorbentes pueden condicionar decisivamente y más a edades tempranas.

Otra posibilidad es convertir el asunto en una cuestión moral. Hay personas que consideran que la interrupción del embarazo es la reparación de un error, frente a personas que consideran que no se puede reparar un error llevándote por delante una vida. Conozco a unos padres que abrieron un boquete en su rectitud categórica cuando lo que creían que nunca iba a pasar le ocurrió a una de sus hijas.”¿Qué va a ser de su futuro si es madre con 16 años?”, alegaron. Decisión definitiva: aborto.

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Pregunté a mi hijo de 19 antes de escribir estas líneas. ¿Si salieras con una chica de 16 años y se quedara embarazada, me lo dirías? “Sería un peso muy grande como para decidir solo. Yo te lo diría”.

Una última cuestión: Si el aborto estuviera permitido por la ley a cualquier edad, ¿abortarían más mujeres? Yo, ante la duda, prefiero la libertad individual siempre: poder decidir si hago o no hago algo. Y eso va para todo-todo.

Los millonarios comen galletitas baratas

Preparativos para una entrevista a personas con más de 10 millones de euros. Escenario: un ático lujoso, dos chefs para el cáterin, tres clases de caviar, vino Burdeos cosecha 1970 y Cabernet Sauvignon de 1973. Llega el primero: vaya, no parece millonario, con su traje normal y bastante gastado. “¿Una copa de Burdeos? Nooo. Yo solo tomo whisky y dos tipos de cerveza: sin alcohol y Budweiser”. Y en la misma línea hasta 10 millonarios. Echa un vistazo al estilo de vida de los millonarios de verdad… por si te sirve para 2020. 7 factores: 1) Siempre han vivido por debajo de sus posibilidades.

2) Distribuyen su tiempo, su energía y su dinero de manera eficaz con miras a acumular riqueza.

3) Consideran que la independencia económica es más importante que exhibir un estatus social alto.

4) Sus padres no los ayudan económicamente.

5) Sus hijos mayores son económicamente independientes.

6) Son muy competentes a la hora de elegir opciones financieras.

7) Eligen la profesión adecuada.

Hasta ahí los denominadores comunes de las personas que han amasado una fortuna. En el libro El millonario de la puerta de al lado, muy esclarecedor, cuentan cómo durante las dos horas de entrevista con las personas con más de 10 millones de patrimonio neto los tipos solo comieron galletitas saladas. No probaron ni el vino excelente, ni los patés suntuosos ni el caviar. Y tenían hambre, eh.

¿A que no sabéis quiénes se comieron los manjares y se bebieron el vino delicioso? “Detestamos tirar comida. Se lo acabaron todo los oficinistas del despacho de al lado, y los entrevistadores les ayudamos. Según parece, la mayoría de nosotros éramos unos gourmets, pero ninguno de nosotros era millonario”, aclaran con sorna Thomas J. Stanley y William D. Danko.

El perfil de un millonario se resume en 3 palabras: ahorro, ahorro, ahorro. Persona ahorradora: alguien que evita un gasto o un consumo excesivo. ¿Lo opuesto? Una persona derrochadora, o sea alguien con un estilo de vida marcado por el consumo desmesurado.

2020 está a punto de empezar. Puede ser otro año de gastos innecesarios o un año extraordinario. Que no te cieguen las apariencias: muchas de las personas que viven en casas caras y conducen coches de lujo en realidad no tienen mucho dinero. Gran parte de la gente con patrimonio sólido no vive en barrios de lujo.

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Porque riqueza no es lo mismo que renta. Puedes percibir un dineral de renta cada año y gastarlo entero, y no te harás rico, claro: en realidad lo tuyo será lo que se llama gozar-de-un-buen-nivel-de-vida. Riqueza es otra cosa: lo que acumulas, no lo que gastas. “La riqueza es muy a menudo resultado de llevar una vida de trabajo duro, perseverancia, planificación y, sobre todo, autodisciplina”. Y la formación académica y la inteligencia ayudan. Y la suerte.

Libertad para elegir: también para los deportistas de élite

Al hilo de la muerte televisada de Blanca Fernández Ochoa, se ha puesto el foco en la vida de los deportistas después de sus años felices de triunfos y olas. Suicidas, arruinados, sin identidad… ¡y tan jóvenes! Como si de pronto fuera un problema tener 40 años de vida por delante. En lugar de quitarles las ganas a nuestros niños y jóvenes de ser lo que deseen (incluido deportistas de élite), quiero hoy reivindicar un don de nacimiento que tenemos to-dos y que es muy poco apreciado: la libertad para elegir.

