Goles, silencio y una gala contra la violencia de género en Móstoles

Primero lo de hoy: la V Gala contra a Violencia de Género, este viernes, a las 19.00, en el Teatro del Bosque. Con premiadas como la cantante Rozalén y la exvicepresidenta del Gobierno Carmen Calvo.

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La Policía Municipal ha atendido 4.504 casos de violencia de género este año en Móstoles

Una llamada de alarma y llegan a toda prisa: las patrullas ordinarias más cercanas, y el equipo de violencia de género, de paisano y que no se separa de la víctima. 4.504 actuaciones en lo que va de año.

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Perros de Protección para las víctimas de violencia de género en Arroyomolinos

El Gobierno de Arroyomolinos va a implantar un proyecto para ayudar a las víctimas de la violencia de género. Se llama PEPO, acrónimo de Perros de Protección. Y lo lleva la Asociación Mariscal y pretende “aumentar la seguridad de las víctimas de malos tratos”, dice la alcaldesa, Ana Millán.

La idea es que el recurso lo coordinen los profesionales del Punto Municipal del Observatorio Regional de Violencia de Género. Además, sabemos que la propuesta es de la Policía Local, que considera que los perros de protección podrían ayudar.

La alcaldesa y los concejales Sara Benito (Política Social, Familia y Sanidad) y Andrés Navarro (Seguridad Ciudadana y Protección Civil) han visto a los animales en acción: cómo protege un perro a una mujer víctima de violencia. “Se trata de un proyecto integral, porque no solo protege a las mujeres de sus agresores sino que va más allá al lograr su recuperación física, emocional y psicológicas”, ha dicho la regidora.

ARROYOMOLINOS/ Acuchilla a su ex mujer por la espalda

Arroyomolinos estrena 2021 con una noticia triste: violencia de género. Un hombre ha clavado un cuchillo por la espalda a su ex mujer. Y le ha producido varios cortes en el cuerpo. Arroyomolinos estrena 2021 con una noticia triste: violencia de género. Un hombre ha clavado un cuchillo por la espalda a su ex mujer. Y le ha producido varios cortes en el cuerpo. La mujer salvó la vida por la intervención de la Policía Local de Arroyomolinos.

Los agentes consiguieron evitar que el ataque tuviera mayores consecuencias: detuvieron al individuo, del que no ha trascendido ni la edad ni otra información. La mujer está fuera de peligro.

2 de enero de 2021

Móstoles/ Se triplica el número de protecciones policiales a mujeres por violencia, desde marzo

La pandemia del coronavirus, entre confinamientos domésticos, teletrabajos, ERTEs y más tiempo en casa en general, ha acentuado las situaciones de violencia de género en Móstoles. En concreto se ha triplicado el número de protecciones policiales a mujeres por esta causa, desde marzo, en la ciudad.

La Unidad de Violencia de Género de la Policía Municipal de Móstoles ha realizado 4.559 acciones de seguimiento y protección “a supervivientes de la violencia machista” desde el primer estado de alarma. Sobre todo llamadas telefónicas, vigilancia del domicilio de las víctimas y de su lugar de trabajo. El objetivo era “reforzar la asistencia a las mujeres en situación de riesgo“.

Anticiparse y menores

La convivencia de 24 horas de muchas mujeres con sus parejas hizo que aumentase “la vulnerabilidad” de las que “sufren violencia machista”. Desde el Ayuntamiento de Móstoles optaron por “intensificar los mecanismos de ayuda para anticiparse a las necesidades”. Y para “asegurar una red de apoyo” por el bienestar de ellas y de sus hijas e hijos menores.

De ahí las 1.876 actuaciones de protección y seguimiento de marzo a junio. Y las 2.673 de junio a mediados de noviembre.

Pocas denuncian

Desde el Gobierno municipal recuerdan que este año 41 mujeres han muerto asesinadas en España por sus parejas o ex parejas. Y son 1.074 desde que se tiene registros, año 2003. Un dato espeluznante: solo 15 de cada 100 habían presentado denuncia contra el que sería su verdugo.

