GETAFE/ Trabaja para que las mujeres víctimas de trata tengan una nueva oportunidad

Getafe y la organización sin ánimo de lucro APRAMP ponen en marcha un nuevo servicio de empleo, atención psicológica-social y alojamiento para mujeres víctimas de trata, para darles una oportunidad y que recuperen su vida. Y lo harán a través de la firma de un convenio de colaboración.


La alcaldesa de Getafe, Sara Hernández, dice que “en Getafe somos abolicionistas y abanderamos esta lucha. La responsabilidad de estas situaciones recae sobre proxenetas, explotadores de mujeres y puteros, y apostamos por que las mujeres recuperen su vida y su
dignidad”.


Desde el Consistorio aseguran que la firma de este convenio supone un hito para ayudar a las mujeres a escapar de esas redes.
El objetivo de este convenio es que Getafe cuente con los recursos necesarios para que estas mujeres tengan la oportunidad de recuperar su vida.


APRAMP trabaja para prevenir y erradicar la explotación sexual y la trata de seres humanos. Defiende y promueve los derechos de las personas que la sufren para que recuperen la libertad, la dignidad y la autonomía necesaria para emprender una vida fuera del control y abuso de sus
explotadores. Desarrolla programas dirigidos a garantizar el acceso a sus derechos y atender las necesidades de las víctimas cuando no están cubiertas por los servicios públicos.

Cambiar de oficio a los 62, y qué

Pedro está aprendiendo un oficio a los 62 años: jardinería. Su profesión de siempre se fue al guano como tantas. Ahora que algunos quieren reducir la lucha de clases a elegir entre Amazon simple y Amazon prime, emociona que los resistentes tengan una oportunidad. Porque mira que la vida se pone perra a veces: a Pedro se le murió su hijo de 30 años cuando las cosas le sonreían…

“Se encontraba mal, pero decían que no era nada, que sería del tabaco, que fumaba mucho”, y cosas así. El caso es que el hijo se fue de golpe. Cortocircuito. De aquellos tiempos malditos a Pedro le quedaron una tristeza silenciosa y un hábito: comer cada día con su esposa, pase lo que pase. Es su chequeo vital a la mitad del día, ver cómo está, comentar. Cuántas lágrimas, cuánta impotencia.

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Cuando conocí a Pedro por su anterior oficio, vi pronto lo buena persona que es, su capacidad para escuchar, su disposición sincera. Y ese algo triste. Entonces no sabía qué era. Hablaba poco de sí mismo y tardó en salir la tragedia del hijo, aquella pena infinita. Es verdad que los humanos podemos sobrellevar las penas porque somos capaces de contar historias sobre ellas, pero empezar a mascarlo debe de ser muy duro.

Cuando conocí a Pedro estaba en el ocaso tranquilo de una profesión que le dio una buena vida. Él seguía dispuesto a resistir, pero el ocaso está empedrado de gente poco fiable, trampas y escasa suerte. Así que en el último verano aquello se terminó… ¡y llegó lo nuevo: Jardinería! “Ya me ves, aquí a los 62 aprendiendo un oficio. Y estoy feliz. Ahora hago lo que quiero”.

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Quizás sea la manera un punto extravagante con que el azar quiere llevar a Pedro hacia el paraíso perdido, la vida simple por encima de todo, la armonía con la naturaleza. Él que estaba envidiando a su otro hija, que cruza océanos y no quiere amarras, que la vida puede ser sencilla.

Pue eso: que hay oportunidades, también laborales, por encima de los 60 años. En nuestro sur de Madrid. Pedro vive en Leganés. Ahora bien, si tienes 30 años, 40, 50…, observa que la vida no siempre sigue igual, por más que lo cantara el otro Iglesias, Julio, y que la recta final hasta la jubilación se puede hacer eterna y desmentirte: ni cenit, ni todo hecho ni por fin a descansar.

Pedro está feliz con lo nuevo. Eso es importante. Mejor que en ese silencio que me impresionó el otro día en la oficina del “paro”.

“Hay que pelear más allá de la resistencia”

La vida es desconcertante, como el boxeo: va casi todo al revés. A veces el mejor modo de ganar es retrocediendo. Y no basta con ser duro o con ponerle mucho corazón. Hoy he vuelto a emocionarme con Million Dollar Baby, de Clint Eastwood, mi película contemporánea para cualquier estación del año. Nos recuerda que hay que pelear batallas más allá de la resistencia, y que hay que arriesgarlo todo para conseguir los sueños, aunque de momento esos sueños solo los veas tú.

Pienso especialmente en esas mujeres que lo arriesgan todo, incluso la vida, para salir de una pesadilla que casi nadie ve. Y otras que lo harán muy pronto (¡ánimo!), pero cuya única manera de sobrevivir hoy es retrocediendo dos pasos. Todos tenemos una oportunidad. Pese al Sistema, desorientado como ese joven de la película, Danger, que golpea al aire como si el aire pudiera volverse.

Hay una regla que sale en la obra maestra de Eastwood. “Que… ¿cuál es la regla? Pues ya sabes, protegerte en todo momento”. Que la vida es difícil y que hay gente extraordinaria que llegó a este mundo luchando y que se va a ir luchando.

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Sobre la oportunidad: “Todo los días muere alguien sin la oportunidad de lo que quería ser”. O la buscas o estarás abocado a ese lugar adonde uno se retira como un elefante, “entre ninguna parte y el olvido”, como describen en el filme.