La mayoría cree que la genética y el entorno y las circunstancias mandan. Tienen gran influencia pero no mandan, como nos hace creer una sociedad de victimismo, culpa y pensamiento en masa. Pero si casi hemos convertido en cuestión de Estado qué hacer con los campeones cuando se retiran… ¿Y si lo pensaran ellos y sus representantes mientras están aún en activo? Quienes lo hacen tienen una segunda vida y una tercera donde se realizan como no conseguían delante de los focos. Pero ahí no hay épica parda.

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La libertad de elegir, decía. Todos tenemos la capacidad de dirigir nuestra propia vida. Tú, que lees estas líneas, eres producto de lo que has ido eligiendo en tu vida. El pasado, el presente y el trato de los demás influyen pero no nos determinan. Stephen R. Covey recuerda en El 8º hábito aquella vez que leyó estas frases en un libro por azar:

“Entre estímulo y respuesta hay un espacio.
En ese espacio reside nuestra libertad y nuestra facultad para elegir la respuesta.
En esas elecciones residen nuestro crecimiento y nuestra libertad”.

Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio para la libertad de elegir. Puede ser muy grande si has crecido en un entorno de amor y apoyo. Puede ser liliputiense sin has tenido influencias genéticas, de ambiente y de entorno desfavorables. Pero conocerás ejemplos de personas con un espacio gigantesco para elegir y que han elegido derrumbarse. Y otros que a partir de una gatera encontraron una vida plena. Po-si-bi-li-da-des. No importa lo que hayamos vivido, lo que estemos sufriendo o lo que pueda venir: hay un espacio entre las cosas y nuestra reacción a ellas. Entre la vida y lo que respondemos.

Jesús Rollán, mítico portero de waterpolo, eligió no seguir. Lo mismo que los ciclistas Luis Ocaña y Chava Jiménez. Y el mediofondista Teófilo Benito y el boxeador Urtain, que siempre sale tras la muerte violenta de un deportista. Él decidió que le recordaran por tirarse por el balcón además de por sus triunfos en el ring, donde fue extraordinario. El gran ciclista Bahamontes, que no tuvo precisamente una infancia fácil, eligió promocionar el ciclismo en su ciudad, ayudar a los jóvenes, tener una vida tranquila. Una vida tranquila no vende.

Nosotros decidimos cómo responder a lo que nos pasa, por duro que sea. Nadie dijo que la vida fuera un paseo, por milmillonario y de aplausos que se te ponga durante unos años.

“Perros” que se dicen “lobos”: la estabilidad no es libertad

Hay “perros” que se creen “lobos” de tanto como se han autoconvencido de que son libres. Una vida tranquila y segura no está mal, está bien incluso, pero la libertad es otra cosa. La libertad no es esa estabilidad tan inestable que se acaba en cuanto desaparece tu “dueño”. Lafontaine lo cuenta con una fábula inolvidable…

La fábula, revisitada por un adulto al grano, va de un lobo hambriento que se topa con un mastín reluciente. El lobo no está para peleas feroces así que se acerca y pregunta al perro qué hace para estar así. Sígueme y tendrás la vida que yo tengo, le invita el mastín. El lobo pregunta qué tendrá que hacer. El mastín le quita importancia: Cuidar del amo, querer a los dueños de la casa, complacerlos. Con eso, basta para tener las sobras de pollo, carne, fruta y verdura, y cariño. El lobo lo acompañó y de camino a la casa del mastín se dio cuenta de que tenía el cuello pelado. ¿Qué es eso del cuello? Nada. Una tontería. Será la señal del collar con el que a veces me atan. ¿Atado?, se sorprendió el lobo. ¿No puedes ir adonde quieres ir?, preguntó. No siempre, pero ¿qué importa?, soltó el mastín. El lobo se dio la vuelta y se marchó por donde había llegado, hambriento y libre.




Primero una salvedad evidente pero de la que quiero dejar constancia: cualquier parecido con el mundo animal es pura coincidencia. Desde Vértigo pretendemos hoy llamar la atención de los “perros” que casi convencen a los “lobos” de que están en libertad. Pero que llegado el momento, esa calma y esa supuesta estabilidad no sirven de entrenamiento para sobrevivir: y pereces.

Viene otra crisis, dicen. Si eres un “perro”, tendrás en cada crisis más miedo que en la anterior y aprenderás nada. Te quedarás con las migajas que te ofrezcan. Atrévete a ser lobo: libre, quizás hambriento por una temporada, pero cada vez más fuerte y preparado para lo que venga. Nadie dijo que la vida fuera fácil. Tampoco que la incertidumbre sea mala y vaya necesariamente en tu contra. Tengo ejemplos, muchos ejemplos.