Mitos y realidades sobre el suicidio: Más de 3.500 casos cada año en España…

Antañazo nos decían que del suicidio no se debía hablar en los medios de comunicación. Error. Hoy es el Día Mundial para la Prevención del Suicidio. Vamos a hablar de ello. Ojalá tengas 5 minutos para leer estos mitos y realidades. Por ayudar.

Cada 40 segundos alguien se suicida en el mundo. En España, 3.539 personas se quitaron la vida en 2018, y la cifra es similar cada año. De hecho en 2017 fueron más: 3.679. A pesar de que es un problema de salud pública, menudean los mitos y hacen daño. Vamos a abordar unos cuantos.

Mito 1: preguntar a una persona si está pensando en suicidarse puede incitarle a hacerlo.

Los profesionales dicen lo contrario: hablar con la persona que tiene pensamientos suicidas disminuye el riesgo de que se quite la vida. La recomendación es preguntar y escuchar con respeto a la persona en riesgo sobre sus pensamientos y emociones relacionadas con la conducta suicida porque reducirá su tensión. Negar, minimizar o discutir las ideas suicidas no funciona.

Mito 2: los intentos de suicidio son una llamada de atención.

Los expertos dicen que las tentativas de suicidio son en realidad una manifestación del sufrimiento y desesperación que siente la persona.

Mito 3: la persona que expresa su deseo de acabar con su vida nunca lo hará.

La realidad deshace el mito: gran parte de las personas que han intentado suicidarse lo expresan previamente: con cambios de conducta, amenazas, gestos, palabras. Es equivocado considerar los avisos como un chantaje o una manipulación o un alarde.

Mito 4: la persona que se quiere suicidar no lo dice.

La realidad dice que 9 de cada 10 personas que se suicidan lo verbalizan claramente. Y el resto lo dejan entrever, según los profesionales de la salud.

Mito 5: el suicidio es impulsivo y la mayoría de los suicidas no avisa.

Muchos casos son el desenlace de una planificación medida. No obstante hay casos que obedecen a un impulso. Lo importante: casi siempre hay signos directos o indirectos, verbales o no, que avisan del riesgo.

Mito 6: el suicidio no se puede prevenir.

Los profesionales dicen lo contrario: sí se puede prevenir. De ahí la insistencia en prestar atención a las señales de alerta.

Mito 7: solo las personas con problemas graves se suicidan.

Hay muchísimas causas, según lo visto por los sanitarios. Y entre ellas están problemas “pequeños”. De hecho, lo que para unos es algo sin relevancia para otros puede ser catastrófico, insufrible. Lo aconsejable: no valorar el dolor de los demás.

Mito 8: los medios de comunicación no deben hablar del suicidio para evitar el efecto llamada.

Ocultar el suicidio era una recomendación antañona por el efecto Werther: tras la publicación de una noticia sobre suicidio aumentan los casos. Lo crucial es hablar de ello con rigor. Hablar del suicidio con rigor es preventivo: efecto Papageno.

Mito 9: las personas que se suicidan son egoístas o valientes.
Valorar es una actitud errónea: el suicidio es el resultado de un altísimo grado de sufrimiento de la persona.

—Si estás pasando por una mala situación personal, padeces alguna enfermedad mental o tienes pensamientos suicidas, puedes recibir ayuda de tu médico de cabecera o acudir a Urgencias. También puedes acudir a una persona de tu confianza, comunicarle lo que te está sucediendo y buscar la compañía de alguien que te aprecie y con quien te sientas a gusto.

Recursos:
Teléfono de la Esperanza: 91 459 00 55 — 717 003 717
Teléfono contra el Suicidio: 91 138 53 85.

Cuando descubres que tu compañero de trabajo es un asesino y que lo ha vuelto a intentar, en Alcorcón

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Paradójico: el mismo Sistema capaz de prever lo que nos gusta, lo que nos repugna y lo que vamos a votar, no es capaz de prever que quien asesinó hace 22 años volverá a matar. O, peor: quizás el Sistema sabe que volverá a hacerlo, pero actúa “como si”… pudiera reinsertar al asesino. Otra paradoja: lo sabemos todo sobre gente a la que nunca veremos en persona -el famoso de turno, por ejemplo- y desconocemos que nuestro compañero de trabajo asesinó a dos personas. Protección de datos, intimidad, ya.

Nos enteramos cuando el individuo lo intenta de nuevo, como ha pasado en la Fundación Hospital de Alcorcón esta semana. Juan José F.G. intentó asfixiar con una almohada a una paciente ingresada. La mujer salvó la vida. No tuvieron tanta suerte la anciana de 82 a la que Juan José mató hace dos décadas con un cinturón en la cama del Hospital Clínico San Carlos, ni el recluso al que asesinó dos días después en la enfermería de la prisión de Carabanchel.

El homicida fue absuelto entonces, por trastorno mental, e ingresó en un centro psiquiátrico por un tiempo no superior a los 20 años y salió a los 10. Juan José llevaba tres años trabajando en el servicio de lavandería en el Hospital Fundación Alcorcón, contratado por Ilunion, de la Fundación Once, en sus programas de integración laboral, formación y empleo para personas con discapacidad.

“Pasó todos los exámenes pertinentes para entrar a trabajar”, alegan desde la empresa. Cumplió el tiempo estimado por el juez de vigilancia penitenciaria. Las personas no aprendemos de nuestros errores más graves, a veces porque no hay oportunidad. El piloto de aviones que se equivoca lo paga con su vida y con la de su tripulación y pasajeros. El conductor de autobús que se confunde gravemente rumia su pena en el cementerio de su ciudad.

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Los humanos no aprendemos de nuestros errores graves. Es el Sistema el que aprende. La Constitución Española en su artículo 25.2 dispone que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”. El Ministerio del Interior concibe el tratamiento penitenciario como el conjunto de actuaciones directamente dirigidas a la consecución la reeducación y reinserción social. Con “promoción y crecimiento personal, mejora de las capacidades y habilidades sociales y laborales, y la superación de los factores conductuales o de exclusión que motivaron las conductas criminales de cada persona condenada”.

Juan José tuvo habilidades sociales y laborales como para pasar los filtros de recursos humanos de la empresa que lo contrató para la lavadería del Hospital Fundación Alcorcón y como para pasar como un compañero comprometido y cumplidor en su trabajo en tres años largos. Hasta que intentó asfixiar con una almohada a una mujer ingresada en el propio Hospital. Como 22 años atrás. Esta vez falló. Como el Sistema en su previsión.

Los comentarios en internet (en elpais.com, por un poner) muestran que entre los anónimos tampoco pinta nada bien. Humor cáustico: “Intentaba liberar la carga de la seguridad social… aplicando la eutanasia forzosa”. Ironía: “Pobre hombre, a ver si algún progresista lo acoge en su casa cuando salga de la cárcel”. La política: “Cuando los progres dejen de ser unos moñas (o sea, nunca)”, “Meter al zorro en el gallinero ahora está de moda, también en política. En Cataluña tenemos muchos ejemplos”. La comparación: “Pues no dejes de pagar una multa, tendrás peor condena que este hombre”.

La paranoia, entre los comentaristas: “La verdad a investigar es que se trata de una cadena de delincuentes denominados buscadores de herencias, seguros, inmuebles, de personas ancianas; criminales profesionales”. Y la petición en caliente: “Prisión permanente revisable, por mucho que le pese a la izquierda. Las personas peligrosas imposibles de reinsertar deben estar en la cárcel y no sueltos por las calles”.