Piden prisión permanente revisable para jueces insensatos

Un movimiento cívico reclama prisión permanente revisable para jueces que no emplean la sensatez en sus sentencias. La petición ha llegado a la mesa del presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez. “Estamos hartos de sentencias fuera de toda lógica”, ha dicho un portavoz, que prefiere el anonimato.

“Cada semana los jueces nos sorprenden con una sentencia extravagante, ilógica, dañina”, ha explicado el representante de un movimiento secreto que se está haciendo viral. Su propuesta consiste en condenar a prisión permanente revisable a los jueces que sentencien influidos por la calle, lo que desayunan, cómo van sus relaciones personales o el último Gran Hermano.

Solo con este tipo de condicionantes se entiende que una magistrada de menores de Las Palmas de Gran Canaria haya condenado a hacer el Camino de Santiago a jóvenes infractores, para que “aprendan a luchar por una meta, saber cómo perder, cómo caer y volver a levantarse”. O ese juez de menores que condenó a quien robó en una peluquería a participar en un taller de estilismo y cortarle el pelo al propio magistrado como examen.

O ese juez que archivó la denuncia contra una mujer que denunció al rey Baltasar por lesionarle en el ojo con un caramelo. Argumentó el magistrado que habría que determinar la nacionalidad de su majestad “para aplicar las reglas de derecho internacional público”.

En Estados Unidos se han interesado por el movimiento y proponen trabajos forzados para jueces tan imaginativos como el que propuso rebajar la multa a un rapero que ponía la música a todo volumen, si lo sustituía por Beethoven. El tipo prefirió pagar la multa completa, por cierto.

Fuentes de Moncloa han dicho que se pronunciarán a lo largo de este 28 de diciembre, Día de los Santos Inocentes, una jornada en la que los deseos campan a sus anchas…

Sauna en familia por Nochebuena y otras tradiciones

¿Tienes una familia incombustible y quieres ponerla a prueba en estas fiestas? Saca billete a Finlandia: allí la tradición pone a la familia a sudar en la sauna por Nochebuena. Lo siento sobre todo por el peinado de la bisabuela…

En la tierra de Joulupukki, como llaman a Papá Noel en Laponia (Finlandia), el gentío celebra la Nochebuena con calorazo, y no es ni del asado ni del sol de medianoche. Se trata de la sauna, que allí disfruta la familia junta. Ideal para quienes les cuesta juntarse con la familia en estas fechas: el sudor del trámite (“vienes y te callas”) se confundirá con el sudor por la temperatura.

Para nostálgica, la Navidad portuguesa, y no solo por los fados. La tradición manda dejar una silla vacía por cada familiar que dejó este mundo recientemente. Es su manera de honrar a los fallecidos, con el plato puesto incluso. Lo llaman “consoada”.

Quienes prefieran el terror, mejor un billete para Austria. Muy propio para esquiar, para disfrutar de la belleza de los mercadillos… y para vengarse un poco de los críos más traviesos: por las calles te cruzarás con Krampus, un personaje diabólico de leyenda que persigue a los niños que se han portado mal y los asusta. Papa Noel hará como si nada…

Si quieres diablo y primavera por Navidad, tu sitio es Guatemala. Si te alojas en la casa de algún guatemalteco tradicional encontrarás el lugar más limpio que nunca, porque creen que los espíritus vengativos se esconden en los rincones. Con la suciedad que recogen hacen una fogata: quema del diablo, lo llaman, y los males se desvanecen. Por cierto, en Noruega no barren en Nochebuena, y no por falta de ganas, sino porque esconden las escobas para que los malos espíritus no se apoderen de ellas y las usen.

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Y en Letonia hacen “mumming”, que consiste en tipos que se plantan máscaras de oso, lobo, cabra, caballo o directamente de muerto viviente y que van de casa en casa haciendo un Halloween tardío de comida y bebida en lugar de dulces. Todo para alejar el mal. Ah y para que los pongan de comer y beber en cada casa tienen que cantar y bailar sin que nadie los reconozca. Si los calan… deben quitarse la máscara y volver a casa. La fiesta se acabará para ellos.

¿Y en España? Pues lo que más nos gusta es juntarnos con la familia, protestar por el exceso de comida, quejarnos de que ya-no-echan-nada-en-la-tele, y comentar quizás una tradición incipiente: investir o no presidente del Gobierno de España o hacer otras elecciones, mientras Papá Noel se prepara para dejar algo a los niños. ¿Por dónde entrará?, pregunta mi hijo mediano. Y en mi cabeza dudé de si se refería al de Finlandia o al espíritu que encanece a cada inquilino de Moncloa.