Por eso es tan importante la ayuda de cualquier personas que conozca algún caso de violencia de género. “No están solas”, insisten desde el Ejecutivo. Hace solo unos días, Móstoles estrenó el Buzón Violeta, para propiciar que no solo víctimas, sino también familiares y testigos en general puedan contar las historias de mujeres que han sufrido en algún momento de su vida maltrato y otras actitudes violentas.

Mezclas lo que ves y lo que opinas y ¡bum!: sincericidio

“¡Ultra!”. “¡Feminazi!”. Hay un cóctel explosivo que se está haciendo familiar: mezclar lo que ves con lo que opinas y soltarlo. Se llama sincericidio, es peligroso y no conduce al entendimiento, precisamente. Por cierto, la sinceridad es otra cosa: es no decir nunca lo contrario de lo que se piensa.

Lo traigo al hilo de algo que pasó ayer en Móstoles. ¿Qué pasaría, si en vez de tanto sincericidio de partido, ayer en Vox hubieran pensado en las personas que sufren violencia (mujeres y hombres)? Quizás Móstoles no se habría quedado sin Declaración Institucional contra la Violencia de Género, después de tantos años de consenso.

Porque yo mismo, que soy hombre y no he maltratado a nadie en mi vida, no me considero ofendido por que lo llamen violencia machista o porque se hable en noviembre solo de mujeres: son ellas las que llevan muchos años y muchas muertes, y espeluzna pensar en lo que pueden aprender nuestros hijos de una mala lectura de estos tiempos. A quienes conocemos a alguna superviviente de la violencia de género se nos hace un nudo en el estómago y en la garganta simplemente al escribir de estos asuntos.

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Dicho esto, ¿Y si en el PSOE, Podemos y Más Madrid-Ganar Móstoles hubieran pensado en el diálogo que acertadamente propugnan como posibilidad siempre? ¿Se habrían salido del salón de plenos para no escuchar lo que decía el portavoz de Vox? Levantarse y dejar con la palabra en la boca a otro miembro de la Corporación elegido democráticamente no es escuchar, ni dialogar, por más que romper un consenso de años pudiera merecer un reproche simbólico.

Habría sido magnífico escuchar en el pleno más preguntas que certezas: ¿Discutes conmigo o intentas entender mi visión? ¿Vamos a intentar convencernos mutuamente de que llevamos razón o vamos a escucharnos y evaluar los puntos de vista del otro para llegar a la verdad?

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La superviviente de los campos de concentración nazi Etty Hillesum nos muestra en su diario su manera de conducirse, en circunstancias adversas:

“No me asusto fácilmente. No porque sea valiente, sino porque sé que trato con seres humanos y debo esforzarme en comprender sus acciones. Lo que realmente importa en lo que pasó esta mañana no es que un joven oficial de la Gestapo, exasperado, me haya increpado a gritos, sino que yo no me haya enfadado y que, por el contrario, haya procurado comprenderlo y hasta me hayan entrado ganas de preguntarle:

¿Fuiste infeliz cuando eras niño? ¿Tu novia te decepcionó?

Sí, el joven tenía un aire atormentado, de víctima, estaba triste, parecía sentirse débil. Habría querido empezar a ayudarlo en ese mismo momento, porque sé que cuando los jóvenes se sienten desgraciados se convierten en un peligro para los demás”.

“Hay una alternativa a ser asesinada: una vida digna y feliz. ¡Denuncia los malos tratos!”

“Mi marido decía que me pegaba porque me quería. Hasta que una noche usé mi fuerza, mi miedo y mi valor, no para seguir aguantando 11 años de insultos, correazos, humillaciones, palizas y malos tratos, sino para coger a mis 4 hijos, meterlos en el coche e ir a denunciar”. Ana Bella fue la primera de una Red de Mujeres Supervivientes (y no Víctima, como ella recalca) que han roto el silencio, tienen un trabajo digno y han vuelto a ser felices gracias a la Fundación Ana Bella. Y ya son más de 25.000.

