Un broma privada muy real, la universidad sin nombre y el enterrador

Cuenta la leyenda que un personaje real hoy caído en desgracia hacía una broma privada muy celebrada; en los días de vino y rosas con cierta vedette, el tipo se sacaba el carajo, y decía:

—Mira, mira, ¿a que se parece a Puyol?

Hoy el “honorable” catalán tiene más dinero inexplicable que amigos, y ahora sabemos que al bromista real se le fastidiaron las caderas por lo mismo que a la Jurado el amor: de tanto usarlas. Y nos maliciamos de que su película favorita quizás sea Pickpoket, de Bresson…

En estos días de virus y Juan-Carlos-vete-ya, hay morbo sobre si quedará alguna universidad, hospital o locutorio con el nombre del rey emérito. En Móstoles, por ejemplo, a la universidad, escocida entre másteres-porque-yo-lo-valgo y las andanzas del animado borbón, le iría bien cualquier nombre, con tal de poder borrar el pasado. Más Madrid-Ganar Móstoles va a pedir que le cambien el nombre a la universidad en el próximo pleno.

Quizás el error esté en poner a las cosas el nombre de personas que están vivitas… y coleando. ¿Os acordáis de cuando hubo un movimiento masivo incluso para ponerle un calle a La madre que parió a Íker? Qué tiempos.

Somos inigualables: adorando… y empalando. El cineasta Ingmar Bergman decía que había un erotismo evidente en dirigir películas y en actuar. Yo, sin ser enterrador, veo un fetichismo muy español en echar la última palada al repudiado: sí, darle un empujoncito innecesario al tipo que ya se ha deshonrado a sí mismo.

Menos mal que mi hijo estudia en la Universidad Carlos III… En Getafe estuvieron más despabilados que en Móstoles. 

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