“Cuando salí de la casa de acogida, cuando estaba por fin a salvo del maltrato, seguía sin poder dormir, porque sentía el terror silencioso de tantas mujeres que en ese momento estarían viviendo lo que yo sufrí durante once años”, recuerda. Entonces decidió contarlo. “Para animar a otras mujeres a Romper el Silencio empecé a salir en la tele sonriendo y a cara descubierta contando mi historia de superación. Más de 1.000 mujeres me llamaron en mi primer programa, la primera que ayudamos se quedó en mi casa, luego ella ayudó a otras mujeres y así es cómo nació la Fundación Ana Bella”.

Ana Bella no era una mujer de autoestima frágil ni baja extracción social como pintan con trazo grueso las mueres que creen que a ellas nunca les habría pasado. Sevillana del 72, se casó a los 18 años y pese a la matrícula de honor en COU y ser la primera de su promoción para ingresar en la Universidad de Traductores e Intérpretes de Granada… no pudo ir a la universidad: “Mi marido no me lo permitió”. Fue el principio de 11 años de maltrato psicológico y físico, hasta que consiguió escapar “de su casa lujosa en Marbella con su cuatro hijos”, y el adjetivo lujoso no es casual, lo pone Ana Bella para romper estereotipos.

Su testimonio salió en el Anuario de la Junta e Andalucía 2003 y empezaron a llamarla en programas de televisión y radio. “Hay una alternativa a ser asesinada: una vida digna y feliz. ¡Denuncia los malos tratos!”.

Ana Bella recuerda un detalle que di un vuelco a su vida postdenuncia: “Una mujer me pidió ayuda a través de Facebook, diciéndome que todo lo que yo contaba en los medios era lo mismo que estaba viviendo su prima, porque su prima era la novia de mi ex marido”. “Ese día me di cuenta de que hasta yo, la víctima que había sufrido los maltratos de ese hombre, hasta yo me había olvidado de que había una mujer en mi lugar. ¿No iba a olvidarse la sociedad?”.

Desde entonces, esta mujer ha dedicado su vida a romper la invisibilidad de las mujeres maltratadas, con decenas de premios de enorme importancia. Ella sigue a lo suyo: ayudando y rompiendo mitos, que hay 62 millones de mujeres que sufren la violencia de su pareja en toda Europa y que solo 14 de cada 100 piden ayuda.

Ha generado una Red de Supervivientes, que ayuda a otras mujeres y ha generado una confianza para “visibilizar a mujeres que nunca acuden a servicios sociales por su posición social, cultural, profesional o económica y que son maltratadas pero invisibles para los recursos: notarias, policías, cirujanas, directivas, presentadoras de televisión, a las que apoyamos para que rompan el silencio y vuelvan a ser felices”.

En Enero 2012 nace la Escuela Ana Bella para el Empoderamiento de la Mujer gracias al apoyo del Fondo Social Danone y de Momentum Task Force, que ha ofrecido formación y empleo a 2.300 mujeres supervivientes de violencia de género. La visión no es victimista, sino inspiradora: “Una mujer que ha superado la violencia es un valor positivo para el desarrollo económico y social de la empresa”. La muestra: nada de discriminación positiva por ser víctimas; trabajos de cara al público como embajadoras de la marca, “en lugar de trabajos invisibles que causan una doble victimización y exclusión social”. La Escuela Ana Bella ha sido premiada en Europa varias veces.

La Fundación Ana Bella es privada sin ánimo de lucro. Ofrecen su tiempo y empatía para acompañar a las mujeres, pero todo recurso económico es imprescindible, así que necesitan socios: “A veces es cuestión de un euro más para un billete de metro para acudir a una entrevista de trabajo, 30€ para llenar el coche de carburante con el que nuestras voluntarias acuden a rescatar a las mujeres de sus casas o acompañarlas a la policía y a los juicios, 350€ para que realicen una formación que las capacite para volver a trabajar o 600€ para la fianza del alquiler de un piso lejos del maltratador”.

DONATIVOS: MicroBank Caixa: ES40 0133 6895 0142 0000 0105

“Que tu pareja se prenda fuego para atemorizarte, eso no se supera nunca”

Aquí el testimonio de una víctima de violencia de género. Mujer. Joven. Nos lo ha contado a través de su persona de máxima confianza. Han pasado más de 10 años y ella puede verbalizarlo solo en su círculo de máxima protección. Lanza un mensaje: “Me sorprende mucho que la gente que hoy se cree tan evolucionada piense que no le puede pasar. No es una cosa de clases bajas ni de gente inmadura o sin formación”, avisa.  

“Hasta que no te pasa algo muy fuerte, muy evidente, hasta que no te pega, no crees que sea violencia de género…”.

“Piensas que tiene un carácter fuerte, que te quiere pero es celoso y que ya cambiará, y es al intentar rebelarte cuando se convierte en violencia física…”.

“Pero todo empieza mucho antes: no te deja que te pongas la ropa que quieres, te ordena que solo vayas con pantalones, quiere disponer de tu móvil, suena y lo quiere coger, revisa tus cosas, los nombres de tu agenda, no puedes mencionar el nombre de ninguna persona del género masculino, sea porque te deje unos apuntes o porque te lo hayas cruzado por la calle, da igual…”.

Nadie te entiende

“Cuando sabes que es violencia, tienes tanto miedo que no sabes ni qué hacer. Nadie te entiende, ni tus padres, porque nunca han visto nada…”.

“Porque quién le dice a sus padres que tu pareja te ha pegado un tortazo; sientes vergüenza y callas.Y nadie te entiende, los amigos se alejan, y la familia no te cree. Eso pasa a todas las mujeres víctimas de violencia. Te quedas sin nadie”.

“A quién le cuentas que tu pareja te ha zarandeado. Y el caso es que desde ese momento no dejas de equivocarte: intentas ver si eso parará, te quedas, pero te quieres ir: lo cubres, mientes y todo se complica…”.

Pensé que esa noche iba a morir

“A la segunda vez que me pegó me defendía, pero era mi fuerza contra la suya. Cogió un cuchillo enorme y yo otro del cajón de los cubiertos. Pensé que esa noche iba a morir. Entonces se prendió fuego en la ropa, me decía que era para morir delante de mí y dejarme marcada para siempre; yo le tuve que apagar las llamas. Y luego fue a tirarse por la terraza. Yo quería escapar, sabía que si lograba huir salvaría la vida, pero había cerrado por dentro y escondido las llaves. No sé cómo conseguí que me dijera dónde estaban, y escapé como pude…”. 

Soledad en juzgados y comisarías

“La siguiente vez ya le vi en el juzgado. Por cierto, qué frialdad en esos juicios rápidos, qué duro tú sola. Y qué frialdad en la comisaría, a las tantas de la noche, qué soledad, qué frío en las piernas y el resto del cuerpo, y encima para sentirte casi como juzgada…”.

“Cuando te dicen que se puede salir de la violencia de género, uff, es muy muy difícil. Se ha mejorado mucho institucionalmente, las mujeres tienen una protección que antes no había, pero se pasa mucho miedo, se sufre mucha incomprensión y la sociedad no está preparada…”. 

Tenía trabajo y podía pagarme un alquiler

“Si yo, que soy muy fuerte anímicamente, tengo unas heridas emocionales de por vida, no puedo hacerme una idea de cómo se sentirá una madre a la que han pegado delante de sus hijos, es una locura, o que ha aguantado violaciones. De la violencia de género se puede escapar pero ya no vuelves a ser la misma persona: sufres cosas tan graves, sientes cosas tan malas, que no las puedes superar…”.

“Yo por suerte tenía trabajo y pude escapar y pagarme un alquiler. ¿Quién va a creer que esa persona que se comporta con normalidad delante de los demás se ha prendido fuego delante de ti?”